ESPECIAL CHANTAL AKERMAN

Ella navega hacia América. El guión de ‘Jeanne Dielman’

Por Chantal Akerman


«
En Jeanne Dielman, todo estaba escrito meticulosamente, como en el Nouveau roman», decía a menudo Chantal Akerman. Aquí el principio de una versión del guión.

El apartamento de la familia G.
Una noche de luna llena.

La cocina..
Una cocina larga, estrecha, con losas en el suelo.
La vibración monótona de un frigorífico.. paredes de color blanco-crema cubiertos hasta media altura de azulejos de un blanco más crudo.. muebles modernos y funcionales.
Al lado del frigorífico, en el fondo de la habitación, a la izquierda, una cocinilla.
En los dos primeros anafes, una tetera.. una cafetera de cristal..
En primer plano, el fregadero de acero inoxidable con un escurridor..
Un objeto metálico en el cubo de la basura.
A la derecha, una mesa pegada a la pared a lo largo de la habitación, preparada para un desayuno de cuatro personas.
Algunas manchas de luz sobre una taza, sobre los paños de cocina, que se secan en el radiador.. la luz está repartida, es azulada, lunar.
Una cocina en perfecto orden.
Se abre hacia una terraza de cristal desde la que se ve un descampando en el que hay algunos edificios modernos, algunas ventanas están encendidas.. un trozo de carretera, camiones con las luces encendidas, un enorme supermercado iluminado..
A lo lejos, brilla el Atomium. 
Se diría que la vibración monótona del frigorífico acentúa la sensación de orden, produce algo irremediable..
La mirada lenta, insistente, que se posa sobre esta cocina parece consistir en una efracción, mayor que si hubiera en ella el trazo de la vida..



            El comedor.
Una habitación en un primer momento sumergida en una oscuridad casi total.. luego más iluminada..
Sin duda una nube tapa la luna y se va..
En medio de la habitación, una mesa ovalada con un mantel de encaje.. alrededor de la mesa, seis sillas.. otras dos colocadas simétricamente junto a la pared, a la derecha, a los lados de un aparador.. enfrente una vitrina de cristal.. paredes tapizadas con papel pintado, con motivos de una misma gama de color.. encima del aparador, un cuadro con un marco dorado..
El paisaje de un bosque.. del sotobosque.
Una lámpara de seis brazos encima de la mesa.
Grandes ventanas con cortinas pesadas, tapizadas en terciopelo.. tapices de oriente.. adornos, muchos.
El agua corre por los radiadores.. Un avión en la lejanía.
Sensación de ahogo y de rigidez respecto a la profusión de las cosas.

            El salón..
El avión se aleja cada vez más.
Un sofá de tejido esponjoso verde.
Dos sillones lo rodean frente a una televisión.
Una chimenea en la esquina con troncos falsos.
El ascensor se para en una planta.. La puerta choca.
Dos botellas de alcohol sin empezar en una mesa con ruedas y una cristalería.
Una vitrina en el rincón con una colección de muñecas folklóricas.
Jarrones en los tapetes.
Ceniceros como suvenires de viajes..
Mesas plegables..
Una respiración apenas perceptible..

            Dos dormitorios.. y un cuarto de baño..
Se avanza por el pasillo en el que hay tres puertas abiertas..
La primera está ligeramente abierta..
Una pequeña habitación, estrecha, con paredes oscuras. Un mobiliario escueto.. una cama individual pegada a la pared, un escritorio con libros antiguos..
Una lámpara de escritorio moderna.. Un mapa del mundo en la pared y posters. 
La lámpara de noche se ha quedado encendida.
Un joven duerme, su mano cuelga fuera de la cama. Respira regularmente..
La segunda puerta está un poco menos abierta. La habitación es poco más grande, el mobiliario idéntico.. Las paredes desnudas, el orden extremo dan la sensación de deserción..
El joven tiene una vida en otra parte, seguro..
Duerme en una cama estrecha, se gira mientras duerme..
La tercera puerta está entreabierta y da a una sala más moderna.
Cae una gota de agua del grifo y choca con el lavabo.  


            El dormitorio de los padres..
Una mirada lenta y circular que se detiene primero en una pesada cortina adornada medio cerrada, por la que vemos un trozo de la terraza por la que se ve un barrio antiguo de la periferia bruselense.. pequeños tejados irregulares, largos jardines con huertos.. la luna.
La mirada se desplaza luego hacia el centro de la habitación, hacia la cama grande, hacia las dos mesillas de noche.. medicamentos bien ordenados, una funda de gafas, sin dudas las del marido; y la de la mujer con postales en las que se ven paisajes mediterráneos, algunas revistas, una foto enmarcada tomada por la mañana en la que se ve al fondo el mar del Norte; congelados con ropa de verano, sonrientes, una mujer joven, un hombre todavía joven, rodeados de dos chicos jóvenes. 
En la cama, una forma se mueve ligeramente y luego más rápido.
Un hombre se separa de una mujer y luego se estira a su lado..

            El dormitorio de Jeanne y de su marido al día siguiente..
Una luz difusa, blanquecina. Escuchamos la radio, «Musique au petit-déjeuner», por ejemplo.
Por el día, se sigue viendo en esta habitación un gran armario con un espejo, un tocador y dos sillones combinados.. la alfombra, dos de ellas colocadas debajo de la cama.
Una mujer que parece tener unos cuarenta y cinco años duerme.
Se llama Jeanne.
Se detiene el sonido de la radio.
Un hombre, en la cincuentena, vestido con un traje azul oscuro, el rostro indiferente, entra, deja maquinalmente dinero en la mesilla de noche, junto a la foto enmarcada y sale rápido. Vuelve y coge sus gafas de la mesilla de noche.

            Y Jeanne..
Está en el ascensor, con una bolsa de la compra, el rostro indescifrable. Sale rápidamente del edificio y vemos el descampando en donde se levantan otros edificios parecidos. Gira la esquina y se adentra en el viejo barrio en el que la perdemos de vista.
Avanzan los créditos.
Ella navega hacia América


            Jeanne casa a su hijo mayor..
La sala de fiestas de la casa comunal de Saint-Gilles..
En una gran sala rectangular, con aire administrativo, una joven pareja de recién casados se inclina para firmar, cada uno estampa su firma seguido de su respectivo testimonio.. La novia, con un vestido blanco largo y vaporoso,  el hijo de Jeanne con un smoking negro. Detrás de ellos esperan las dos familias, sentadas en los bancos. Reconocemos a Jeanne y a su marido.
Todo el mundo se levanta y sigue a los recién casados que salen.
En el hall, se cruzan con otra pareja.
La ceremonia es breve, el desarrollo le confiere un aspecto formal, un trámite administrativo donde los participantes parecen estar desubicados con sus trajes de fiesta..

            En el porche..
Los recién casados, rodeados de sus familiares, posan para la foto tradicional. En un borde, hay una pequeña rubia, con un vestido romántico, una pareja cogida del brazo -la mujer debe tener cuarenta años, de una belleza apagada, el marido un hombre jovial- en medio, la novia que se parece a su madre, sonriendo al novio, un joven delgado que la mira, a su lado Jeanne y su marido, y luego el hermano joven del novio, que parece tener 18 años..
Un poco más atrás, un grupo de jóvenes de la misma edad que los novios. Todos sonríen para la foto. Es el principio del invierno, el cielo es de un gris azulado helado.
Pasan las nubes azuladas..
Jeanne se aleja tranquilamente en la misma dirección que las nubes.
La familia se acerca y llena el hueco que ha dejado la marcha de Jeanne..
Todo el mundo vuelve a sonreír para una nueva foto.


            Un mes después.. en otro dormitorio.. que al principio parece el mismo..
Una gran cama deshecha, sábanas blancas, una gran almohada, mantas retiradas descuidadamente. Una mirada rápida.. y creemos estar de nuevo en la habitación que Jeanne compartía con su marido..
Pero hay unas flores rojas en la mesilla de noche junto a la lámpara encendida y el marco -donde veíamos, sobre el fondo del mar del Norte, con la ropa de verano, sonrientes, a una joven y un hombre todavía joven, rodeados por dos jóvenes- está vacío.
Si miramos más atentamente, nos damos cuenta de que los muebles, colocados de la misma manera que en la habitación de Jeanne y de su marido, de un estilo similar, son probablemente un poco menos caros, son un poco desparejos..
Escuchamos entonces un intercambio de palabras, palabras rápidas, indiferentes, pronunciadas en un tono cercano, igual, entre Jeanne y un hombre.
Cuando observamos de nuevo la cama, un hombre entra en plano, de espaldas.
Podemos creer que se trata de su marido. Pero tal vez sea esa manera de caminar tan lenta o ese modo de colocar la cabeza recta lo que introduce en un primer momento la duda sobre la identidad real del hombre y lo que hace francamente pensar finalmente que este hombre, que sólo vemos sin embargo por un momento, para ir a dejar dinero en la mesilla de noche y que sale de la habitación, no sea el marido de Jeanne..
Escuchamos entonces pasos que se alejan, una puerta que se cierra..

            Dos o tres días más tarde..
Un hombre de mediana edad, de quien no llama la atención una manera de caminar lenta ni una manera muy recta de colocar la cabeza, sale de una casa de ladrillos rojos con pequeños balcones de hierro forjado en mal estado, en una calle estrecha con pequeños talleres y almacenes como los que vemos en la Gare du Midi.. Saluda maquinalmente a una joven cargada con paquetes, acompañada de dos niños que entran en el edificio.. Ella debe tener entre veinticinco y treinta años, vemos fugitivamente que podría ser muy bella.
Se cruza con una joven con pantalones y chaqueta de pana que besa a un chico con el pelo largo en un rincón de la puerta.
Todo el pequeño edificio está iluminado.
El hombre camina hasta la esquina, donde hay un café lleno de luces.
Gira la esquina..

            Una noche en el hueco de la escalera mal iluminada..
Sube un hombre con paso lento apoyando su mano derecha en la baranda de la escalera de madera lacada, en la otra mano, cerrada, tiene un ramo de flores rojas.
Cuando pasa por el primer tramo de escaleras escuchamos una voz de mujer muy suave, en un tono monocorde, igual, sin puntuación, como una letanía obsesiva y palpitante. De vez en cuando, una voz de hombre que la interrumpe.
El hombre pasa por la primera planta acompañado por la voz de Madame Zilberstein que va menguando.
Sus pasos resuenan secamente..
Un hombre entra en la habitación de Jeanne. Vemos fugitivamente la cama deshecha.
Deja rápidamente el dinero en la mesilla de noche y sale de plano.
A este hombre nunca lo habíamos visto.
Se podría decir que es delgado.

            Y Jeanne.. ordena la habitación, mueve los muebles como intentara borrar la visita del cliente.
Se pone guapa.
Coloca las flores en el jarrón. Llama por teléfono y pide una buena comida, bebidas, flores en abundancia, vestidos y un montón de objetos inútiles..
Sólo para ella.



            Jeanne se levanta temprano en su nuevo dormitorio.. una habitación pequeña, rectangular, con dos ventanas que dan a una pequeña fábrica de ladrillos rojos y negros, con un largo camino.
Alrededor de la fábrica, jardincillos bien ordenados rodeados de muros.. a lo lejos una torre moderna.. el paisaje está borrado por la bruma matinal.
En la habitación, hay dos nuevos sillones de terciopelo, una cama grande con manta de piel sintética frente a un armario de cristal. Un detalle más lujoso, una alfombra de lana de calidad blanca al pie de la cama.
Una lámpara de noche con una pantalla de terciopelo granate fruncido, colocada junto a un despertador eléctrico, en una mesilla de noche de madera pulida. Un jarrón de flores rojas.
Jeanne parece no haberse molestado en crear un decorado personal, simplemente ha recreado lo que comúnmente se conoce como un «dormitorio» siguiendo el modelo del que compartía con su marido.
Podría sorprender el papel pintado rosa romántico de flores de las paredes, que pegaría más con la habitación de una joven. Contrasta con el ambiente general de la habitación.
Escuchamos claramente el soplo de la calefacción de gas en el silencio..
El despertador suena muy fuerte..
La mirada, que como en la habitación que Jeanne compartía con su marido dependía en un primer momento de las cortinas cerradas para luego descubrir toda la habitación, se sitúa ahora en Jeanne, que se frota los ojos, se viste sentada en su cama, se echa los pelos hacia atrás. Se puede apreciar su bello rostro.
Mira a su alrededor con indiferencia, retira las mantas, sale y escapa así a nuestra mirada.

            Jeanne toma su desayuno.
La habitación que sirve como cocina en esta vieja casa no parece haber sido pensada especialmente para esto. Es grande y los pocos muebles simples y funcionales que hay en ella parecen desplazados.
Jeanne coge la tetera que estaba colocada en el primer anafe de la cocina, junto a la cafetera de vidrio. La llena de agua, la vuelve a poner en la cocina, enciende el gas.
Sus gestos son precisos, automáticos..
Mira hacia la ventana que da a un patio que se abre a la parte trasera de otras casas..
Algunas ventanas están encendidas y podemos distinguir a la gente que toman el desayuno y otros que se apresuran para marcharse al trabajo..
Jeanne está de pie, delante de la cocina, en bata.
El agua hierve.
Vierte maquinalmente el agua en una gran cafetera de vidrio.
Vuelve a colocar la tetera en la cocina.
En el pequeño patio, una de las ventanas vuelve a estar oscura.
Se bebe rápidamente su taza de café, de pie, apoyada contra el pequeño frigorífico, y la pasa por agua.
Todo se queda ordenado cuando se marcha de la cocina.
A la cafetera le quedan tres cuartas partes de café.




            Y entonces Jeanne va a limpiar.
Hace la cámara rápidamente, limpia rápidamente el polvo, airea la habitación, desplaza y vuelve a colocar los objetos, vuelve a limpiar el polvo. Tocan al timbre..
Termina de limpiar el polvo del cristal que está encima de la mesilla de noche y sale cerrando la puerta de su habitación.

Publicado por primera vez en
Chantal Akerman. Aubenas, Jacqueline (ed.).
París: Ateliers des arts, cuaderno nº 1, 1982.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.