BUNGALOW (Ulrich Köhler):

GIJÓN'10 (8)

por Moisés Granda

Un bungalow, una piscina, los campos y caminos que los rodean, una terraza, una estación de tren, una discoteca y una habitación de hotel son los espacios por donde se desarrolla el primer largometraje de Ulrich Köhler, espacios vacíos o muertos en su mayor parte, alrededor de los cuales se dibujan una serie de trayectos erráticos que recuperan de alguna manera un cine alemán ambulante que no habíamos vuelto a ver tan brillante desde los tiempos del Wim Wenders de En el curso del tiempo o el Peter Handke de La mujer zurda. De entrada, podemos pensar en la abundancia de medios de transporte presentes: el camión con los soldados, el coche del hermano, la moto de la ex-novia, el tren, el camión-cisterna o el 4x4 de los militares. Esa aparente movilidad en el espacio contrasta con la inmovilidad en el crecimiento personal del joven protagonista.

Bungalow perfila bien las inquietudes que Köhler seguiría trabajando en Montag kommen die Fenster: el desafecto de un personaje hacia el mundo que lo rodea, su alienación voluntaria. La frialdad de los seres que habitan estos territorios es producto de la desesperanza, de la falta de un objetivo vital. Si Nina, la protagonista de Montag kommen die Fenster, escapa de una vida que comienza a estabilizarse, a olvidar el sentido de la aventura, Paul, el pasivo protagonista de Bungalow, huye del ejército pero no encuentra una salida posible a su estancada existencia, entre otras cosas porque no la busca. El presente que habita es pasajero, pero Paul lo siente como si fuese a durar a perpetuidad. Esa dilatación temporal es uno de los grandes méritos de la película y el mayor de sus misterios, esa ambivalencia entre el tiempo que pasa rápido y el ancla que impide al protagonista avanzar en la vida. El único móvil que lo mantiene atado al día a día son dos mujeres: de un lado, su antigua novia, Kerstin; y del otro, Lene, la novia danesa de su hermano. Hacia ellas vuelca un deseo de atención sexual, casi siempre sin éxito, aunque en el fondo todo parezca una gran excusa para llenar el tiempo, para continuar sin hacer nada.

Probablemente sea Bungalow una de las películas que más y mejor nos muestran los obstáculos que encuentran los jóvenes de comienzos del siglo XXI para alcanzar un objetivo a perseguir, donde todo el entorno se confabula a favor de la pereza y la pasividad y donde detrás del ansia de libertad no hay un verdadero fin que la fundamente, tan sólo un deseo de huir, de evadirse del mundo.