ESPECIAL JEAN-CLAUDE ROUSSEAU

La antiguedad tiene veinte años

por Prosper Hillairet

 

Recién llegado, que buscas Roma en Roma.
Y nada de Roma en Roma percibes.

Jean Claude Rousseau fue a Roma. ¿Qué buscó y qué percibió? Una película de vuelta. Vemos Roma, sus monumentos, sus calles, las habitaciones del hotel donde se alojó Rousseau. La cámara encuadra y muestra quizá tanto las habitaciones como los monumentos. Habitaciones, pero también vemos algo de Roma: un frontón, el final de una fachada, un fragmento de una iglesia, un muro ciego.

Las habitaciones se comunican poco con la ciudad. Cuando el voyeur-viajante se acerca a la ventana para mirar, no es realmente una ventana sobre Roma. Es por medio del sonido como la ciudad se inmiscuye en las habitaciones, es así como las habitaciones y la ciudad se comunican.

Mientras tanto, las correspondencias visuales se establecen. Cada lugar, monumento, habitación, dispone de su propia geografía, de su propia luz. Las tres primeras partes cuentan con su figura geométrica: el círculo para la Rotonda, el triángulo para la Pirámide, el cuadrado para el Forum de Trajano. Estas figuras se distribuyen a lo largo de toda la película, tejiendo juegos de analogías o de oposiciones: el triángulo de un frontón en el cuadrado de una ventana y un triángulo luminoso sobre la pared de una habitación. Las figuras geométricas forman y comunican la geografía de los lugares, estando sometidas a los cambios de la luz, que se convierten en un acontecimiento en el encuadre de la pantalla.

El círculo y el cuadrado son las figuras primordiales. El cuadrado sobre todo. Es el lugar del cambio. Cuadrado de la pantalla luminosa, cuadrados de las ventanas, de los espejos, de las puertas. Es el lugar del pasaje, de la comunicación. Pasaje de la imagen, comunicación de la ciudad y de las habitaciones (ventanas). La propia habitación es un lugar que forma un cuadrado por los espejos, que forman dobles y a veces introducen las geografías improbables en ciertas habitaciones. Las habitaciones se abren poco a la ciudad, pero se abren sobre sí mismas por medio de los espejos.

El cuadrado es la figura, el lugar del doble y del cambio. Así, en el episodio del Forum de Trajano donde el cuadrado de una puerta redobla (en abismo) el cuadrado de la pantalla, es por única vez el lugar en el que el voyeur está en la ciudad. Aquí la habitación y la ciudad se intercambian: el voyeur pasea por la ciudad, el chico de la ciudad pasea por la habitación, y se mira en el espejo.

Espejo, doble. El cuadrado es el lugar. Espejos que redoblan las habitaciones, el cineasta en espejo. Figuras del doble como las dos ventanas de la habitación, dos sillas para el voyeur, dos puertas (en simetría) en el episodio central, cuadrados de ventanas, de puertas, que redoblan la de la pantalla, la de la imagen. Cuadrado en lo cuadrado. Roma en Roma.

El cuadrado entra en relación con el espejo, de analogía consigo mismo por el doble, pero entra también en oposición con la otra figura primordial, el círculo. En el episodio de la Rotonda, y en su retoma en «Songe», el círculo y el cuadrado establecen relaciones de antagonismo, de conversión en un círculo o en un cuadrado.

El cuadrado es terrenal, mineral, negro (Forum de Trajano), se impone en la permanencia del encuadre, mientras que el círculo es aéreo, acuático, luminoso (Rotonda), y se transforma en luna, en azul del cielo.

El cuadrado es el lugar permanente de la mostración (encuadre de la imagen), el círculo es el temblor en el encuadre, acontecimiento.

El cuadrado es la figura del espacio, espacio de la presentación de la ciudad (imagen, ventana), lugar del acontecimiento. El círculo es la figura del tiempo, del pasaje cíclico, de las repeticiones, de los giros en redondo –sobre todo en «Songe», donde las dos figuras se oponen y donde vuelven los lugares, los acontecimientos de los episodios precedentes (regreso del chico que se lava)–.

El cuadrado está del lado del monumento, de la imagen como monumento que retiene y que se acuerda, el círculo está del lado del acontecimiento que sobreviene y que vuelve a venir. Los lugares vuelven a venir en el tiempo del filme, el tiempo se retiene en el encuadre de la imagen. Ceniza del tiempo en el gel de la imagen.

¿Cuál es la naturaleza de este tiempo? ¿Es un tipo cronológico? La mención «Sábado» en el episodio del Coliseo, hacia la mitad de la película, parece introducir un calendario –¿crístico?– si tenemos en cuenta la ceremonia religiosa que la precede. ¿Regreso de una Pasión? ¿Tiempo narrativo, ficcional? El encuentro en el Forum, los surgimientos sonoros, pueden ser los comienzos de las historias. Por lo tanto, ninguna de estas dimensiones está descuidada. El tiempo aquí no hace sino pasar.

Pasaje. Pasaje en el encuadre. Un hombre que pasa, un coche que pasa, una luz, en ese momento –en el encuadre, la película la retiene». El encuadre del cine es ese lugar por donde pasan las cosas, los seres, las luces, pero también donde se quedan en sus reproducciones infinitas. Del mismo modo lo hacen los monumentos que aún quedan, se recuerdan, en relación con aquellos tiempos parece no haber prisa, de modo que, por tanto, son la presa del tiempo. Lo que es firme es destruido por el tiempo, y lo que huye del tiempo resiste a él. Así funciona la imagen del cine. ¿Qué queda de todas esas antigüedades, de las imágenes del pasado, de los sueños? Son retenidos en las imágenes que circulan, que se vierten como el río. El Tíber solo, que huye hacia el mar, resto de Roma. Oh, qué mundana inconstancia.

Todo pasa, esa es la fórmula de la constancia, de la resistencia. Es preciso resaltar el tiempo sin imágenes, que vuelve en alternancia, donde sólo el tiempo pasa. Es este tiempo eterno, que vuelve sin parar. Mientras que el negro pertenece al encuadre de la puerta del Forum de Trajano, ventana que cerramos y que crea el negro en la habitación.

Negro. Noche. No hay imagen. Solamente el tiempo que pasa, que se vierte en el encuadre; el encuadre es el espacio del tiempo que pasa y que vuelve. El encuadre permanece, el tiempo se vierte. El monumento perpetúa el recuerdo, el encuadre soporta el tiempo. El pasado se inscribe en lo duro de la piedra, el tiempo se inscribe en la fijeza del encuadre.

La imagen dura en el encuadre, el tiempo se dulcifica en la fijeza del encuadre que se obstina por mostrar. Les Antiquités de Rome nos confrontan a nosotros, como espectadores del filme, en un tiempo que pasa y que se dulcifica en un encuadre que se obstina. Ya que si el tiempo termina por ser algo tan duro, merecerá la pena que aguantemos.

¿Cómo vivir en el tiempo de esta película? Dejándose llevar por las imágenes que van, por los recuerdos de los monumentos y de los acontecimientos, haciendo que se comuniquen los lugares y los tiempos, como en «Songe», donde todo se mezcla, donde todo vuelve. Volviéndose aéreo de cara a las imágenes terrestres. Notamos la importancia creciente del cielo en la película, hasta este plano de las nubes. Meteoros sin imágenes de ciudad. Dejándonos ir hasta la ensoñación de los lugares que permanecen, los acontecimientos que vuelven en el recuerdo. Como el voyeur que al fin parece dormirse.

Ensoñación donde las imágenes pasan desprendidas de su soporte material, duro, donde los sonidos hacen que circulen y que se comuniquen las imágenes, los lugares que se obstinan. Y con el gran ruido, con un sobresalto, me despierto.

Texto publicado con ocasión del estreno de la película. Gracias a su autor.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.