EL ESTUDIANTE (MITRE)

Alumnos inteligentes

por Fernando Ganzo

 



Mi primer día en Gijón y he visto una buena película, El estudiante, cuya fama (más o menos) la precedía y que es el debut de Santiago Mitre. Debut de alumnos aventajados, de alumnos inteligentes (que no película inteligente, las películas no son ni inteligentes ni tontas) sobre la ascensión de un estudiante de derecho dentro de la política y las elecciones al rectorado en la universidad de Buenos Aires. ¿Por qué inteligente? Por dos razones.

1º: El estudiante es como un western, mejor dicho, como aquellos westerns «de causa mayor». Esos donde el héroe, presentado como un tipo sin excesivas convicciones y que suele conseguir lo que quiere, se ve envuelto en algo superior a sus deseos y abandona sus motivaciones principales por una causa mayor. Hay miles, desde Tourneur (Great Day in The Morning), hasta Peckinpah (Wild Bunch). En El estudiante la causa «menor» son las chicas y la «mayor» es la política. El protagonista, Roque (Esteban Lamothe, de gesto torcido y poderoso, conocido ya en Historias extraordinarias, Castro o Todos mienten), tras saltar un poco de cama en cama termina cayendo en la de Paula (Romina Paula, la gélida, hipnotizante y cegadora presencia en las películas de Matías Piñeiro), que pertenece a una agrupación política en la universidad (Brecha), y que es absolutamente la chica por la que cualquiera se dejaría meter en política (en esta película los personajes son, no están). No sólo Roque cambia de objetivo sino que la película lo hace: entre la descripción y la narración encadenada más propia de un thriller, empezamos a perder de vista a Paula, empezamos a ver más a Acevedo, líder político admirado (¿y amado?) por Paula. Lo inteligente en todo esto es que en ningún momento sabemos si tanto Roque como la película están tirando un farol, si en realidad no dependerá todo constantemente de Paula. Aún cuando parecemos estar sumergidos en la política, nos preguntamos ¿no se lo estarán jugando todo con un farol? Se lo juegan, sí, y encima ganan.

2º: El estudiante es una película infiltrada. Ante la falta de medios, ¿cómo hacer una película sobre la actividad política? Filmando poco y bien. Filmando con teleobjetivo, siguiendo al personaje de lejos, pues no se pueden hacer muchas tomas, aprovechando la realidad de la universidad e introduciendo a los personajes en ella. Los pobres pueden ser los ricos (la película también va un poco de esto).

Ambas cuestiones tienen su inconveniente. Lo complicado, claro, es pasar del lenguaje del catre al del mitin. Hay que pasar por muchos diálogos expositivos que por momentos crean una especie de poética de la conversación política fascinante (con brillantes irrupciones de voz en off), pero no siempre. Aún así, ningún personaje parece un mero vehículo de mensaje, la aparición de cada uno parece el extremo de un hilo que viene de muy lejos pero que no vimos. En cuanto a la forma, el método que parece emplear la película casi obliga a caer en planos feos (movimiento en teleobjetivo, un tanto excesivo, planos de nucas, etc.), pero no restan nada a la habilidad de la planificación (sobre todo cuando Roque, Paula y Acevedo comparten escena y se juega a la ambigüedad absoluta).