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Especial Nicolas Rey

La montaña mágica

por Emeric de Lastens

 

 

¿Azar? Dos de las obras más amplias y más conseguidas vistas en el festival tienen como mismo marco y mismo motivo la montaña, que además está localizada en el mismo lugar, los Alpes, en alguna parte por encima de Grenoble. En Didam y Tahousse, que pueden ser vistas como un díptico, Mahine Rouhi y Olivier Fouchard plantan su cámara en los paisajes imponentes todavía preservados y montan sus películas al ritmo fulminante de la tormenta que ruge o siguiendo la pista de la sombra de una nube. El intenso trabajo plástico sobre la película (colores, contrastes, negativos) restituye a la naturaleza su primacía perforadora y elemental, origen nunca angustiante para el hombre, frágil silueta que recorre a veces a lo lejos los planos. Soñamos con Carl Brown, en quien el trabajo (foto)químico nos hace imaginar el regreso a un mundo de sensaciones primeras, pero sobre todo al cine cosmogónico de José Val del Omar, del que dudábamos que pudiera existir una descendencia tan bella y sin duda fortuita. Las similitudes son sin embargo sorprendentes: la aceleración atmosférica, la oda misteriosa a las fuerzas elementales que se enuncia entre las imágenes, los colores que, lejos de «pictorizar» la naturaleza, parecen al contrario hacer salir el dibujo escondido y la intemporalidad.

Programa a priori opuesto en Schuss !, de Nicolas Rey, puesto que la montaña que filma, domesticada y rentabilizada, es la que suben los esquiadores y la que usa la industria del aluminio alimentada por las presas hidroeléctricas. Organizada en capítulos que repiten siempre la misma estructura a partir de una serie de fuentes heterogéneas (retratos de esquiadores filmados según un viejo procedimiento cromático encontrado por el cineasta confiriendo a estos planos un aura fantasmal, como desenrollados de viejos informes del consejo de administración de la sociedad que produce el aluminio, comentario del cineasta sobre la relación entre la industria y la guerra, viejas películas amateurs en 9,5 mostrando especialmente los comienzos de la práctica del esquí…), la película es una investigación histórica cuyo principio materialista –formar una constelación significante por medio del montaje– recuerdan al trabajo de Walter Benjamin sobre París. Partiendo de un postulado comparatista (el cine, el aluminio y los deportes de invierno nacieron al mismo tiempo, y se desarrollaron conjuntamente en la primera mitad del siglo pasado al ritmo de los esfuerzos de la guerra), el cineasta emprende una especie de arqueología de los estratos históricos de esta «montaña», verdadero síntoma del siglo, confrontando los trazos persistentes de su pasado industrial con su presente sin futuro de siluetas bajando por pendientes blancas, siempre filmadas en el límite de su desaparición. Así, la imagen que puede ser la más sobrecogedora de la película muestra frontalmente a los esquiadores, saliendo en masa sin duda de un teleférico, en la bruma granulosa y sin edad de la imagen, recordando extrañamente a una cierta salida de la fábrica que marcó una fecha en la historia del cine, como si su actividad a priori inocente imitara y recubriera esta catástrofe: el hombre no domestica la naturaleza por su industria, sino para encaminarse mejor a su perdida, ¡a su schuss!

Entonces, de la montaña virgen a la montaña superexplotada, quizá una misma moral trágica (que acerca paradójicamente estas películas también, a pesar de su apuesta formal materiológica, a algunas de los Straub): la montaña está sola, el hombre también, y sus soledades parecen definitivamente no reconciliadas.

 

Festival des cinémas différents de Paris, diciembre, 2005.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.