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A propósito de 'autrement, la Molussie'

por Nicolas Rey

Quise hacer una película basada en una novela que no había leído. De manera más precisa, que no podía leer, puesto que estaba escrita en una lengua que me es extranjera –y nunca se ha traducido1–. Idea extraña, me dirán. Es una cuestión de confianza. De intuición, un poco, pero sobre todo de confianza. Hoy puedo decir que no me equivoqué, que en La Catacombie de Molussie, de Günther Anders, hay una profunda actualidad.

Sin poder leer «el guión», ¿cómo proceder? De forma simple. Siempre de forma simple… Conocía al menos la trama de la ficción: los prisioneros, sumergidos en la oscuridad de una cárcel de un estado fascista imaginario, la Molussie, transmitiéndose hisotrias sobre el exterior, como tantas fábulas de alcance filosófico. ¿Cómo hacerlo?

Filmar simplemente este país imaginario. No hace falta ir muy lejos para ello. Basta con errar con la amiga Nathalie por los paisajes más o menos urbanizados, más o menos industrializados. Pararse aquí o allá. Es destacable que procedente del azar, llegue un momento donde lo que es necesario filmar aparezca claramente sin que ningún tipo de «proyecto» haya decidido su naturaleza. Fabricar algunas máquinas con el amigo Christophe para hacer que el proyecto sea más complejo y el resultado menos previsible. No omitir filmar a algunos humanos en su actividad más cotidiana: el trabajo. Un país nunca está totalmente desierto.

El amigo Stefan me ha dejado un lote considerable de películas con tomas de 16mm. ultracaducadas. Es tan complicado conseguirlo con una imagen interesante que dejé de servirme de él al cabo de un año. Finalmente, encontré una técnica de revelado y de positivado acertada. Esta imagen granulosa, áspera, atemporal, puede a veces revelarse como fascinante, como un cuadro de Caspar David Friedrich. Persevero. Sin las posibilidades que me ofrece un laboratorio cinematográfico de artistas como L’Abominable, no habría podido hacer esta película.

Los rodajes se suceden. Aprendo un poco de alemán. Pasan los meses, pronto los años. Comienzo a tener una cantidad considerable de imágenes y sonidos. La Molussie se va dibujando. Le pregunto al amigo Peter si le parece bien leer el libro por mí. Antes que él, ya en 2001, la amiga Jutta lo había leído cuando le pedí que buscara un ejemplar en Alemania, y más recientemente la amiga Carole, que vive en Berlín. La novela se escribió entre 1932 y 1936 por Günther Stern, llamado «Anders» (en francés, «Autrement»), seudónimo que recibe por accidente en un malentendido con el redactor jefe del diario donde Stern escribía:

–¡No podemos publicar la mitad de nuestros artículos bajo la firma de Günther Stern!

–¡Pues no tienes más que llamarme de otra forma!

Günther Anders mantiene el seudónimo durante toda su vida, marcando así el anonimato y la diferencia. Termina una primera versión de La Catacombe antes de la toma del poder de Hitler, y luego confía el manuscrito al editor de Brecht. Este, por prudencia, envuelve la cubierta con un mapa de Indonesia al que añade una isla con el nombre de «Molussie» para hacer creer que es un relato de viajes. Apenas acaba de hacerlo, la Gestapo entra en su casa y se lleva todos los manuscritos que encuentra. Por suerte, los censores caen en la trampa y devuelven La Catacombe sin haberlo leído. En marzo de 1933, poco después del incendio del Reichstag y de sus fatales consecuencias, Günther Anders y su mujer, Hannah Arendt, abandonan Alemania. Exiliados en París, antes de partir para Estados Unidos en 1938, Anders completa febrilmente el libro, triplicando su volumen inicial. Intenta editarlo, pero no encuentra a nadie. Tras la guerra, piensa que editarlo no tendría ningún sentido, por lo que hay que esperar hasta el año de la muerte de Anders, en 1992, para que Becks lo publique en Alemania. Hoy, el libro está agotado, sin que haya sido traducido, si bien la obra filosófica y política de Anders posterior a esta única novela circula ampliamente.

El amigo Peter, por tanto, lee La Catacombe y le pido que elija un cierto número de capítulos que le parezcan interesantes para la película. Peter me conoce bien, tradujo mi película precedente, Shuss! al alemán. Hay confianza. Me manda su selección. Añado un cierto número de capítulos cuyos títulos me atraen. Con la amiga Nathalie, desciframos todo eso y lo traducimos de modo rudimentario para que pueda situarme. Peter viene a París, y después de hablarlo con él reduzco un poco la selección y grabamos la lectura de los capítulos que hemos conservado.

Ya puedo comenzar con el montaje. ¿Pero cómo hacerlo? De forma simple… Asocio los textos leídos con las ambientaciones sonoras. Privilegio los sonidos registrados en la duración, que se desarrollan en el tiempo de manera casi musical. De forma completamente independiente, fabrico secuencias de imágenes. Trayectos hipotéticos a través del país imaginario. Los esbozos se constituyen poco a poco.

Llega el momento de hacer que se encuentren las pistas sonoras. Nacen curiosas asociaciones. Es importante que las imágenes y los sonidos se rocen, sin matarse. Curiosamente, no hay tantas posibilidades. Poco a poco, se van fijando el número de partes y lo que las constituye y las fija. Desde el comienzo, tenía en la cabeza que cada parte podía ocupar un lugar cualquiera en la película. Este impedimento del orden aleatorio hace del montaje algo bastante particular. Poco a poco, parece que un solo fragmento de texto poblará cada parte de la película. Un recorrido visual, una ambientación sonora, un texto: como un clasicismo improbable. Y confirma que «autrement» será el título de la película, asociado con el nombre de este imaginario país.

Pero antes hay que ajustar, desplazar, girar, acortar aquí y dejar que dure allá. Pero sin forzarlo de más, para no traicionar la belleza de un sonido y de una imagen colocados simplemente juntos, sin premeditación, en el tiempo. Y dejar reposar el conjunto, antes, periódicamente, de volver a escuchar la película.

Mientras tanto, quieren expulsarnos de L’Abominable, el proceso avanza y luego se acelera, hay que mover el laboratorio. Guardamos en este lugar la mesa de montaje de 16mm. el último agosto, para poder terminar la película. Somos finalmente expulsados por sorpresa en un último y la película está también en prisión. Hay que atravesar las paredes para terminar los últimos cortes, encerrada en la interior del laboratorio como los prisioneros de la novela, en el mismo lugar en el que filmé a Peter representándolos.

Septiembre de 2011.

1. Recientemente he descubierto la existencia de una traducción al italiano de 2008 (Ed. Lupetti).

 

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.