FID MARSEILLE'09 (7): THE YES MEN FIX THE WORLD, MATERIAL, ADIEU, MON GÉNÉRAL

La fuerza de un cambio intangible (lire en français)

por Miguel García

Los organizadores del FID han elegido caminos interesantes en sus proyecciones paralelas; quizá el más original sea el de proyectar una serie de películas sobre superhéroes en el sentido más amplio del término. Nada contrasta tanto con los documentales, nos dicen los responsables del festival, aunque es cierto que estiran el concepto a su antojo hasta el punto de incluir Shirin en dicha selección.

Para comenzar la jornada nos dirigimos a esta sección a ver The Yes Men Fix the World, segunda película protagonizada por Andy Bichlbaum y Mike Bonanno y primera que dirigen ellos mismos; son dos artistas que se hacen pasar por directivos de grandes empresas para reventar conferencias con sus performances. Al igual que los Sex Pistols aceptaban que eran pésimos músicos, los responsables no esconden su propia simplicidad, no buscan más que incomodar y molestar, tocar las narices a las grandes empresas que pretenden lucrarse olvidando la ética, por eso se sigue como una especie de álbum punk; una explosión de rabia en un mundo absorbido por el ultraliberalismo, sí, pero sobre todo por la credulidad. Más sutilmente que sus críticas directas, los Yes Men también nos muestran lo acostumbrados que estamos a las salvajadas de estas compañías, el nivel de aceptación que consiguen sus ideas locas en un locutorio desprevenido. En general, nos dicen sus imágenes, hemos perdido la capacidad crítica, el discernimiento de la ironía y el sarcasmo; pero si además unimos que el inconsciente colectivo asume dócilmente la maldad de las grandes compañías, el territorio es perfecto para la divertidísima llamada de atención de estos dos expertos. Sólo les pierde cierta cobardía en algunos momentos, que les lleva a realizar secuencias de autojustificación algo contradictorias con el espíritu de la cinta.

Tras la ligereza de los dos bromistas, había que coger fuerzas para una película monumental: Material, de Thomas Heise. Una película de 166 minutos que recopila numerosas grabaciones para realizar una exposición tan libre como directa de la reunificación alemana. De las revueltas callejeras posteriores a la caída del Muro de Berlín (quizás lo mejor de la película, unas imágenes de espectacular dureza, afiladas y potentes como un puñetazo), pasamos a un director que intenta montar una obra de teatro durante la época, y de ahí a las declaraciones de unos militantes y cabecillas del socialismo que, con toda la adrenalina de la situación dibujada en sus caras, intentan componerse y recomponerse ante lo inevitable. Otra línea de la película nos habla de la situación de la policía y las prisiones en la época, reuniendo monólogos en bruto de varios carceleros que intentan agarrarse a la moralidad antigua mientras a su alrededor todo cambia vertiginosamente, o de unos presos aprovechando la coyuntura para pedir amnistías más amplias. El choque de las estructuras mentales de una RDA estancada con un viento de cambio que derribaría un telón de acero es el hilo conector de todas estas historias.

El trabajo de Heise respira autenticidad y rigor, pero también sabe mostrar con exactitud el tumulto de emociones que llenaban el país. Pese a la limpieza de su trazo, Heise se muestra, en los resquicios de su montaje, bastante crítico con todo el proceso de su país: el mejor plano de la película tal vez sea el que muestra la contradicción de una anciana camarada del Partido interrumpida brusca y maleducadamente por la presencia acaparadora de un alto cargo socialista que se autoproclama voz del pueblo. Excelente trabajo el del realizador alemán, pese a ciertas repeticiones en el tramo medio de la película y a una sensación final de que las diferentes líneas expuestas a lo largo del metraje no terminan de cerrar. Un filme exigente pero limpio, necesario, implacable; un trozo de Historia con sus contradicciones, su ruido y su furia.

Terminamos la crónica señalando levemente una pequeña decepción: la de Adieu, mon général, de Mariel Muntini, película en Competición Francesa (tal vez deberíamos repasar nuestras crónicas y cuadros de votaciones para comprobarlo, pero sorprendentemente se antoja la mejor sección del festival) que estropea un planteamiento muy llamativo: la realizadora graba los últimos momentos de una relación que agoniza, resaltando obviamente todos los momentos más humillantes para el que una vez fue su general y ya no manda nada. Gran idea que se pierde por culpa de una pareja sosa y aburrida; sus escenas íntimas interesan por la parte voyeurista que todos tenemos y por los insultos descarnados que son algunas secuencias, pero del tedio de esta pareja poco puede sustraerse, y la película termina resultando un desfile de momentos sin interés que no llevan a ninguna parte.