FID MARSEILLE'09 (5): FACS OF LIFE, MADAME BUTTERFLY, NAHIED=VENUS, COMMISSARIAT, NE CHANGE RIEN

Mostrarse o desparecer (lire en français)

por Miguel García

Facs of Life, de Silvia Maglioni y Graeme Thomson, no es una película sobre Deleuze sino una película alrededor y entre Deleuze; así la ven los dos cineastas noveles que la presentaron en el Théâtre du Gymnase marsellés. La obra toma como partida las clases del pensador en el campus parisino de Vincennes para articular un texto de incontables ramificaciones: la imagen, el capitalismo, la Historia, la universidad... Y pone todo esto en imágenes que se inspiran en el cine experimental activista que recorrió Europa después del 68.

Es por lo tanto una obra muy ambiciosa y casi pretenciosa, que en su desmesura encuentra sus mejores y peores rincones: junto a momentos de brillantez absoluta hay otros bastante autocomplacientes. El interés con el que se sigue la película sube y cae a velocidades vertiginosas, pero cuando se apagan las luces quedan ciertas escenas para el recuerdo: una larga secuencia con un hombre leyendo textos de Deleuze ante una descorazonadora autopista repleta de coches, y un interesante elogio de lo inútil que levanta el último tramo del filme.

A continuación pudimos ver Madame Butterfly, un mediometraje de Tsai Ming-liang inmediatamente anterior a Visage que le fue encargado por un pequeño festival italiano para homenajear al compositor Giacomo Puccini. Según relató el cineasta, el pobre presupuesto que le fue otorgado le obligó a rodar con una cámara pequeña y una sola actriz: el resto de los personajes no saben que están formando parte de esta historia (y muchas personas en segundo o tercer plano dedican miradas sorprendidas a la cámara). Estas circunstancias han obligado al taiwanés a abandonar su habitual puesta en escena: pese a que se mantiene el magnífico dominio del espacio fílmico (la impresionante fisicidad de los andenes en el descenso desesperado de la protagonista a las tripas de la estación), el plano fijo tiene que dejar su lugar a una cámara que sigue al personaje a todas partes. No en vano la estructura y el estilo visual de la película son puramente dardennianos.

La historia, levemente inspirada por la ópera, de una mujer abandonada a su suerte en una estación extranjera, avanza brillantemente por su camino marcado (seguimiento meticuloso de un personaje en situación angustiosa) hasta un final donde Tsai Ming-Liang gira súbitamente el volante y nos devuelve al cineasta personalísimo y burlón que conocíamos.

Poco se puede decir de la siguiente película de la Competición Internacional, salvo que es sorprendente que haya conseguido entrar en la sección más prestigiosa. Nahied=Venus, de Parisa Yousef Doust, es la historia del fracaso de su directora en conseguir realizar un documental sobre la vida de su tía, ex-revolucionaria política que perdió la cordura y tuvo que ser internada en un psiquiátrico. Salpicado con imágenes propias de una videocreación adolescente (la realizadora que se filma frotándose contra una pared o colocando unas bombillas, y luego lo repite en bucle), el filme muestra la negativa de la familia a hablar de la oveja negra. Pero cuando consigue declaraciones de su madre o de la propia enferma, tampoco obtiene gran cosa. Da la sensación de que, pese a lo interesante que podría resultar la idea de alguien que por luchar contra el sistema acaba destrozado mentalmente, todos los personajes exageran sus problemas y que la película los exagera a ellos y a sí misma, dándose una importancia que le queda muy lejos.

Ya entrada la tarde, breve escapada a la Competición Francesa para ver un documental directo y sencillo, necesario tras la sobredosis de rasgos de autor (deslumbrantes o fallidos) de estos días. Commissariat, de Virgil Vernier e Ilan Klipper muestra, con intención de neutralidad y dejando de lado posicionamientos políticos, la vida de unos policías en un pequeño barrio de la región de Île-de-France. El filme se aleja bien del estilo televisivo que la elección del tema podría sugerir, manteniendo un rigor en la planificación que, por ejemplo, destierra la falsedad del contraplano. Con un tono bastante pesimista, oímos conversaciones de los policías quejándose del barrio o de las infidelidades de su pareja y cantando canciones melosas de la radio mientras patrullan; el grueso del filme, sin embargo, se aleja de esta línea cotidiana y nos presenta los pequeños conflictos de la zona. El hecho de que los policías sean también vecinos del barrio, y conozcan por lo tanto la biografía de aquellos que entran en la comisaría, otorga un matiz muy íntimo a sus problemas pero no borra la tensión de un barrio deprimido y pobre con numerosos casos de alcoholismo, maltrato, etc. Sin embargo los realizadores logran mantener el humor negro y patético de su galería de situaciones conflictivas: cuando logra capturar el absurdo de las relaciones humanas (la mentira, la estupidez humana) la película se acerca a la grandeza, pero a veces cae bajo el peso de un cierto sensacionalismo y notamos la ausencia de algunos elementos necesarios para comprender la situación. El trabajo más burocrático de los policías siempre queda fuera de la narrativa, primando situaciones más llamativas y originales.

Para terminar, pudimos ver el último trabajo de Pedro Costa, Ne change rien, cuyo interés reside principalmente en ser el primer documental de una cantante que apenas puede seguir un ritmo simple; el proceso de aprendizaje se revela lento y agónico para el espectador, y muestra la extraordinaria paciencia y capacidad de sacrificio de los músicos que acompañan a Jeanne Balibar (y, para ser justos, también su propia tenacidad casi incomprensible, su fuerza por no rendirse y superar sus fallos como músico). Un proceso para llegar a ser profesional que entronca con el cine clásico norteamericano que defiende Costa, y que puede resumir en el trayecto que lleva, del primer al último plano, de la sombra a la luz. Para un comentario más detallado de esta película, junto con la nimiedad presentada por Jean-Claude Rousseau en rigurosa exclusiva, que ha gustado a los redactores de Independencia y a mi compañero, pueden leer con más detenimiento la crónica de Fernando Ganzo de hoy.