ESPECIAL KRAMER: ACERCA DE 'GESTOS & FRAGMENTOS", DE ALBERTO SEIXAS SANTOS, POR ROBERT KRAMER

ESPECIAL KRAMER

La película de Alberto. Sobre 'Gestos y fragmentos', de Alberto Seixas Santos

Por Robert Kramer

Había acabado precisamente el rodaje de Guns y todavía no había empezado el montaje.

Alberto me propuso que fuera con él a Lisboa y que trabajáramos juntos en los textos para mi personaje1. Era un buen momento y un buen lugar. En este personaje de ficción del «periodista en su habitación» hay, inevitablemente, algo del material de Guns y vestigios del deseo salvaje que uno encuentra en la base de las «escenas de lucha de clases en Portugal».

Tras la caída del régimen fascista en abril de 1974, había optimismo, euforia, triunfalismo. Había una posibilidad real y una generosidad, había una apertura y una ingenuidad maravillosas. Había un movimiento popular poderoso. Después de noviembre de 1975, algunas facciones de las Fuerzas Armadas instauraron el orden tradicional de Europa Occidental. Esta experiencia es sustentada por el «periodista en su habitación» y también por la sombra de algunos amigos encarcelados. Isabel do Carmo, Carlos Antunes y otros militantes de un pequeño partido de izquierdas: fueron juzgados en un proceso polémico y condenados a penas de prisión, aparentemente perpetuas. (Hace 5 años que se encuentran presos. Este verano, tras largas huelgas de hambre, después de la protesta de las autoridades oficiales de todo Occidente, comienza a haber indicios de que vayan a ser liberados). Y otro personaje de la película de Alberto, «el General en la Sala», Otelo Saraiva de Carvalho, también era amigo de ellos.

En Guns el periodista fantasea con llegar a la tentativa de una historia.

Aquí, el periodista permanece inmóvil como una araña, intentando capturar «fragmentos de lo real» en la tela que le rodea. Pero la situación es la misma. Es la misma para ustedes y para mí, sentados en todo momento delante de nuestro periódico o de los informativos televisados. ¿Cómo es posible que nos preguntemos «te has enterado»? Aunque hubiese una historia, ¿podríamos decirnos a nosotros mismos que habíamos fingido su amago o que había exactamente «un amago»? Y claro, las consecuencias de esa historia, a pesar de ser menos violentas o mortíferas que en Beirut, fueron igualmente crueles para todo un pueblo.

El «verdadero» Charlie Horman – (2) Missing (3) – no era en modo alguno un discreto y pacato dibujante más, pero sí otro más entre otros muchos de esa extensa lista de americanos que corrían hacia la primera línea de «salvación», buscando una salida al laberinto de poder para el que la vida en América le había preparado y que él comprendía tan bien, tan instintivamente. Desempeñó muy bien su pequeño papel durante los buenos tiempos, cuando nuestro «periodista en el cuarto» tenía las manos sucias. En cuanto «llegó allí» estoy seguro de que admiró, envalentonó y alimentó la esperanza, estoy seguro de que pensó que el periodismo, y las propias palabras, eran bienes demasiado preciosos y pacíficos. Tenía que salir y correr algunos riesgos. Tenía que hacer alguna cosa. Al revés que Charlie Horman, este joven cogió un vuelo para Lisboa camino de casa, donde felizmente Jack Lemon no le estaba esperando para darle la bienvenida. De ninguna manera.

«El General en su casa», «el intelectual en su torre de marfil», «el periodista en su habitación»: hay un rigor en la película de Alberto, esas tres voces se interrumpen serenamente, silenciosamente. Son ellos mismos y son también actores. Mueven los labios, las palabras brotan, ¡nos hablan a nosotros! Pero nosotros escuchamos el silencio de sus pensamientos.

Acordarse de lo que vivieron (¿o lo que vieron fue una película? ¿Una fotografía quizá?) es el único instrumento del que disponen para intentar comprender todo eso y percibir en lo que se convirtieron.

No percibo verdaderamente de qué manera el cine portugués se convirtió en lo que es. Teatral, arcaico, hiper-moderno. Ama las palabras, admira los «textos». No obstante, cada fotograma está repleto de silencio y de muerte de las palabras, y hay cine. Tengo la impresión de haber caído en las artimañas de una novela del siglo XIX, en la que todas las reglas, todos los cánones en que se basa se obliteran. En el penoso abismo de esta forma de hacer las cosas, hay una mirada distante y tolerante en relación a tal insensatez. Una nostalgia, sin duda, y una relación de amor con un sentimiento de pérdida. ¿«Cine portugués»? Bien, no quiero ser injusto. Pero la película de Alberto, esa sí, en su diálogo con un acontecimiento histórico que afectó a millones de vidas, es una de las experiencias más dolorosas que tuve delante en una pantalla de cine. Y pueden estar seguros de que fue necesario un cierto valor y una cierta firmeza para hacerlo así, porque nadie consigue imaginar el tipo de presión a la que estamos sometidos cuando decidimos tratar un tema histórico de una grandeza tan grande y sobre el cual nadie parece estar de acuerdo. Ni en ese momento ni ahora. Pero me gusta que Alberto haya sido democrático. Él nunca afirmó: «Esta es la historia de lo que ocurrió verdaderamente». Él lo hizo de manera que cada uno pudiera proyectar la suya, y no se puede pedir más que esto.

París, 22 de agosto de 1982
(de los archivos de Robert Kramer)


1 El periodista de Gestos e Fragmentos.
2 Reportero americano asesinado en 1973, durante el golpe de estado militar chileno, liderado por el general Augusto Pinochet.
3 Missing, película inspirada en la vida de Charles Horman, realizada en 1982 por Costa-Gavras, con Jack Lemon y Sissy Spacek en la interpretación de los papeles protagonistas.

Publicado en Alberto Seixas Santos, ABC Cine-Clube de Lisboa, 1999. Coordinación de Manuel Neves.

Traducido del portugués por Francisco Algarín Navarro.