WALK AWAY RENEE (CAOUETTE)

El otro lado

por Miguel Blanco Hortas

 



Una de las cosas más sorprendentes del cine de Jonathan Caouette (o al menos de sus dos largos autobiográficos) es el recurso a la tercera persona para hablar de sí mismo. A pesar de que tanto Tarnation como Walk Away Renee son películas que se pueden considerar exhibicionistas, el director marca una distancia con sus propias imágenes reproducidas. En Tarnation, mediante los intertítulos, siempre contando los hechos de la vida de Renee y Jonathan sin mayor énfasis que el de la música que acompaña a los collages visuales. En Walk Away Renee, Caouette va un paso más allá. Si su ópera prima se formaba a partir de las imágenes que el cineasta había registrado con su cámara durante casi veinte años para construir un monumento, en esta continuación hay mucho material grabado en la actualidad acompañando a los innumerables registros que Caouette elaboró a lo largo de su tortuosa juventud.

Muchas de estas nuevas imágenes chocan porque ya no se trata de un material inconsciente, de algo grabado casi por desesperación, sino que son imágenes concebidas para la realización de una película. El movimiento de la cámara ya no es tan impulsivo y amateur como el de los videos caseros de Tarnation, y es, además, un movimiento dirigido por alguien que ya no es Jonathan Caouette, ya no es él quien maneja la cámara, convertido definitivamente en un personaje de ficción más de su gran película sobre su vida.

¿Qué quiere decir esto? Quizás que el Caouette que vemos en sus películas nunca ha sido el real. Es posible que siempre haya sido una figura creada por él mismo para protegerse de una vida llena de sufrimiento: las desgracias que propiciaron la separación de su madre, los abusos que sufrió a cargo de su familia adoptiva, la complicada relación con su padre y con su abuelo materno… Una de las razones que apoya esta teoría es que Jonathan Caouette no quiere ser filmado. En nuestro encuentro para entrevistarle, nos rogó que no lo grabáramos en video y que no subiéramos su voz a Internet, puesto que detesta que su voz se reproduzca. Quizás estuviéramos con el auténtico Jonathan y no con el que se muestra en ruedas de prensa y presentaciones, ni con aquél que aparece en sus películas. En Tarnation, lo que podría haber sido una catastrófica e inacabable descripción de desgracias se convertía en una cinta emotiva que hacía que el espectador volviese a reencontrarse con el melodramatismo más puro, sin necesidad de los habituales tics de Hollywood e imitadores. Era una cuestión de montaje, de fotografías, recuerdos, videos analógicos y sentido musical (tanto por la incorporación de temas musicales como por las distorsiones sonoras).

Walk Away Renee va un paso más allá en su ruptura con la realidad. No únicamente en la elaboración consciente del plano, sino también en las diversas manipulaciones de la imagen que Caouette efectúa con imaginación, en busca de una realidad que sobrepase las imágenes superficiales, sin por ello perder la habitual emotividad de su cine. Pienso en la visita al parque de atracciones, donde Caouette mezcla el rostro alegre de su madre con planos distorsionados de las atracciones de feria que avanzan a toda velocidad, dejando poderosos haces de luz. Al final de esa escena, ante la marea de imágenes, parece que el propio rostro de Renee acaba fusionándose con ese chorro de luces y sombras que sacude la pantalla.

Caouette dice en la película, con contagiosa esperanza, que para él las personas con enfermedades mentales viven en otro mundo, donde son personas normales, y que ese mundo existe. En cierta manera, su cine es una aventura en busca de ese mundo. Tarnation otorgaba una belleza inagotable a la figura de su madre. Un homenaje creado con iMovie, programa que cualquiera puede usar para crear montajes caseros de bodas, bautizos, cumpleaños y demás celebraciones. Un vehículo para mostrar la belleza de su madre, pero también la suya propia. Walk Away Renee lleva esa idea más allá, viajes astrales a otras dimensiones incluidos, pero sin salirse nunca de los parámetros de producción habituales en su cine. Un viaje alucinógeno a través de un agujero de gusano a una dimensión en la que Caouette padece la misma enfermedad mental que su madre y donde la ambientación puede recordar al episodio polaco de Inland Empire, de David Lynch. Realmente, todo forma parte de un sueño que Caouette tiene tras quedarse dormido en la bañera, a la manera del personaje interpretado por Rebecca Romijn en Femme Fatale, otra proyección del subconsciente construida a partir de la influencia del cine, aunque la visión de De Palma sea más cinéfila y menos dramática que la de Caouette.

Con todo esto quiero decir que Walk Away Renee me parece una película muy diferente a Tarnation. Es un más allá de Tarnation, más que un resumen y continuación. La anterior era un monumento erigido durante toda una vida, mientras que aquí estamos ante una realidad mucho más esquiva, misteriosa, incluso peligrosa. Es también el final de las películas alrededor de su madre y de sí mismo. Caouette dice que no volverá a realizar una película así. No tengo claro si es porque ha superado sus problemas, o más bien porque ha aprendido a vivir con ellos. Viendo Walk Away Renee, parece esto último. Y anuncia que, si consigue tener una carrera cinematográfica convencional, empezaría a trabajar en una película de terror.