Estaba dicho, aquí estamos. Segundo descenso al sur, dirección Marsella. El FID tiene veinte años, la dirección de Jean-Pierre Rehm ocho, la apertura a la ficción tres. Independencia.fr, algunas semanas. Encuentro ciertamente más esotérico que el de la Croisette, pero que nos gustaría contar con la misma velocidad que en Cannes. El ejercicio es de nuevo nuevo, esperamos que sea provechoso. Inútil jugar a los aprendices contrabandistas, cubrimos desde hace mucho tiempo esta kermesse incontrolable que para hacerlo breve vamos a llamar simplemente festival, que una larga colaboración liga a los Cahiers, aún más a su antigua redacción.
La antigua palabra reclama un pequeño paréntesis. Ayer por la mañana, un encuentro con el director de las ediciones Andrew Sumner. How you guys doin’? Some ideas for the holidays? (variante E) / Where you guys are living? (variante A; respuesta: You know the Père Lachaise?). Dos frases de circunstancias: vamos a formar un nuevo equipo para los nuevos Cahiers, no formáis parte. Ok. What about the nouvelle équipe? Richard Schlagman will announce it officially during the next two weeks. Lengua de Pahidon, de viejos bosques ingleses. Y para que así conste. Esperemos.
Esperando, Marsella. Desembarcamos en el viejo puerto con miles de ganas, casillas vacías, nuestros carnets. Para rellenarlos, algunas fuerzas más. Y algunas anclas menos. Liberados del gen que venía del compromiso, podemos jugar un juego franco y sentar a la mesa para una larga entrevista a Jean-Pierre Rehm. Ocasión de hablar de lo que esta nueva edición promete, y de volver sobre una programación que en ocho años habría introducido a Pedro Costa, Raya Martin, Pierre Creton, Apichatpong Weerasethakul, Wang Bing, y la idea de que el documental, en tanto que laboratorio de ficción, debe cohabitar con las ficciones.
Entre ellos, entre ellas, tres guías ya. El primero es Material de Thomas Heise. Película-río de tres horas vista en el Forum de la Berlinale, será uno de los puntos fuertes de la Competición Internacional (CI). Tuvimos ya con él una larga conversación, la ocasión permite publicarla al fin.
El segundo es James Benning. No estará en el FID, más que en los créditos de una película espléndida, Lunch Break (CI), realizada por su amigo Sharon Lockhart. E incluso sus enseñanzas, que se sienten en California Company Town de Lee-Ann Schmitt, una de sus alumnas en la Universidad de CalArts. ¿James Benning? Inmenso cineasta americano, el autor de una obra a tomar como una historia popular de los Estados Unidos, que influencia profundamente el Profit Motive and the Whispering Wind de John Gianvito, descubierta en Marsella hace dos o tres años. Una retrospectiva integral está prevista en Jeu de Paume, con ocasión del Festival d’Automne, a partir de finales de octubre. La última brújula es un cortometraje, la última película de Jean-Claude Rousseau, que se dice a sí misma pequeña mientras que es grande. Série noire, leer «serie de negros», viene quizá del último plano de Le Diable, probablement. Entre un negro y el siguiente, el placer perverso de una vista del cielo, negada por la presencia de una fachada, evoca dos versos célebres del filósofo italiano Giacomo Leopardi: «Sempre caro mi fu quest’ermo colle / E questa siepe, che da tanta parte / Dell’ultimo orizzonte, il guardo esclude». Pensamos también en el último Straub, lleno de planos vestidos de duelo. Quien lo vea —en el FID o en estas páginas, ya que de todas formas Independencia difundirá el final del festival excepcionalmente— emitirá su propia hipótesis. La nuestra es que Série noire lleva más lejos que nunca el análisis de la imagen. Aquí, negro obliga, es ante todo sonidos lo que Rousseau alisa en sus curvas, asperezas, profundidades hasta obtener una sola línea de armonía –concierto de cámara para terraza y scooter.
Entre las viñetas por venir, habrá más de una que servirá para aprender cómo se hace el cine acogido aquí. Y cómo puede ser mostrado. La presencia de un jurado del GNCR y de actores de la acción cultural —cuyo cómplice en Independencia.fr es Quentin Mével— es una ocasión preciosa para discutir una política común fuerte y sostenible. Hemos dicho muchas veces que el cine «de en medio» es necesario para hacer vivir el margen. La etiqueta Art & Essai contiene bajo el nombre de la búsqueda el cine más conservador que pueda existir. La vieja carroza («avanti-ringarde»): Assayas, Hansen-Love, Denis, Jacquot… Parece por otra parte que el margen aprobado por el Art & Essai sirve de garantía a todo un cine que ningún papa podría.
Viva los abuelos. Louis Skorecki por ejemplo. Sobre los violines, la televisión, Rio Bravo y Bon Dylan (uno de nuestros cantantes para la vuelta), no podemos más que reencontrarlo. Jueves 9 y lunes 13 en sesión especial, Skorecki Démenage contará la historia de un tipo que abandona con armas y maletas la prensa por el blog. Curiosa coincidencia y ocasión para hablar de la cinefilia, la nueva contra las siguientes, las de la televisión, de Internet y de Bob, por una vez.
Antes y todavía antes. Estaba el año pasado el memorable «Gesto video», retrospectiva concebida por Cyril Béghin alrededor del periodo video de Robert Kramer. Habíamos entonces grabado una discusión, que publicaremos en breve. Transcrita o en audio, falta decidirlo –la primera solución es preferible pero lleva tiempo. El otro capítulo es el del trabajo de Jean-Pierre Gorin, Entablaba el año pasado una hoja sobre la política americana. Se ha duplicado este año con una hoja francesa: su colaboración con JLG. A seguir, de cerca.