CANNES 2013 (13): UN VOYAGEUR DE MARCEL OPHULS

Un voyageur

Por Peter Alein


Querido Paul Alud,

Te escribo desde Frankfurt para contarte que ayer vi en ARTE una de las películas que formaban parte de la Quinzaine des réalisateurs de Cannes, Un voyageur, de Marcel Ophüls. Es una película de recuerdos poblados y de presencias. Entre otras: Ernst Lubitsch, Woody Allen, Otto Preminger, Bertolt Brecht, Jeanne Moreau, Stanley Kubrick, François Truffaut y, por supuesto, Max Ophüls. El cineasta de Le Chagrin et la pitié no ha hecho una gran película, pero tiene cierto interés por el gran número de anécdotas que recoge, algunas de ellas muy valiosas. Me gustó especialmente el encuentro entre Ophüls y Frederick Wiseman, si bien mi pobre inglés no llegó mucho más allá del entendimiento de una frase repetida en dos ocasiones: «Bull schit, Bull schit!». Entonces ambos comienzan a debatir sobre la diferencia entre el documental y la ficción y sobre las dificultades para encontrar financiación –Marcel Ophüls filmó su última película, Veillées d’armes, hace 18 años–.

Otra de las grandes anécdotas que recoge el filme consiste en el encuentro y la amistad entre Preston Sturges y Max Ophüls. Según se cuenta Sturges «fichó» a Ophüls para realizar una película producida por Howard Hughes. Al cabo de los días, Sturges, viendo trabajar a Ophüls, le comentó: «Creo que no estás capacitado para filmar en Hollywood, pero como sé que necesitas el dinero, seguirás diciendo acción y corten, pero nada más; yo me encargaré de la película». Esta película, como recordarás, es Vendetta. Hughes acababa de descubrir a Faith Domergue y quería hacer una película con ella. Lo curioso es que esta producción de la R.K.O. contó hasta con cuatro directores, pues Sturges fue despedido al mismo tiempo que Ophüls, y posteriormente también su sustituto, Stuart Heisler, hasta que finalmente acreditaron a Mel Ferrer. Sin embargo, lo que me llamó la atención fue justamente la declaración de Sturges hacia Ophüls, pues según cuenta su hijo en Un voyageur esta fue la peor humillación que su padre recordaba haber sufrido en todos sus años de carrera. Y, aún así, Ophüls y Sturges conservaron su amistad.

El resto de anécdotas que recoge el filme son realmente banales, sólo salvaría esta de Ophüls y la de Wiseman, sobre el que vuelvo para contarte que le vemos retratado en un hermoso paraje repleto de nieve. Imagino que nos encontramos en Estados Unidos. Marcel cuenta que Wiseman adora caminar y que siempre que se encuentran en París dedican su tiempo a ello. En el filme vemos uno de esos planos de despedida en el que Wiseman se aleja entre pequeñas montañas de nieve, abrigado hasta el extremo, pero aún así mostrando su cuerpo espigado. El encuentro es realmente particular, sobre todo por la relación de amistad que les une y los gestos de complicidad que atisbamos: se ríen, seguramente porque saben de antemano qué es lo que van a escuchar de la boca del otro.

Habría que volver a Cinéastes de notre temps. Habría que volver a esos pocos episodios de la serie en los que vemos a los cineastas trabajando (Jean Rouch, Jean-Marie Straub y Danièle Huillet…). Siempre me he preguntado cómo es el método de trabajo determinado de ciertos cineastas. Pensé en ello al ver las fotografías que me enviasteis estos días en las que pude ver a Nathaniel Dorsky filmando con su Bolex. Por eso, al ver a Wiseman en la nieve, no pude evitar imaginar a Peter Nestler, comiendo fresas en uno de sus bosques entre pausa y pausa.

 

UN VOYAGEUR
Quinzaine des réalisateurs
Francia. 2013. 106’
Director:Marcel Ophüls
Guión:Marcel Ophüls
Fotografía:Pierre Boffety, Vincent Jaglin
Montaje:Sophie Brunet
Sonido:JeanPierre Armand
Música:Marcel Ophuls
Intérpretes:Marcel Ophuls, Elliott Erwitt, Jeanne Moreau, Madeleine Morgenstern, John Simpson, Frederick Wiseman