ESPECIAL ANA MENDIETA

Arte y política*

Por Ana Mendieta



No estoy segura de que vaya a hablar 25 minutos.

La cuestión de la integridad en la estética es una cuestión que me deja bastante atónita, porque soy una artista que piensa que el arte es ante todo un asunto de vocación. Ahora, la vocación es un factor que parece un límite que parece que tuviera que ver con el tipo de arte que alguien podría hacer. En otras palabras: pienso que un artista está incluso limitado a lo que él o ella puede dar a luz. Hago el arte que hago porque es el único que puedo hacer. No tengo elección. El filósofo español Ortega y Gasset dijo: «Ser un héroe, ser heroico, es ser uno mismo». Creo que esta declaración es especialmente importante si se piensa en la actitud que debe seguir un artista en sociedad. Si uno tiene una cierta capacidad para pensar: ¿cómo se puede ir por la vida sin cuestionarse uno mismo? Y si uno tiene una cierta capacidad para sentir: ¿cómo él o ella pueden quedarse indiferentes?

Las personas se vuelven presentes para sí mismas a través de un proceso real y largo de toma de conciencia, y la persona empieza a vivir como ser humano sólo a través de esa presencia. Conocerse a uno mismo es conocer el mundo, pero también, paradójicamente, supone una forma de exilio del mundo. Sé que es esta presencia mía, este autoconocimiento, lo que provoca mi diálogo con el mundo que me rodea cuando hago arte.

Me gustaría decir algunas cosas sobre la cultura. Me gusta pensar en la cultura como la memoria de la historia. Sin embargo, según Levi-Strauss, la cultura es la combinación de costumbres, creencias, hábitos y actitudes que adquiere el hombre como miembro de una sociedad. Creo que la mayor importancia del arte, aunque es una parte material de la cultura, es su papel espiritual y la influencia que ejerce en la sociedad, puesto que el arte es el resultado de la actividad espiritual del hombre y su gran contribución tiene que ver con el desarrollo intelectual y moral del hombre. La cultura es un fenómeno histórico que evoluciona de la misma manera que lo hace la sociedad, y ése es el problema al que estamos nos enfrentamos hoy. Los hombres han necesitado dominar a otros hombres para establecer su imperio por encima de la naturaleza, tratando a parte de la humanidad como si fueran objetos. La tarea más omnipresente de la civilización occidental ha consistido en la expansión de la tecnología de manera que la reivindicación de la cultura parece que tuviera que estar sometida a la asimilación de la tecnología. Me gustaría hacer una pregunta: ¿quién habla por Estados Unidos hoy? Y me gustaría responder a esa pregunta. Las agencias publicitarias.

Creo que todos sabemos que hay dos culturas dentro de esta cultura. Una es la cultura de la clase dominante, de la clase reaccionaria, que paraliza todo avance social del hombre esforzándose para que toda la sociedad se identifique con ella y sirva a sus intereses. Banalizan, mezclan, distorsionan y simplifican la vida. No hay ningún uso puro o real. Lo llaman estilización. Crean un producto, un estilo que domina los medios de comunicación, y ahora también las artes, en todas sus manifestaciones. Lo llaman estilo cosmopolita e internacional. Créanme, amigos, el imperialismo no es un problema de alcance, sino de reproducción. Es una vieja técnica, no se inventó aquí. Se utilizó en la antigüedad, lo hicieron los egipcios, los griegos, los romanos. Así, las auténticas tradiciones culturales y sus manifestaciones artísticas denuncian la falacia de la misión civilizatoria de la clase dominante. Por eso, mencionando lo dicho al principio, para mí el arte es una cuestión de vocación, y eso debe sonar ridículo a los burgueses. El riego que corre la verdadera cultura hoy es que si las instituciones culturales están gobernadas por personas que forman parte de la clase dominante, el arte puede volverse invisible, porque se negarán a asimilarlo.

Creo que el hecho de que estéis hoy aquí es una prueba de que existe otra cultura al margen de la cultura de la clase dominante. Por supuesto, lo que me aportan los grandes trabajos artísticos no sólo tiene que ver con mi experiencia, sino el propio hecho de que se crearan y de que existan. Ahora estoy segura de que muchos de ellos se crearon en condiciones tan adversas como las que atravesamos hoy. Y eso prueba que sobreviviremos. Por eso vuelve una y otra vez la cuestión de la integridad en la estética de manera histórica. Es una cuestión personal que afronta cada artista. Es una lucha constante. Están viniendo tiempos difíciles, pero creo que los artistas seguiremos haciendo nuestro trabajo. Seremos ignorados pero estaremos ahí. Gracias.

* Texto leído por Ana Mendieta el 18 de febrero de 1982 en el New Museum of Contemporany Art, Nueva York.

Traducido del inglés por Francisco Algarín Navarro.