ESPECIAL REIS & CORDEIRO EN EL SEFF

Entrevista con Margarida Cordeiro

Por Alexandra Lucas Coelho



«Era amor». No hay otra manera de hablar del trabajo de António Reis y Margarida Cordeiro. Juntos, hicieron una obra mítica del cine portugués, filmada sobre todo en la zona de Trás-os-Montes. Ahora, 18 años después de la muerte de él, ella vive en una aldea retirada del mundo. ¿O no?

Dentro de poco será de noche. Subimos por la aldea, en su búsqueda. En la iglesia, nos dan la dirección de una calle por escrito. La recorremos a pie, hasta que aparece una antigua casa de dos pisos. Las ventanas están cerradas, hay plantas trepadoras, matorrales, abandono. Una red de hierro por encima del muro de entrada, como si vista desde el exterior, fuera una casa hostil. Y, de repente, ladran perros. No uno, ni dos, muchos perros invisibles. 

La aldea se llama Bemposta. A la vuelta está la meseta mirandesa, donde acaba Portugal, en su rincón más interior. Era una región de gente que pasó hambre, sobre todo las familias que tuvieron muchos hijos; ahora no tienen ninguno. Rebaños, olivos, casas cerradas de quienes viven en España, en Francia.

Como esta casa, aparentemente cerrada para el mundo.

Aquí es donde vive Margarida Cordeiro, coautora de una obra mítica del cine portugués, de los años posteriores al 25 de Abril.

Trás-os-Montes, la primera película que rodó con António Reis, se convirtió en una referencia para toda una generación, y 33 años después del estreno, sigue siendo la culminación de una idea de lo portugués. «Para un pueblo y para un país que se buscan a sí mismos», escribió João Bénard da Costa, «es una de las pocas piedras en el camino que nos pueden ayudar a volver a encontrar la dirección».

Como el resto de películas de la pareja, no es fácil verla. Sigue estando pendiente una edición en DVD.

Pero la 4ª Mostra do Documentário Português Panorama (Cinema São Jorge, Lisboa, 9-18 de abril), va a dedicar un homenaje a la obra de António Reis y Margarida Cordeiro, y se mostrarán los cuatro filmes: Jaime (sólo realizado por Reis), Trás-os-Montes, Ana y Rosa de Areia.

El siguiente proyecto consistiría en una adaptación de la obra maestra del mexicano Juan Rulfo, Pedro Páramo (edición portuguesa de Cavalo de Ferro), pero Reis falleció en 1991. Margarida quiso continuar con la idea, llegó a viajar a México para realizar una investigación, pero todas las ayudas fueron rechazadas. Nunca se llegó a hacer la película.  

Ya jubilada del Hospital Miguel Bombarda, donde era jefa del servicio de psiquiatría, Margarida Cordeiro se fue a vivir a casa de su madre, en Bemposta. Unos años después, su hermana, Isabel, se fue a vivir con ella.

Es lo que sabemos cuando llegamos, así, sin aviso. No tenemos un número de teléfono. Llamamos a la puerta.

- No están –nos dice la vecina, sentada en el escalón de la casa de enfrente, explicando que todas las tardes las hermanas salen en coche con los perros.

Cuando volvemos, una hora después, hay un jeep justo delante de la puerta. Llamamos a golpes, porque no vemos timbre. En la oscuridad, los perros ladran. La puerta de la casa se abre y sale una mujer con una granada en la mano. En una de las escenas del principio de Trás-os-Montes vemos a una niña comiendo una granada.

¿Margarida Cordeiro?

¿Sí?

Y empezamos a hablar de la granada y de Trás-os-Montes.

Todavía no le hemos dicho nuestro nombre. Sólo que venimos de Lisboa y de Oporto. Margarida pide ayuda a su hermana para meter a los perros invisibles en la parte de atrás, en cuanto varios perros visibles saltan a nuestro encuentro.

Nos lleva a la cocina, donde huele a chimenea, pero sobre todo a perros, hay algo de campamento, como quien ha hecho una barricada. Hablamos durante una hora. Al día siguiente, Margarida va a visitar la tumba de António. La hermana Isabel es quien siempre la lleva. António y Margarida recorrían Trás-os-Montes sin carnet de conducir.

Quedamos en organizar un encuentro dos días después para una entrevista, y así es. El domingo, 1 de noviembre, bajamos por las curvas de Bragança hasta Bemposta, con viento, lluvia y granizo. Al llegar, los perros son ya casi nuestros amigos, y Margarida Cordeiro se ha teñido el pelo. Parece una bailarina retirada, con las piernas flexionadas por encima del brazo de la silla, ágil, fulminante. No parece que pasen los años para ella, ¿quién podría creer que tenga 71 años?

¿Por qué vive aquí?

Son razones personales, privadas. No es por gusto. Me sentí en el deber de vivir aquí hace unos años, estoy arrepentida, me gasté bastante dinero en arreglar esta casa y otras cosas, pero no fue una elección, fue por obligación. Me gustaría haber ido a Bragança, y la segunda elección era dar la vuelta al mundo, porque me encanta viajar. Además, puedo estar sola mucho tiempo, viví aquí cinco años sola, pero también puedo recorrer el mundo. Me gustan los extremos.

Entonces, ¿no está jubilada?

¿Yo? Nunca viví con más pasión. Es algo que recomiendo. Llegar a una edad avanzada, pero con lucidez. Es lo mejor que hay.

¿Nunca vivió con más pasión?

¡Nunca!

¿Qué quiere decir eso?

Todo. Todo me apasiona. Respirar, andar, ver, reír, dormir.

¿Todavía le apetece hacer ese viaje dando la vuelta al mundo?

Sí, sí.

¿Y qué se lo impide?

De nuevo, razones personales. Que no tienen que ver conmigo, sino con mi situación.

¿Adónde le gustaría ir?

Adónde no me gustaría ir, tal vez sea una pregunta más fácil. No me gustaría ir a Estados Unidos. Viajé allí, pero no me dejaron vivir con los blancos, me quedé con los negros y los mexicanos. No me gustó, dije que nunca volvería. No me gustaría ir a Inglaterra, a Noruega, a Suecia. Me gustaría ir a toda África, al Mediterráneo y, sobre todo, a América del Sur. A Vietnam, a la India, a esas zonas donde hay mucha gente. Y también a los desiertos, donde no hay nadie. Rechazaría las partes más evolucionadas de Europa y de Norteamérica.

En este momento, además de su hermana Isabel y de sus perros... por cierto, ¿cuántos tiene?

Es un secreto.

Son muchos.

Sí. Más de dos.

¿Pero es secreto? ¿Habla en serio?

Claro. Hay que tener cuidado con lo que se dice cuando se sale de la media. Las personas no tienen perros, tienen un perro. No tienen gatos, tienen un gato. Yo tengo más de uno, por lo que claro, se sale de la media.

Pero fuera de las ciudades, la gente tiene bastantes perros, gatos, animales.

No. No es así. Los cazadores sí, tienen varios perros. Pero yo tengo perros por tener perros. No para ir a cazar.

Además de con su hermana y con los perros, ¿con quién habla?

Hablo con todo lo que leo, porque leo mucho. Converso conmigo misma, tengo una vida enorme, tengo autonomía, siempre estoy a la espera de conocer a una persona interesante, lo cual es difícil. Si fuera una tierra grande, habría posibilidades, como dicen los físicos. No tengo probabilidades de encontrar a una persona interesante, pero siempre estoy esperando. Y sin embargo, me entretengo. Tampoco veo la televisión.

¿Qué es una persona interesante?

Una persona que descubre cosas interesantes en mí, que no se limita a decir buenos días, buenas tardes, cómo está el tiempo. Que me hace trabajar por dentro. Que no me hace dar respuestas civilizadas, educadas. Que me da trabajo.

Quiere decir que puedo intentar darle trabajo.

Puede y debe. Vamos a luchar.

¿Tiene Internet aquí?

No. Sólo cuando viene mi hija.

¿Sabe manejar Internet?

No. Soy torpe.

¿Sabe usar un ordenador?

No. Por ahora. Hasta que salgan los libros en Internet.

Eso ya está ocurriendo.

Pero todavía no están a la venta. Soy una persona de mi época y me gusta leer. También me gusta mucho ver, pero la televisión no me satisface. Quería tener una pantalla en casa y algunas películas disponibles. Pero no la tengo, me quedo sin verlas.

Películas disponibles, es decir, una colección de DVDs.

Me gustaría tener las películas de la época que me gusta. El cine primitivo del mundo entero, francés, alemán, cuando el cine era un arte.

¿Eso fue hasta...?

Incluso ahora hay películas que me entusiasman.

¿Cuándo fue la última vez que fue al cine?

[Suspira]. Cuando estaba en Lisboa. Me vine aquí hace 11 años, tal vez. Aquí no hay películas. También es una experiencia-límite, ¿comprende? Tener una cierta edad estando privada de muchas cosas es ser una especie de Robinson Crusoe. Robinson tenía lo que consiguió en la isla, y tuvo que improvisar, y según sé, acabó más rico interiormente que cuando llegó. También llegó Viernes. Pero mi hermana no es como Viernes.

¿No sabe nada de lo que ocurrió en el cine en los últimos diez años?

De Portugal, nada. Con mucho gusto. Sé quiénes siguen haciendo películas, pero no las vi.

¿Qué lee?

Todo.

¿Qué está leyendo ahora?

No se lo puedo decir. Lo va a tener que cortar.

¿Por qué?

La Historia Criminal del Cristianismo, en diez volúmenes, de Deschner.

¿Y por qué voy a tener que cortarlo?

Porque vivimos en un Estado católico.

Ah, era eso.

Me gusta la antropología. La filosofía. La historia. ¡La historia! La biología. La física. Las ciencias naturales, todo eso.

¿Alguna época histórica?

Todas. La prehistoria. El Imperio Romano. La actual. Vivo en la II Guerra Mundial. No he hecho otra cosa. Nací en la guerra. Me acuerdo del racionamiento aquí, de la leche en polvo de los americanos, de los contrabandistas, del volframio.

¿Nació en esta aldea de Bemposta?

Me dijeron que nací en otra parte, cerca. Era tan pequeña que ni siquiera hablaba. Es verdad. Hasta me bautizaron sin pedir permiso –eso no lo perdono. Pasé tres años en una aldea cercana, vine aquí, a los nueve ya estaba viviendo en Bragança, y luego, siempre en Oporto, y luego en Lisboa. Aquí apenas viví.

No tiene una relación tan larga con este lugar...

No fue larga, pero sí intensa.

...había una casa que era ésta, de su madre.

Esta es la cocina de mi infancia, de los diez años.

¿Se trajo sus libros cuando se vino aquí?

No. Mi hermana fue después a buscarlos. No tengo una biblioteca centrada, están dispersos. Tengo muchos álbumes, pintura, arquitectura, fotografía, todo lo que es bonito. Viajo de cualquier manera.

¿Lee el periódico?

No. Sólo si llega alguno por aquí, pero no llega el periódico a la aldea.

¿Cómo sabe lo que ocurre en el mundo?

Tal vez con una bolita de cristal... Me entero de las cosas con mucho desfase. Me enteré de lo de las Torres Gemelas tres días después.

¿Está peleada con el mundo del cine?

No. Desilusionada, sí. Peleada, no, pero hay que esforzarse bastante. Desilusionada porque soy una ciudadana del Estado, pago muchos impuestos, y no tengo seguridad social, ni transportes, ni salud, ni siquiera pude hacer una película. Es normal que me sienta aborrecida.

Esa película era Pedro Páramo.

Era. Teníamos tres proyectos de los que no hablaré y Pedro Páramo.

¿Qué sucedió?

Siempre lo mismo. Para conseguir dinero, pasaron no sé cuántos años. Después, cuando me dieron el dinero, el productor estaba pegado a mí, quería hacer la película gratis –a mí no me daba nada. Bien, no fue exactamente así, fue más complicado, con más trampas. Por lo tanto, tenía que hacer una película simplemente por la ambición de hacerla, pero era totalmente diferente de la que yo quería hacer. Cuando me di cuenta de que apenas era un vehículo, decidí cortar. No me ofrecían las condiciones mínimas como para sacar adelante aquello, no se hizo.

¿Mantiene relaciones...?

Nada. Nada. Fui amenazada. Un día me di cuenta de que me estaban esperando.

¿Quién?

Un productor, no voy a dar nombres. Me amenazaron con quitarme el dinero.

Pero hay gente en Lisboa...

Esa gente no tiene dinero. Es preciso tener dinero para hacer una película.

...a la que le gustaría volver. ¿Lo sabe?

No. No tengo la menor idea. Puedo estar aquí sin televisión, pero tengo la dirección postal. Un día, António –no en la época en la que vivía con él, antes de eso- se subió al tren, se fue a Francia y apareció en casa de Gaston Bachelard, un filósofo de tomo y lomo, uno de los mayores filósofos franceses. Le admiraba muchísimo. Y Bachelard estaba pelando patatas. Para António, esto era precioso: «Ah, mi hija fue a la universidad, estoy aquí adelantando la cena». António fue a verle y lo encontró. Eso es lo que quiero decir. Cuando uno quiere encontrar a alguien... Y nosotros queríamos conocer a Buster Keaton. Vino a España casi antes de morir y casi le conocimos.

Lo que quiere decir es que le pueden encontrar si quieren, porque está aquí.

Sí. Todos los días salgo de casa. Estoy delgada, pero todavía sigo siendo visible.

Si las condiciones se dieran, ¿volvería a hacer cine?

Sí. Sí. Pero necesitaría a una o dos personas. Un asistente personal que yo eligiese. Pedí un asistente y [el productor] me dijo que tenía que ser un hombre. Yo le dije: «¿Por qué?». Y me escogió a un asistente con quien no me llevaba. ¿Ha visto alguna vez a un productor haciendo tantas tonterías?

¿Siente machismo en el cine portugués?

Sí, en los hombres y en las mujeres.

¿Tras la muerte de António Reis? 

Sí, definitivamente. Si António estuviera aquí y yo no, estoy segura de que todo estaría en marcha. Él tenía una fuerza que yo no tenía.

¿Cree que tuvo problemas por ser mujer?

¡Sí! ¿Es que tiene duda?

¿De qué manera lo sintió?

No lo sentí haciendo Pedro Páramo, porque acabé por conseguir el dinero, que era mínimo, no daba para nada, 200 mil escudos. Sólo la película... Pero me di cuenta de que fui yo quien me desmoralicé, o en las entrevistas, en las preguntas. En Portugal. Fuera, nunca lo sentí.

¿El qué?

La discriminación en las entrevistas. António estaba siempre al frente. Y, incluso cuando no lo hacía, no me dejaban hablar. Noté eso muchas veces, y siempre en Portugal. Fuera, existía.

¿Sentía que las personas hablaban de la obra como si fuese de António Reis?

No, como si también fuese mía. ¡Pero yo estaba ahí! Hay muchas mujeres que son la secretaria del marido. Pilar del Río, y otras. Es muy común que la mujer se sacrifique por el marido y a veces firman también.

Manuel Mozos [que fue asistente de Reis y Cordeiro] dice que António no filmaba un plano hasta que Margarida llegara.

Por supuesto. António era una persona decente. Fuera de serie.

Para que las personas percibieran cuál era su responsabilidad...

No se puede hablar de eso. Era amor, punto. Amor, colaboración y mucho respeto. Entre nosotros existía la crítica gentil. Si tenía una idea que no era adecuada... se corregía gentilmente, o esperaba a que yo misma la corrigiese, algo que también solía hacer. O si él tenía una idea equivocada, yo también lo hacía. No había una centralización. Éramos el mismo equipo. Nos entendíamos bien. Mejor en el cine que en la vida real, porque yo soy muy cascarrabias. Era como si dos pintores pintasen el mismo cuadro.

Tendemos a ver la creación como algo muy individual...

No es individual. Por ejemplo, para filmar Trás-os-Montes, vinimos muchas veces en furgoneta hasta Bragança. Pasábamos por aquellas aldeas año tras año, varias veces durante seis o siete años. Y todo aquello se conservó entre nosotros. Conocíamos prácticamente todas las aldeas. Conocíamos a las personas y hablábamos con ellas. Es como hacer un trabajo etnográfico.

¿En Miranda también?

En Miranda un poco, porque me dieron de lado en mi familia por no estar casada con António. Por eso, durante 15 años, evité esa zona. Era Bragança. También un poco en España, aquí en la frontera, en una zona que me gusta mucho, la frontera del duelo. Conocíamos a un gran amigo allí y teníamos trato con todo el mundo. António conocía a Manuel Ferreira [dueño de la casa de la aldea de Palácios, que aparece en la película].

Manuel Ferreira cuenta que António apareció en su casa...

António era así.

...diciendo: «Necesito la casa de Palácios». Y luego de la casa, fueron los hijos, todo. Trás-os-Montes nació de esa...

Sí, de esa apropiación lenta de la vida. Cuando alguien filma, ve aquello tantas veces que ese momento no es más que un episodio, por lo tanto es muy fácil crear un conjunto. Estábamos juntos, estábamos allí, conocíamos las costumbres.

Por eso decía António Reis que no filmaba a nadie antes de haber creado una relación con las personas.

Claro. Es fundamental. Nos quisieron imponer a los actores del teatro portugués. Tienen una dicción...

No queríais actores.

Por el amor de Dios.

¿Diría que Trás-os-Montes es un documental?

No. No me importa que lo llamen así, pero es un error. A António no le gustaba que la llamasen documental.

¿Cuál es la mejor palabra?

No lo sé. Es Trás-os-Montes. Un modo de abordar algo que nos gusta. Un documental tiene que ser fiel a una realidad objetiva. Por lo menos, el 50% de las personas que la vieron dijeron que se parecía a lo que ellos eran. Uno llega a la aldea y le mostraban cuánto gana éste, cuánto gana aquel, los hábitos. Eso es un documental, una aproximación de la realidad.

A veces, para llegar a lo real, ¿no es necesario construir?

Sí. Todos construimos. Eso es lo que estamos haciendo ahora. Estamos aquí cuatro personas, y cada uno ve algo diferente.

Por ejemplo, en la escena de Trás-os-Montes en la que vemos una cama con cinco niños...

Nunca pasaron hambre, pero conocimos a otras personas que sí. Mi abuelo pasó hambre. Mi madre tuvo la barriga hinchada por culpa de ese dolor africano, cuando vemos a los niños con la barriga grande. Mi madre tuvo deficiencia de proteínas, no tuvo padre, su padre apareció mucho más adelante. Mi bisabuela también tuvo problemas. Hubo hambre.

La casa de los cinco niños no era aquella, pero la realidad que vivían era aquella. Es decir, es irrelevante si la casa es o no de ellos.

Sí, sí.

Se criaron así, durmiendo en la misma cama.

Quizá nos basamos en eso. No me acuerdo. A veces, los actores incorporaban sus propias vivencias, y eso ayuda muchísimo.

¿Les llama actores?

Así les llamo, porque actúan. No son actores de teatro. Actúan.

Son actores de vuestra construcción.

Les decíamos más o menos lo que queríamos. Unos eran más inteligentes, otros más sensibles, a otros no les importaba nada. Primero, había que escogerlos bien.

Cuando habló de su madre, me recordó una de las secuencias más hermosas de Trás-os-Montes, la del padre que parte a caballo, quedándose sola la niña...

Esa historia es verdad.

...con el lazo rojo...

E Ilda. Hágame un favor, encuentre a Ilda.

...diciéndole adiós.

La de Ilda es la historia de mi madre.

¿De dónde era esa niña?

Vivía en una casa de Bragança, como Armando [uno de los niños de la película]. La escogimos de entre un grupo de chicos. Era una aristócrata nata. Se adaptó al papel perfectamente. En la época, era una jovencita, todos eran niños para mí. Me encantaba darles abrazos. Era una muchacha encantadora. Sé que se casó, pero no sé dónde está.

El hombre al que ella le dice adiós es la imagen de su abuelo.

Mi madre conoció a su padre a los 16 años, y se pasaba la vida contando esa historia. Le llegó a decir adiós...

¿Cuándo fue la última vez que supo algo de Ilda?

Creo que vive allí abajo, en la cascada. Al sur de Coimbra.

¿Mantiene el contacto con las personas que trabajaron en Trás-os-Montes?

Sólo con las que viven aquí cerca.

¿Cuánto hace que no ve la película?

Hace unos cuantos años. Hay personas que se murieron, me cuesta mucho. Ver la película no compensa el choque. Soy bastante emotiva.

¿Tiene sus películas?

No. ¿Por qué iba a tenerlas? Tó y yo pensábamos que una película sólo se podía ver en una pantalla normal, no en tamaño reducido. Es como cuando se quiere ver un cuadro: se va al museo, no se compra una postal. El tamaño importa, sí.

Piensa que las películas no se deben editar en DVD.

Pienso que no. Vale la pena desplazarse a un lugar para verlas. Si no, que nadie las vea, punto. Es como escuchar una buena orquesta en un casete, nunca se escucha bien. No llega. Las obras de arte poseen proporciones que no pueden ser transformadas en postales.

Está en contra...

No estoy en contra, que hagan lo que quieran, pero con mi aprobación escrita, no.

Para mí es fácil tener acceso a Trás-os-Montes. Vivo en Lisboa, soy periodista, puedo ir al ANIM [Arquivo Nacional das Imagens em Movimento], como hice, pedir un visionado, allí están las bobinas. ¿Pero cuántas personas no pueden hacer eso, jóvenes que nacieron después de la película? Su trabajo podría llegar a esas personas que están empezando a ver cine.

Eso no me dice nada. La obra tiene que ser vista en la forma en que fue hecha. Como aquel sonido. Por eso el sonido retrabajado también me incomoda. Tiene que ser tal y como se hizo. Las películas mudas son bonitas mudas. Se desarrolló un lenguaje que se perdió después, el cine mudo estaba alcanzando una perfección inaudita. Actualmente, el diálogo está omnipresente, campo-contramcampo, plano americano, panorámicas. Para agradar, como en las novelas de Estados Unidos. Lo sé por las maravillosas revistas. Compro muchas revistas.

¿Dónde?

En España. Salamanca, Zamora. España me gusta mucho. Y en medio de la desolación en que Portugal está... Madrid no, porque me parece que está cancerosamente grande, y no la domino. No dominar consiste en no conocer las librerías.

¿Cuánto hace que no va a Lisboa?

Hace dos años. Fui para operarme [de la vista]. Pero las librerías estaban por los suelos. No había el flujo de antes. Siempre iba a las librerías, sabía lo que llegaba.

Si viniesen a decirle: «nos gustaría editar una caja en DVD con su obra»...

No me importa. No digo que sí ni digo que no. No tengo nada que ver con eso. Lo que es interesante es hacer películas, no su destino. Después, la película crece y sigue por sí misma.

¿Escribe?

No. Para mi disgusto. No lo consigo. Lo que escribo no me interesa. Es una pena. No sirvo para ello. No soy escritora. Tengo un gran disgusto. Sería una forma de aclarar mis ideas.

Hábleme de escritores que le gusten.

Marcel Proust. Estoy muy anticuada. La Ilíada y La Odisea. La literatura de los nórdicos, las sagas. Musil. Franz Kafka. El señor Faulkner. Eça de Quierós, Beckett. Me gustan muchos. También me gusta mucho la poesía, François Villon. Fernando Pessoa. ¿Qué pasó con Pedro Tamen?

¿Sabe que tradujo À la recherche du temps perdu?

Ah, no lo sabía. Me olvidaba de Stendhal. Soy una stendhaliana. Hay un grupo con esa aficcion. António-Pedro Vasconcelos también es un stendhaliano.

¿Y portugueses?

Ya nombré a Eça y a Pessoa. Aquilino Ribeiro, mucho.

¿Miguel Torga, que fue al estreno de Trás-os-Montes?

Mucho.

¿Eran amigos?

Mucho.

Y aquel escritor de quien fue jefe [en psiquiatría], António Lobo Antunes?

[Se ríe]. Le conozco poco. Ya no me acuerdo de cuál es Memória de Elefante. Me gustó, pensé que era un comienzo. A Saramago también lo conozco poco, Levantado do Chão y Memorial do Convento. Después, lo vi en España. Vi que Pilar del Río le ayudaba en todo, y me gustó verle, casi siempre en segundo o tercer plano. Ya recomendé Caim. Dice que no se apartó de la Biblia, pero tiene material suficiente, porque la Biblia es un libro que conozco bien. No lo recomiendo, pero lo conozco bien.

¿Por qué no lo recomienda?

Es el libro más vendido del mundo. ¿Voy a recomendarlo?

Porque no necesita ser recomendado.

Prefiero Mahabarata. De largo. También es una epopeya.

¿Cómo ve actualmente el paisaje de Trás-os-Montes?

En las zonas en las que el hombre no trabaja, está intacto. Pero luego hay una parte en la que plantaron, de forma desordenada, cerezos, abetos, pinos, cosas así. Nada de eso es natural de esta zona. Los aldeanos echaron a perder las viñas, que era lo que caracterizaba a esta zona en relación con Bragança, y plantaron olivos por todas partes.

¿Por qué?

Porque les ofrecieron ayudas para que arrancasen las viñas. Las zonas en las que hay viñas plantadas de hace 50 ó 80 años son astronómicas. Y todo se hacía a mano, con un rastrillo y con los animales, no con tractores.

En Trás-os-Montes no hay tractores.

Quien quiera, que me dé un tractor. ¡No estoy en contra!

Uno de los actores nos dijo: «Ah, ellos no querían tractores en la película, estaban en contra del desarrollo».

No estábamos en contra, al revés. Estoy a favor del progreso, pero sobre todo, el de la inteligencia. El de quien quiere aprender cosas. Hay zonas que no se han tocado, habitadas por pastores, que también reciben una ayuda. Con el dinero que entra hacen plantaciones, pero luego no labran. Las cosas crecen de cualquier manera, se queman. Por lo tanto, el dinero de los contribuyentes acaba así, y a mí me cuesta verlo. Porque tampoco sé para dónde va mi dinero.

Necesité ir a que me operasen de la vista. Aquí, las mujeres esperan dos o tres años, se operan un ojo, esperan un año o dos, y se operan el otro. Yo fui y lo pagué todo. Di un brazo de mí, fui yo quien lo pagó.

¿Se operó de miopía?

No. Me pusieron lentes internas. Tiene la idea de que estoy contra el progreso, contra Internet. No. Me gusta todo lo que es progreso.

¿Y las construcciones que hay ahora en Trás-os-Montes?

No me hable de eso. Hace años que no veo una casa decente. Me gusta la arquitectura. Se hacen millares, y siempre se repite el mismo modelo, cimiento, ladrillos huecos. Por fuera hay una capa, para fingir que se trata de piedra rústica, barandas, columnas. Son constructores que trabajan en España y que luego se hacen su propia casa. Y están vacías. Sólo se abren en las fiestas o cuando vienen los emigrantes.

Los niños desaparecieron.

No hay niños.

Trás-os-Montes estaba llena de niños.

Las calles estaban llenas de niños. Ahora nace uno por año, si es que nace alguno. La diáspora portuguesa de esta zona es inmensa, Alemania, Suiza, Luxemburgo, Francia, el Norte de África, Sudáfrica, y comienza a pensar en Angola. Las personas más activas no viven aquí.

Rodaron Trás-os-Montes durante un verano bastante caliente. ¿Cómo fue aquí?

Lo primero, no creo que fuera una revolución. Una revolución consiste en poner las cosas patas arriba, de modo que el capital esté al servicio de quien lo sepa manejar, de modo que no haya tantos pobres y tan pocos ricos. No hubo una revolución, al contrario, lo que aquí hubo fue un abandono del oro. Me entusiasmé, como todo el mundo, pero no me lo creí del todo.

¿Pero se sentía la revolución aquí?

Se sentía. Políticamente, lo que más me duele es la situación social. Si vas a la tiendas, encuentras la situación social ahí. Queremos tener un médico, pero otros prefieren pagar la casa de su padre. La situación social está por todas partes.

Habló del padre. No se nota la religión en Trás-os-Montes.

No, no soy religiosa. Intentamos respetar sin hablar demasiado de ello. Omitir una cosa que está omnipresente es una forma de criticarla. Aquí está omnipresente. No digo que sea sincera.

Hoy, en la aldea de Gimonde, escuchamos una misa por altavoz. Pero vemos Trás-os-Montes y no hay nada que denote la presencia de la iglesia.

Omitir es una agresión. Dentro de nuestra concepción de una realidad poética, que no se aproxima en absoluto a esta actual, la iglesia no tenía sitio.

¿Siente que la presencia de la iglesia en la actualidad es mayor, menor o igual?

Igual. En el pueblo inculto está más presente. Inculto: no quiero decir que no lea, y no digo que no sean sinceros, o que crean en otro mundo. Pero se casan, van a misa, escuchan la letanía, y luego está toda la influencia de la televisión, bastante impregnada de la religión, o por lo menos de los valores burgueses. Big word, burgueses: burgo, ciudad.

No comprendo por qué vive aquí.

Ni yo. Estoy siendo sincera. Entonces, dígame una hipótesis. Ayúdeme.

¿Qué es lo que le impide salir mañana por esa puerta?

Todo. Está bien vivir en parís o en Venecia, por ejemplo. Puede ser.

Lo que dice sobre lo que la apartó del cine, uno se queda con la sensación de que tal vez todo sea una suma de equívocos.

Para mí fueron agresiones graves. Para crear, una persona debe seguir su ley, sus ideas. Y eso se me prohibió.

Pero hay otras personas.

¿Conoce a alguien que me diese dinero, un productor o una productora razonable, y dos buenos asistentes? ¿Los conoce? Cuando llegué estaba bastante baja de moral, rechazaba todo lo que tenía que ver con el cine, pero me planteo la pregunta. Si tuviese la oportunidad, lo haría.

Es decir, puede volver al cine mañana, si le dan la oportunidad.

Sí. Una oportunidad quiere decir: con mis condiciones. Y fíjese, no es cuestión de ganar dinero, me propuse hacer una película sin dinero. No es el dinero lo que reclamo. Si no, no sé qué haría aquí, al final de mi vida, tan pobre como soy. Quien se quiere hacer rico, empieza antes.

Si encontrara las condiciones para hacer una película...

Sí. Sí. Y no son muchas. Dinero, productor simpático, que deje a una persona hacer.

¿Lo que hacía?

¡Pedro Páramo! Para empezar. Está todo en mi cabeza, ¿o cree que pienso en otra cosa? Tengo escenas hechas desde hace mucho tiempo.

¿Lo haría en México, con mexicanos?

Ahora, no lo sé. En México, sí, voy a intentarlo allí. Me encantó aquello. La tierra, el cielo, la comida, los mexicanos, las mexicanas.

¿Y además de Pedro Páramo?

No voy a vivir hasta los 200 años.

¿Tantos proyectos tiene?

Teníamos dos o tres. Por ejemplo, un actor que yo quería, [Javier] Bardem. También quería trabajar con la madre de él y con aquella actriz española famosa. 

Rossy de Palma.

Y Marisa Paredes.

¿Los quería en Pedro Páramo?

Los quería.

Si tuviera que decir hoy quién fue António Reis, ¿qué diría?

No puedo hablar sobre eso. Es difícil describirlo con palabras.

Todo el mundo dice que era capaz de establecer una relación en cualquier parte.

Es cierto, es cierto. Éramos totalmente distintos, el agua y el vino. Aprendí mucho con él. Yo era muy introvertida, él era absolutamente social, y amable, y puro. Yo soy una persona más retorcida.

¿Qué aprendió con él?

Todo. [Pausa]. Todo, no. También debo casi todo a mi analista. Cincuenta por ciento a António, cincuenta por cierto a João dos Santos. Soy una quimera. No existo.

Hábleme de esos dos lados.

El lado João dos Santos no lo puedo contar. Un psicoanálisis no se cuenta. Fue mi analista amado. António también fue amado.

¿Cómo se conocieron?

Le conoció en el Palácio de Cristal de Oporto, y no me gustó nada.

¿En qué circunstancias?

Fue en un concierto. Yo estaba completamente cansada de la vida. Tenía 20 años y no sabía qué hacer. Ya estaba trabajando en [el hospital psiquiátrico] Conde Ferreira. Mi hermano médico me recogió y me dijo: «Estás ahí con esa cara... ve al Palácio de Cristal, hay un concierto». Fui allí, y al poco de llegar, apareció António: «Hola, te presento a este amigo». Se acabó el concierto y luego António nos acompañó caminando por la Rua do Museu Soares dos Reis. Mi hermano iba en medio y António empezó a meterse conmigo. Un día me mandó un libro de Rainer Maria Rilke, uno de mis autores favoritos, Cartas a un joven poeta. Y decía: «¿Está animada?». Mi hermano me dijo: «Ve, pero recuerda que es un hombre casado». Yo le dije: «Para tu información, no me gusta». Esto fue al principio, porque luego, cuando salí de casa, llegó la bofetada. Perdí la relación con mis padres 15 años. António estaba separado. A mi madre le costó mucho. Sólo volvimos a retomar el contacto cuando nació mi hija. 

¿Qué teme de la iglesia?

Nada. Pero todo, también.

Pero no le pueden hacer nada.

A mí no. Que lo intenten. Pero me impresionan las ideologías que les meten en la cabeza a las personas inmóviles. El fútbol, los toros o la religión. No lo entiendo. Son fuerzas irracionales.

Podemos pensar que el siglo XX fue un intento por parte del hombre de huir de la religión, y que el siglo XXI fue el siglo del regreso. Todo comienza con el ataque a las Torres Gemelas...

¿Ataque o auto-ataque? No me haga reír. ¿Cómo se pueden atacar las Torres Gemelas? Se ha visto todo, por aquí hay unos satélites que van por debajo de la tierra, de los yacimientos minerales, todo. ¿Por qué más de la mitad de las personas fueron avisadas para que no fueran a trabajar ese día?

¿Entonces qué cree que fue?

Un auto-ataque para provocar los acontecimientos. Pearl Harbour fue lo mismo.

Es una de las tesis sobre el 11 de Septiembre.

No es una de las tesis. Piénselo bien. Y los restos del avión que se cayeron al río, no consiguieron unirlos. Y el agujero en el Pentágono, no puede ser otra cosa que no sea un ataque causado por ellos mismos.

Entonces, leyó mucho sobre esto.

Es evidente que me interesa. Estamos en la aldea planetaria. ¿O no?

El 11 de Septiembre provocó que se radicalizasen los polos, de repente estábamos en una especie de nueva cruzada.

Actualmente, los pobres musulmanes lo están pasando mal. Hice un pequeño curso sobre los musulmanes y aprendí árabe. Aprendió y me olvidé ya. Ellos, los pobres, están afligidos. ¿Es que ahora los cristianos son mejores que ellos?

¿Entonces siguió los debates del pos-11 de Septiembre?

No, no los seguí. Estoy aquí. Pero intento verlo.

¿Siguió la candidatura de Obama?

Creo que es un tipo con suerte, el primer negro. Pero el contexto de Estados Unidos es tan complicado que no sé lo que va a hacer. Y ahora, con la reforma sanitaria, le deseo toda la felicidad, porque va a tener unos problemas... Es valiente. Realmente, hay mucha gente que no tiene dinero allí ni para tratarse un diente. Pero el Presidente es sólo un hombre de palabra, las eminencias grises van por debajo.

Publicado originalmente en Público. Págs. 34-46, 29 de noviembre de 2009.

Traducción del portugués de Francisco Algarín Navarro.