SEHNSUCHT (Valeska Grisebach):

GIJÓN'10 (7)

por Moisés Granda

Si tenemos en mente Amanecer, reencontraremos en Sehnsucht la misma premisa inicial de la película de Murnau. Un hombre, Markus, entre dos mujeres: Ella, su esposa; y Rose, la mujer que conoció en una fiesta. Cada una de ellas ligada a un espacio determinado: el campo (lugar tranquilo y próspero para la vida en familia) y la ciudad (espacio para el nacimiento de la tentación). En un primer tiempo encontramos algo de ideal, pero esa felicidad se verá rota con una aventura que supondrá una suerte de descenso a los infiernos de la mente. La segunda mujer hará aparecer la duda en los pensamientos de Markus, y esa duda comenzará a agrandarse hasta no dejarle ver.

Evitando caer en todo momento en la trampa emocional, Valeska Grisebach filma la vida tal cual es, sin exacerbaciones, durante un corto período de tiempo (quizá un par de meses) donde vemos los días y las semanas pasar sin que nada llene el vacío que los forma.

Sehnsucht demuestra el gusto de Grisebach por desarrollar un arte del retrato, el acercarse a los rostros y filmarlos de cerca, en ellos descubrimos las preocupaciones y los momentos de alegría, un poco de la misma manera que lo encontrábamos en las películas de la generación de cineastas franceses posteriores a la Nouvelle Vague, de Eustache a Garrel. Ya la escena del baile en la fiesta de los bomberos voluntarios apela a la de Le Garçu, donde Pialat se inventaba una coreografía recubierta por Rythm of the Night alrededor del cuerpo de Géraldine Pailhas anticipando la que Claire Denis desarrollaría con Denis Lavant cuatro años después en Beau travail. Si algo destacamos de los bailes filmados por Grisebach (dos, uno con cada una de las mujeres) es la capacidad de hacerlo sin ningún adorno, buscando siempre la imagen justa, que viene a ser lo mismo que el gesto justo. Si luego las músicas escogidas son malas y los invitados no muy estilosos es porque en películas tan pegadas a la vida a veces no existe la posibilidad de elegir.

El epílogo de la película traspasa el mundo de los adultos para llegar al de los niños y en él descubrimos cómo ese incidente, ya convertido en rumor popular, trasciende al nivel de mito oral: uno de esos affaires trágicos que alimenta la crónica histórica de las pequeñas poblaciones. Esta pequeña coda de aire infantil retrotrae al universo mágico que Grisebach ya desarrollaría en su ópera prima, Mein Stern, donde, en un procedimiento similar al de Demi-tarif, de Isild LeBesco, retrataba con ternura y encanto las primeras fluctuaciones amorosas de un grupo de adolescentes.