FID MARSEILLE'09 (6): FIÈVRES, apuntes sobre THE YES MEN FIX THE WORLD y, de nuevo, Skorecki

Buena conciencia (lire en français)

por Fernando Ganzo

Vladimir Léon me tranquiliza sobre el filme de Skorecki y lo que dije de él: es su personaje y su representación la que domina el discurso, pasando por encima del testimonio sobre Libération. Dos ideas claves: un filme de despedida, un personaje que queda fuera de su tiempo (el póster junto a su escritorio es de Río Bravo, pero podría ser Centauros del desierto), y un testimonio atroz sobre la crítica: todo el mundo piensa lo mismo. Es pues la descomposición moral de un mundo, de todo un gesto de interpretación de la realidad. Desde los 70 hasta ahora (y él ya lo adelantó en su texto en los Cahiers de Daney y Narboni, Contra la nueva cinéfilia), las puntuaciones de las películas difieren progresivamente menos entre Télérama y los Cahiers, la amplitud del espectro es cada vez menos importante.

El documental medical Fièvres de Ariane Doulet fue proyectado en sesión especial (el pase de ayer no pudo concluirse) sin apenas tiempo para prevenir a nadie, creando un ambiente de pase privado. Frente a la sala, el gabinete de un doctor de cabecera en Benín. Por él van desfilando los pacientes, micronarraciones en plano continuo, filmando con PRUDENCIA ante los cuerpos que se prestan frente a la lente. La cámara cinematográfica puede pedir permiso y filmar agradecida. El doctor, bilingüe, conocedor de la ciencia, conforma un personaje de dimensiones mitológicas. Mejor Sherlock Holmes que House. Sus argumentos lógicos y los interrogatorios convierten los exámenes de sus pacientes, envenenados, afectados por la malaria o enamorados en microfilmes de misterio. Es la mitología de la verdad y la fe la que encarna la película. En escasos momentos la cámara sale de esa consulta: para visitar a una familia afectada por el SIDA, asistir a una escuela donde se enseña el francés y las prevenciones ante esta enfermedad, o para reflexionar mirando a la luna. Digno filme que perdió a sus espectadores.

Leemos en Rancière (El espectador emancipado) sobre The Yes Men Fix The World: «Riesgo de convertirse en la parodia de la eficacidad reivindicada. Riesgo de una eficacidad espectacular encerrada en su propia demostración. (…) Queda saber si esta performance de mistificación de los media tiene el poder de provocar formas de movilización contra las fuerzas internacionales del capital». Lo confirmamos. Un verdadero intento de subversión dialécticamente efectivo: identificar un código moral más o menos decente con un antisistema. Si bien hablamos de decencia sin poder profundizar en ese término, sí esperamos tener más tiempo para poder regresar sobre ciertas películas ya comentadas. Cuestión de justicia.