ESPECIAL REIS & CORDEIRO EN EL SEFF

De Trás-os-Montes a Amor de Perdição

Por João Bénard da Costa

En la carta que escribió al Dr. Azevedo Perdigão, Paulo Rocha anunciaba que renunciaba, por segunda vez, a la ayuda concedida a A Ilha dos Amores y proponía que, en el Plano III del CPC, esa película fuera sustituida por Trás-os-Montes de António Reis y Margarida Cordeiro.

Rocha, como acabo de comentar, había conseguido una doble ayuda (de la Gulbenkian y del IPC) para esa película. Pero fue lúcido al considerar que, en 1975, las condiciones no eran favorables para llevar a buen puerto una producción que, además de ser muy cara, comportaba un rodaje en Portugal y Japón, e incluso, tal vez, una coproducción con este último. A Ilha dos Amores se basaba en la vida del escritor Wenceslau de Moraes (1854-1929), además de su relación con el poeta Camilo Pessanha (1867-1926). Ambos emigraron a Oriente a finales del siglo XIX y Wenceslau se quedó en Japón y se convirtió al sintoísmo. Paulo Rocha quería unir los dos imaginarios, según el poema chino Nueve Cantos de Chu Yuan (poeta chino del siglo IV a. de C.), buscando relaciones con Os Lusíadas y con el episodio de A Ilha dos Amores. Definitivamente, no era un tipo de conversación que pudiera basarse en el pueblo y en el MFA. Por eso, aceptó una invitación del Ministerio de Negocios Internacionales para ocupar el puesto del Consejero Cultural en nuestra Embajada en Tokio, y se quedó allí hasta 1980. A Ilha dos Amores vio la luz de ese país lánguido e inerme, pero sólo siete años después, en 1982. Volveremos a ella.

Al proponer a Reis como sustituto –lo cual fue aceptado por la Fundação- Paulo Rocha fue coherente con lo que dijo en 1974, cuando obtuvo la ayuda del IPC: «Han retrasado la película de António Reis. De todas las propuestas, me parecía la más urgente y la más prometedora». Siguiendo estos impenetrables caminos, Trás-os-Montes fue la única película de aquellos años que nació exclusivamente del seno de la Gulbenkian, y esa fue la última vez que esto ocurrió. Fue la película que cerró el ciclo 1970-76; y lo hizo con una llave de oro.

Trás-os-Montes, que no es un documental sobre la provincia de tal nombre, sino una especie de auto-sagrado, es una película que puede recordar al realismo mágico, pues el tenue hilo narrativo que sigue la obra podría realzar el lado mágico de los personajes y los paisajes, en su búsqueda de las raíces de nuestro imaginario colectivo. Primitivismo y modernidad se funden en el cine antropológico de António Reis y de su esposa, Margarida Cordeiro, recurriendo al onirismo, o a los vestigios primitivos (como en la secuencia en el Domus de Bragança, en la que los actores recitan un texto de Kafka, traducido al mirandés), manifestando una absoluta creencia hacia el resurgir de las artes.

Reis y Margarida insistieron para que las primeras proyecciones de la obra se realizaran en esa provincia que tanto amaban.

Recuerdo una peregrinación en mayo de 1976, en la que los cineastas fueron acompañados por amigos como Miguel Torga y Nuno Bragança, para estrenar la película en Bragança y en Miranda do Douro. No podía haber ido peor. Los transmontanos, muy escaldados con las campañas de la 5ª División que los habían convertido en símbolos de nuestro atraso, querían ver el progreso en las calles, las casas estilo maison y no a los jóvenes desempleados. Ante aquella visión arcana, cayeron en la desesperación. En Miranda, la cosa casi llegó más lejos. Los gritos eran ya importantes (proyección al aire libre) cuando llegó la escena que más temía. Una comida en una casa pobre en la que se conservaba toda la dignidad del mundo. La nieve era el alimento de los comensales. Felizmente, el público no comprendió qué es lo que estaban comiendo. No reconocieron tales manjares, por lo que pasaron por alto lo extraño de tal cena. Si se hubieran dado cuenta, quizá la proyección no habría concluido o el proyector no estaría entero. 

A continuación, mandaron una carta a la Gulbenkian, pidiendo la excomunión para esas personas que «insultaron al pueblo trasmontano». Por suerte, una vez más, la presentación, en junio, en presencia del General Ramalho Eanes en vísperas de su primera elección presidencial dio un giro a los acontecimientos. Tanto al Dr. Perdigão –que, en 1975, dejó el puesto del Pelouro das Belas Artes, que regentaba desde 1960- como al Dr. Pedro Tamen (n. 1934) que ese año le sucedió, ocupando el cargo hasta su jubilación en el año 2000 les gustó mucho. Al final, el Dr. Perdigão le dijo a António Reis: «Quizá no debió llamar a la película Trás-os-Montes. ¿Por qué no le puso otro título?». Reis le miró de frente, con esa mirada suya que a veces resultaba terrible y otras muy dulce, y le respondió con una pregunta: «¿Y por qué el señor Dr. le puso a la Fundación el nombre Calouste Gulbenkian?». «Buena respuesta, Reis, buena respuesta», comentó el Presidente, que no dejó de apoyarlo.
Como decía, estábamos en 1976.

En 1975, para dar cuentas de lo que aún formaba parte del Plan II y III, se estrenaron Cartas na Mesa de Rogério Ceitil, el 6 de enero, sin elogios ni vituperios, no mereciendo ni lo uno ni lo otro (Assis Pacheco colaboró una vez más en los diálogos); Brandos Costumes, el 18 de septiembre y Benilde ou a Virgen-Mãe el 21 de noviembre. Oliveira fue el único cineasta que durante ese «año caliente» no salió a filmar a las calles, pasando al interior de la Tóbis y filmando allí esta adaptación de Régio, segunda parte de la «tetralogía de los amores frustrados», iniciada con O Passado e o Presente. En Portugal prácticamente nadie prestó atención a la película, presentada cuatro días antes del «estado de sitio» y vista por muy pocas personas. Pero dos años después, fue esa película la que lanzó su carrera internacional, cuando fue proyectada en Bolonia y en Roma en una «Rassegna del Cinema Portoghese», en que fue aclamado por primera vez como uno de los mayores. Al contrario de lo que se dice muchas veces, fue Italia, y no Francia, el país que descubrió a Oliveira y donde, en estos últimos treinta años, «El Maestro» obtuvo gran parte de sus mayores consagraciones, recibiendo dos Leones de Oro (Venecia 85 y Venecia 2004), el prestigiosísimo Premio Donatello e innumerables condecoraciones.

En 1977, Oliveira estaba filmando ya la tercera parte de la tetralogía, Amor de Perdição, su histórica adaptación del libro de Camilo. Fueron rodajes complicadísimos, mucha gente aseguraba que Oliveira nunca acabaría aquella película y sin que llegara el dinero (del plan del IPC de 1975) para una película de 4 horas y 20 minutos. En cierto momento, llegó la RTP, con la condición de que la película fuera mostrada por primera vez en televisión, y después en salas; la Gulbenkian apoyó directamente las necesidades del cineasta, ya en la fase final.

Cuando la película se emitió por televisión, a finales de 1978, ésta estaba en su mejor momento de aceptación popular. Era la época en la que la primera telenovela brasileña –Gabriela, de Jorge Amado- batía records de audiencia, llegando a interrumpir los consejos de ministros. La comparación resultó fatal para Oliveira, que no se había sometido a ningún tipo de canon televisivo ni transigió con ninguna moda. Aunque la película se rodó en color, la televisión emitía todavía en blanco y negro. No recuerdo haber presenciado en toda mi vida una campaña tan brutal contra una película portuguesa. «Aniki-Gagá» fue lo más dulce que le llamaron, siendo el mayor «dislate» que había vivido el cineasta en sus 70 años. 

Habría sido su final si el productor Paulo Branco (n. 1950), en la época un exhibidor que vivía en París, no hubiese decidido estrenar la película, en mayo de 1979, en el cine Action-République, donde programaba.

Le Monde le dedicó la primera página, el Festival de Rotterdam la seleccionó.

En Portugal, nadie se lo podía creer. Se sugería que se trataba de una campaña pagada, y aún hoy me cuesta entender cómo es posible que alguien con dos dedos de frente pensara que el Conselho de Administração de la Gulbenkian, bajo mi perfidia influencia (que, en esa época, no valía un centavo) comprara a Le Monde, o que Le Monde se dejara comprar para defender a un cineasta portugués.

Las cosas mejoraron y empeoraron cuando Paulo Branco, en una hábil operación, estrenó también en París Trás-os-Montes, con un enorme éxito crítico. Mejoraron porque en el extranjero se percibió que Oliveira no era un caso aislado y que había que tomarse en serio el cine portugués. Empeoraron porque a raíz de un famoso número de Cahiers du cinema (nº 276, mayo de 1977), en el que Oliveira y Reis aparecían en la portada, no faltó quien acusara a los espíritus dañinos de la Gulbenkian, intentado reducir el trabajo de Oliveira y Reis.

En 1978, como hoy, Portugal era Portugal. Si Trás-os-Montes, después del citado bochorno, fue testigo de la lluvia de elogios por parte de la crítica cuando se estrenó el 11 de junio de 1976 (después de obtener el Premio Especial de la Crítica en Toulouse, un gran premio en Manheim en 1977 y una Mención Honorífica en Lecce, en 1979), Amor de Perdição, cuando llegó a las pantalla del Quarteto el 25 de noviembre de 1979, hizo que muchísima gente cambiara de opinión, descubriendo los méritos de la película negados el año anterior.  

A final de la década, que comenzó con el arranque del CPC, la Gulbenkian volvió a ser protagonista de la historia de nuestro cine, con los apoyos a las nuevas películas de Reis y Oliveira.

Publicado originalmente en Cinema Português: Anos Gulbenkian. Págs. 40-42, Fundação Calouste Gulbenkian, Lisboa, 2007.

Traducción del portugués de Francisco Algarín Navarro.