CANNES 2013 (7): LE DERNIER DES INJUSTES DE CLAUDE LANZMANN

Pasado, tiempo presente

Por Daniel Kasman

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Claude Lanzmann ha traído a Cannes una nueva película cuyo núcleo es el material filmado para el proyecto de Shoah de la entrevista con el austriaco Benjamin Murmelstein, el llamado último (y de los de 1975, el único superviviente) de los Judíos Mayores, quienes estaban nominalmente a cargo de los guetos judíos nazis. Filmando a Murmelstein en su exilio en Roma en 1975, Lanzmann consigue sacar de ese hombre, al que algunos consideran un colaborador nazi y otros un héroe, largos y anecdóticos recuerdos de sus experiencias trabajando con Eichmann, las diversas preocupaciones logísticas organizativas en torno a sus esfuerzos para ayudar a la emigración en la preguerra de los judíos en Viena y sus años de guerra, primero como administrador en el «gueto modelo» checoslovaco de Theresienstadt,y después como líder judío, «el Mayor de los Judíos».

Esta antigua entrevista está entremezclada, en una variación de la estructura de Shoah, con las visitas de Lanzmann a las localizaciones que aparecen en la narración de Murmelstein y la historia que las rodea: la ciudad hoy en día, los antiguos lugares de experimentación con pueblos gueto similares sui generis (incluyendo una referencia salvaje a la idea de Polonia, a mediados de los años 30, de enviar a sus judíos a Madagascar), las estaciones de tren y los campos de exterminio. El material de los años 70, filmado en celuloide por el fallecido William Lubtchansky, muestra a un Lanzmann de mediana edad, entrevistando y, como sucede a menudo en Shoah, incitando o perturbando a la persona entrevistada; el material de las localizaciones es de nuevo filmado por Caroline Champetier, en digital, en 2012, mostrando a un Lanzmann precariamente anciano pero vocalmente vigoroso y firme. Así, el tiempo se pliega con la narración: Murmelstein recuerda en los años 70 los años 30 y 40, y Lanzmann, en el año 2010, recuerda tanto su entrevista original como, más allá de ella, lo que queda de los sucesos de la grabación, a menudo recitados o contados por el anciano cineasta en el lugar de los hechos, una grabación de la topografía contemporánea, de las ausencias y de las transmisiones de la historia.

En este ir y venir del tiempo y del relato, la narración se convierte claramente en el tema de Le Dernier des injustes. La película cuenta con la única entrevista ante la cámara con el públicamente tímido Murmelstein, cuya presencia inusual como único miembro superviviente de esta clase específica de víctimas del Holocausto y como participante vuelve su testimonio tan necesario como precario, mientras que su narración y sus explicaciones están formuladas de acuerdo con su interpretación y con lo no verificable. Theresienstadt sigue formando parte alegóricamente, cuando no metonímicamente, de la vida del Mayor: y lo hace como una absurda ciudad de «shows», del mismo modo que su posición como líder consistía en una superficie igualmente hueca, así como su trabajo, garantizando la supervivencia del gueto al igual que la suya propia. No es hasta el último tercio de la película, tras los increíbles relatos sobre el elevado número de judíos que fue capaz de ayudar a escapar de los alemanes nazis y las ingeniosas formas de conseguirlo, cuando salen a la luz las políticas controvertidas y severas que promulgó Murmelstein una vez estuvo al poder del gueto –combinadas con su supuesta ignorancia sobre los campos de exterminio a los que fueron trasladados muchos de sus paisanos–. No es una coincidencia que esto suceda a la vez que las digresiones vagamente elusivas del anciano y las anécdotas,las caules comienzan a ponerse en contexto a través de la explicación de su misión de llevar el gueto como si fuera un escaparate, utilizando «las armas propias» de los nazis para mentirles. Los nazis mintiendo al mundo, Murmelstein y los prisioneros del gueto mintiendo a los nazis, y ahora el testimonio de este superviviente solitario dentro de este delicado contexto.

El nuevo material de Lanzmann y su presencia visiblemente envejecida pretende interceder en algún lugar en medio de la combinación de los hechos contados por Murmelstein, repletos de increíbles detalles, explicaciones y evasivas. Aunque el material de los años 70 de Shoah conlleva una cualidad totémica y monumental, este nuevo material, nítidamente digital y a menudo un poco impreciso, a pesar de expandirse de forma similar o de seguir la pista del ambiente histórico-presente, no muestra un tono unificado con la entrevista, tal y como la encontrábamos en Shoah. De hecho, las imágenes parecen y se sienten como de otro mundo, un mundo que no sólo ha cambiado en el tiempo que trascurrió, sino en la forma en que las imágenes se han hecho presentes, en un presente informado por el pasado. La distancia alcanzada en la película parece inmensa, con una Theresienstadt que suena alejada y fantástica, con esta construcción construida especialmente y convertida en una ilusión poblada para condenar a gente real, apareciendo casi peligrosamente como un mito. Eso es lo que hace que las tenaces resurrecciones de Lanzmann de su entrevista con Murmelstein, que el testimono del Judío Mayor y que los insistentes viajes del cineasta y su obsesión con los lugares actuales históricos sean al mismo tiempo una invención cinematográfica que gira hacia el interior y una intervención cinematográfica que explota hacia el exterior.

 

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.


LE DERNIER DES INJUSTES
Fuera de competición 
FRANCIA, AUSTRIA. 2013. 220’
Director: Claude Lanzmann
Guión: Claude Lanzmann
Fotografía: Caroline Champetier, William Lubtchansky
Montaje: Chantal Hymans
Sonido: Manuel Grandpierre, Antoine Bonfanti, Alexander Koller
Intérpretes: Claude Lanzmann, Benjamin Murmelstein