CANNES 2011 (11): LISTA Y NOTAS FINALES

Lista, fin y la palma

Por Fernando Ganzo



Un poco de orden en Cannes 2011, de lo mejor a lo peor:



1. L’Apollonide, de Bertrand Bonello: 9

2. The Day He Arrives, de Hong Sangsoo: 8,8

3. Le Havre, de Aki Kaurismäki: 8,8

4. La Guerre est déclarée, de Valérie Donzelli: 8,5

5. Habemus Papam, de Nanni Moretti: 8

6. Duch, The Master of the Forges of Hell, de Rithy Panh: 8

7. Restless, de Gus Van Sant: 8

8. La piel que habito, de Pedro Almodóvar: 7

9. Drive, de Nicolas Winding Refn: 7

(Gran salto de aquí al resto)

10. Corpo celeste, de Alice Rohrwacher: 6,7

11. The Tree of Life, de Terrence Malick: 6,666

12. The Artist, de Michel Hazanavicius: 6,5

13. Hanezu, de Naomi Kawase: 6

14. Miss Bala, de Gerardo Naranjo: 6

15. Le Gamin au vélo, de Luc & Jean-Pierre Dardenne: 6

16. Once Upon a Time in Anatolia, Nuri Bilge Ceylan: 5,5

17. Koi no osumi, de Sion Sono: 5,5

18. Melancholia, de Lars Von Trier: 5,2012

19. Hearat shulayim, de Joseph Cedar: 5

20. Tatsumi, de Eric Khoo: 5

21. Elena, de Andrey Zvyagintsev: 5*

22. The Murderer / The Yellow Sea, de Hong-jin Na: 4*

23. La Nuit elles dansent, de Isabelle Lavigne & Stéphane Thibault: 4

24. Walk Away Renée, de Jonathan Caouette: 4

25. This is Not a Film, de Jafar Panahi: 4

26. Ichimei, de Takashi Miike: 4

27. Impardonnables, de André Téchiné: 3,1416

28. Wu Xia, de Peter Ho-Sun Chan: 3

29. The Hunter, de Bakur Bakuradze: 3

30. Hors Satan, de Bruno Dumont: 2,01

31. Jeanne captive, de Philippe Ramos: 2

32. Arirang, de Kim Ki-Duk: 2

33. Michael, Markus Schleinzer: 0*

34. Bollywood: The Greatest Love Story Ever Told, de Rakeysh Omprakash Mehra, Jeff Zimbalist: 0

35. Polisse, de Maïwenn: 0 

Las notas son la transcripción de los envíos en caliente a Diego Lerer para la web micropsia.otroscines.com, aunque muchas cambiarían ahora por completo. Los * indican películas que, por incompatibilidades horarias, no pude ver hasta el final. Son las notas más injustas, pero he decidido conservarlas.



En un tren dejando cannes atrás



En los baños del Palais de la Croisette, las divagaciones urinarias de la prensa que allí se concentra están a menudo acompasadas por la marcha imperial de Star Wars, que suena frecuentemente en el hilo musical.  Jean-Claude Biette decía que Cannes es un festival que reconoce al cine en su buen estado de salud, mientras que Venecia era el festival que celebraba más bien a esas criaturas raras y enfermizas que algunos llamamos cineastas. Una de las frases que más se suele decir es que «si Cannes tiene un año malo, significa que ese año el cine ha sido malo, pues en Cannes se muestra todo el cine en versión reducida». Es imposible volver a esas frases sin imaginarse que la voz que anunciará la Palma de Oro será la de Darth Vader.

Si un cineasta no va nunca a Cannes, prácticamente no existe. Por el contrario, una película seleccionada sobre la cual nadie habría querido saber nada en un estreno modesto en salas, obtiene aquí la atención de lectores y de críticos, esos que, para entrar en la sala, competimos al empujón del más fuerte con personajes engalanados que desean tan sólo ver una película proyectada en ese festival.

Esta envoltura de falsa realidad, de normalidad prostituida, afecta sobre todo al gusto del que ve allí las películas. Ante la carne de rebajas que oprime el paso, las conversaciones se ven obligadas a sumergirse en las ciénagas de la apuesta por el premio, de las intenciones del jurado, en el mejor de los casos con un cáustico chorreo de bromas. Si el primer día en que sentimos algo distinto viendo una película, nos hubieran dicho que terminaríamos haciendo cábalas sobre qué triste sujeto del jurado hará tal o cual cosa, no nos lo habríamos creído. Nos damos de morros contra ese muro que, como dicen, bloqueará la crítica de cine en Cannes hasta tal punto que las reseñas serán comentarios en twitter de 10 palabras y una nota. Perdiendo horas haciendo colas para películas que no habríamos visto en ninguna otra circunstancia (y lo sabemos), nos embuchamos sin remedio hasta saturarnos el hígado de nuestro propio gusto.

Dejar Cannes es saborear este perfume amargo remezclado con la bilis excitada por algunas películas. Sentir que el palacio se vacía no solo agudiza la soledad que se sentía cuando estaba abarrotado, sino también el deseo de estar aún más solo.  Dejar Cannes es abandonar ese lugar en el que una masiva concentración da a algunos la ilusión de que, como las películas que se proyectan ahí, se existe, se está en el cine; en el fondo creo que cualquier criatura sensata sólo puede sentirse cada vez más fuera.

El tren sigue empeñado en hacer cada vez más pequeños el Mediterráneo y las palmeras. En su avance tengo la sensación de perseguir sin fin la sombra del espectador que una vez fui. Mi móvil zumba equívocamente con noticias de los premios y festejos, de esa inmensa celebración de la normalidad. El tren, sin embargo, sigue avanzando. Ya no se ve el mar. Ulises busca apartamento en el exilio; en Ítaca ya sólo hay turistas.