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ESPECIAL NICOLAS REY

'Les Soviets plus l'électricité'

por Nicolas Rey

Les Soviets plus l'électricité (Nicolas Rey, 2001)


Puede que pienses que no es de mi edad

Pero es muy raro que abra mi corazón

Yo te voy a contar Magadan

¡Escucha!

He visto el valle de Nogaïsk y los grandes caminos

Si yo fui allí, no es sin rima ni razón.


Así, a duras penas, el filme atraviesa Rusia en diagonal, la Rusia geográfica y podría decir Rusia en mí. ¿De que sirve el viaje si no tenemos la esperanza de volver diferentes? El proyecto puede parecer romántico, incluso turístico, y espero que este escollo se tome con cierta distancia por la estructura formal de la película.

No obstante, los recursos históricos, políticos, personales, etc. del viaje son poco a poco desvelados.

Nuestra época carece de «un más allá», y es bueno recordar que hubo un tiempo en el que los hombres pretendían construir una sociedad sobre unas bases de la existencia radicalmente diferentes. Sin idealismo, sin embargo: Magadan fue fundada en 1941 para explotar las minas de oro de la región con la fuerza del trabajo procedente de los Goulag. Es la Kolyma de Chalamov y de otros millares. Pero no hay necesidad tampoco de regresar a lo sórdido: no se verá el mirador, los campos se han convertido, desde hace mucho, en pequeños pueblos que se parecen a todos los otros pueblos industriales de la ex-Unión Soviética. Más bien esto es lo que resulta espantoso, una sociedad entera edificada sobre diferentes grados de esclavismo, lo que nos recuerda a la nuestra.

Y en el siglo XX, el ayudante favorito de la exclavitud, es la ciencia. Si la creencia en al tecnología salvadora de la humanidad está lejos de haber cesado con el siglo, a pesar de todo, jamás se le ocurre a nadie argumentar que el el neoliberalismo es una ciencia. El socialismo burocrático, éste, que se vanagloriaba de ser una, y terminó por negar la humanidad que pretendía cambiar. Frente a esto, el Súper 8 soviético caducado, el sonido del dictáfono registrado en el lugar, el trabajo manual, resumiendo la fabricación artesanal de la película, es una manera de utilizar los medios técnicos que hemos tomado, sin estar en posición de dominio absoluto. En este espacio, el cuerpo a cuerpo con la técnica es todavía posible en una relación equitable, donde los contrarios puedan dar las ideas y donde las imperfecciones del soporte perjudican a su pseudo transparencia. Esto puede parecer paradójico, pero la historia del cine experimental prueba que designado claramente como tal, el soporte de la película puede permitir la distancia que libera la reflexión y la imaginación. Y dirás que soy un «superochochista», incluso un «superochista» retrasado, pero me parece que este bricolaje con los viejos procesos de un siglo abandonado deja más espacio a esa parte de la realidad que se resiste a la racionalización y que algunos se empeñan en llamar poesía.

Mi posición no es muy sabia pero trata de ser sensible. Simple peatón, en medio de la superestructura, me paseo con mi cámara y mi dictáfono, mientras que un tal Vladimir Poutin se convierte en Primer Ministro, tienen lugar los atentados que han llamado de Moscú y los soldados salen cada día más numerosos hacia una pequeña república del Cáucaso que algunos ya habían visitado; los más perspicaces verán algunos de ellos entre las pistas del aeropuerto de Magadan, al final de la película. A mi regreso, escribí al periódico Le Monde sobre el tema de Chechenia. El único resultado tangible: algunos días mas tarde recibí una oferta de suscripción. Finalmente, podía ser lo más natural para una imperio que guerrea en sus confines en una comarca cuyos soldados no conocen ni la lengua, ni las costumbres. Las conversaciones con las personas encontradas a lo largo del viaje no dejaban lugar a la esperanza de una protesta masiva. El resultado estuvo a la altura.

Traducción del francés de Clara Sanz.