BAFICI 2011 (4): SONNESYSTEM

Thomas Heise, con Ramona Fernández y Viviano Cruz

Por Alfonso Camacho


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Thomas Heise: El Goethe-Institut de Buenos Aires me propuso hacer un documental sobre los pueblos indígenas y dije que sí. Había algunos fondos relacionados con el Bicentenario argentino que ayudaron mucho al proyecto. Cuando llegué al poblado participé en un consejo en el que se discutía sobre la construcción de una carretera. El argumento a favor era el mejor cuidado y desplazamiento de los enfermos y el transporte de alimentos. En contra se decía que la ciudad podría contaminar la vida del pueblo. Ahí surgió mi interés. Conocí a la gente y me quedé allí.

Filmamos las tomas de invierno en agosto y principios de septiembre de 2009, y en febrero de 2010 hicimos las de verano. No solamente filmamos, sino que convivimos con la gente de la comunidad. Al ser muy difícil el acceso a los poblados por la falta de caminos nos veíamos obligados a permanecer allí. A lo largo de 2010 hicimos todo el trabajo de montaje y mezcla de sonido, así como la grabación de la música. En total estuvimos durante tres años trabajando en la película, hasta enero de 2011. No fue un trabajo continuo: hubo interrupciones porque teníamos que dedicarnos a otras actividades para ganar dinero, ya que en la película no ganamos nada. Ninguno de los participantes en la película cobró. Cada vez que podíamos volvíamos a trabajar en la película. La primera vez que se proyectó fue en octubre o noviembre de 2010, en la plaza principal de la ciudad de Río Blanquito. ‘Quemé’ muchos DVD´s para regalar a la gente de los poblados.

En el equipo de rodaje no hablábamos español, por lo que la película se rodó sin entender el idioma. A veces me preguntan si por esa razón concedí más importancia al esteticismo de las imágenes. He de decir que la película no es una postal, no es mero pintoresquismo. Se trataba por el contrario de mostrar lo que vivimos y experimentamos allí. La misma comunidad nos peguntaba: «¿cómo lo vais a hacer si no habláis nuestro idioma? ». Yo les propuse que nuestra comunicación fuera por medio de los ojos y las imágenes. Les prometí que íbamos a demostrar nuestro respeto hacia ellos con nuestras imágenes.

Me interesaron muchas cosas que no podía entender. Por ejemplo: soy ateo, pero cuando llegué a Santa Cruz me sentí atraído por las ceremonias y sermones religiosos, y por cómo las mujeres participaban en esos sermones, de los cuales no entendía nada. También a Robert Nickolaus, el camarógrafo, y a mí, que vivíamos en Santa Cruz con la familia de Viviano y Ramona, nos interesó cómo la gente convivía con la naturaleza. Esto fue muy importante en el relato. La película empieza con la llegada de la luz. También fue muy interesante ver, cuando filmábamos el cementerio, cómo la última luz del día recae sobre las cruces. No había visto nada igual en mi vida. Esto definió el movimiento de la película: desde que llega la luz hasta el final apocalíptico de la canción del último plano. Aquí se trata de cómo juzgan a uno, y ese también es un tema importante de la película. Siempre que me preguntan sobre el título del film, Sistema solar, me vuelvo a preguntar otra vez por qué lo elegí. Sé que tiene que ver con las leyes de la naturaleza: el amanecer, el anochecer, la luz, la oscuridad. Y cómo la gente convive con las estaciones del año y la luz del día. También con la velocidad con la que las sombras empujan a la luz: la película se alimenta de esa velocidad.

Es muy difícil explicar ahora cuándo, cómo y por qué se eligió cada plano. Puedo decir, en cuanto a la predominancia de los planos fijos, que no tiene sentido mover la cámara salvo si es necesario para generar otro tipo de interés. El movimiento de la cámara tiene que ver con lo que la cámara “ve”: si algo se mueve, la cámara también se mueve, pero normalmente la podemos dejar fija. En ningún caso dijimos: “por favor, esperen un momento que tenemos que plantar la cámara”. Por el contrario, nuestra actitud fue la de meros observadores que intentaron no interrumpir el transcurso normal de la vida en el poblado. Estábamos ahí y observábamos lo que podíamos. En ocasiones el emplazamiento de la cámara estuvo motivado por limitaciones físicas. Por ejemplo, en el plano de la cena de la familia en el que llovía intensamente. Teníamos que utilizar el espacio de nuestro cuarto, que estaba frente a la mesa principal, para que la cámara no se mojara y poder mostrar la cena. Solo cuando vi la imagen desde esa posición no escogida me vino a la mente la imagen de La última cena. Nos ayudó mucho el pequeño tamaño de nuestra cámara, una Canon 5d que estábamos probando por primera vez. Gracias a ella pudimos filmar las hormigas trabajando, ayudándose unas a otras. Después, en el río, vemos a la gente ayudándose entre sí. Lo mismo ocurrió con la matanza de la vaca. Lo importante de esa imagen no es la matanza en sí, sino cómo la gente del grupo se ayuda. Esa es la belleza de esa imagen: el apoyo común y cómo los niños aprenden de ello. Así también es como se hace una película. Por otro lado había cosas que no eran mostrables en su total complejidad, como ocurre con el Carnaval. Cuando se celebra se hace verdaderamente: es muy largo y complejo, y sentía que tenía que poner un fin a esa secuencia. Ese fin tenía que ver con el amanecer, con el surgimiento de un nuevo día, en la forma del niño haciendo harina. En cuanto al sonido, lo trabajamos muy cuidadosamente, como en una partitura de música. No solamente es importante que en los planos haya una representación naturalista del sonido, sino también el contrapunto narrativo que pueden producir ciertas composiciones buscadas durante la mezcla de sonido.

Cuando llegué por primera vez a Buenos Aires lo primero que vi fue la Villa 31. Me enteré que en este suburbio vive mucha gente que antes formaba parte de comunidades indígenas. Lo mismo sucede en Orán y otras ciudades, no solo argentinas, sino de toda Latinoamérica. El movimiento del campo a la periferia de la ciudad es una consecuencia de la economía que tenemos que trabajar. La importancia de mostrar el suburbio en el travelling del último plano de la película reside en la necesidad de mostrar el peligro que corren esas sociedades indígenas. Existe, sobre todo en los jóvenes, una fuerte tendencia al desplazamiento hacia la ciudad. El plano previo donde vemos a las personas trasladándose en autobús no quiere decir que esas personas van a Buenos Aires: es solo una asociación no narrativa de imágenes que tiene que ver con ese peligro. Existe un fuerte contraste entre este último plano y la belleza de las primeras imágenes, ya que es muy distinto lo que uno siente y lo que uno piensa, y de esa contradicción surge la fuerza de la asociación. No me parece bello ese suburbio, pero me veo obligado a dar cuenta de él.

Gracias a esta película me convertí en alguien más humilde. Esa gente y los paisajes que allí conocí ha sido una de las cosas más importantes de mi vida. Llevo treinta años haciendo películas en Alemania, sobre la historia alemana. Y esta película fue una experiencia totalmente distinta. Nunca he visto un lugar tan hermoso como Santa Cruz. El camarógrafo y el sonidista tuvieron las mismas sensaciones que yo. Robert decía: “no quiero que llegue el momento de volver a Alemania y que me pregunten: ¿cómo fue?”

Viviano Cruz: Cuando recibimos a Thomas la gente no tenía contacto con él, porque no lo comprendíamos. Salvo Ramona y yo, la gente se apartaba de ellos, no participaba. Por eso hubo pocos participantes. Más adelante, cuando tuvimos más trato, yo escribía y él buscaba en el diccionario. Y así fue como participamos más y más, hasta el momento en que nos conocimos bien.

La película presentó bien a toda nuestra comunidad a pesar de no tener conversación, porque no pudimos hablar con Thomas. Estamos conformes con la película, y creemos que el resto de la comunidad también está conforme. Gracias a la película hemos podido llegar a Buenos Aires.

Vivimos en dos zonas: zona baja y zona alta. En el bajo podemos llegar hasta el pueblo en vehículo, pero en verano no podemos pasar por causa del río, que crece muchísimo. No podemos pasar ni en tractor ni en camión. Solo pueden cruzar las personas que son expertas en el paso del río. En la zona alta, que son los cerros, nos hacen falta caminos para poder transportar nuestra producción. Nosotros cultivamos, sembramos toda clase de semillas. No podemos sacar estos productos porque no hay caminos. Deseamos que nos conozcan los Gobiernos, también de otros países. Queremos llamar su atención con esta película.

Ramona Fernández: Queremos que nos conozcan y que nos tomen en cuenta. Estamos muy aislados porque no tenemos caminos. Vivimos en el campo y queremos llegar a Orán, pero no hay caminos ni puentes. Ustedes han visto cómo cruzamos el río, ayudándonos unos a otros a llevar los bolsones. Queremos que lo vean todos y que llegue hasta el Gobierno, para conseguir una ayuda. Hay veces que la gente se muere de hambre y no podemos trasladar a los enfermos. No podemos pasar nuestra producción ni traerla de Humahuaca en el verano. Es lejos. Por eso pedimos una ayuda, porque estamos olvidados.


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Declaraciones recogidas en Buenos Aires durante los diálogos con el público en las proyecciones de Sonnesystem (Thomas Heise, 2011).