LIFE WITHOUT PRINCIPLE (TO)

El dinero

por Miguel Blanco Hortas

 


 

El cine de Hong Kong siempre se ha caracterizado por su velocidad. Por su libertad para fabricar imágenes a cada segundo. El cine hongkonés se ha construido a golpe de puños, patadas y espadas. De estas acciones no se crearon únicamente géneros e historias, sino también una filosofía del plano y del montaje, para mostrar una manera única de ese tiempo que transcurre entre la acción de golpear y el impacto con otro cuerpo. El dominio de la Shaw Brothers en los años 50 y 60, y de la Golden Harvest en los 70 y 80, creó una escuela, tanto de cineastas como de espectadores, preparados todos ellos para crear y consumir este tipo de cine. Su último momento de gloria llegaría a finales de los 80 y principios de los 90, cuando los últimos grandes maestros de Hong Kong (Tsui Hark, John Woo, Ringo Lam o Patrick Tam) realizaron sus mejores y más famosas películas, antes de que la crisis de la industria de mediados de aquella década, previa a la anexión a China, cambiara para siempre el cine de la ciudad.

El cine de Johnnie To partió de la herencia de estos directores para alcanzar nuevas metas. Sin dejar de lado algunos conceptos básicos del cine de la ex-colonia, es el cineasta que mejor ha sabido adaptarse a esta nueva etapa de la historia de la ciudad, desde el punto de vista económico, industrial y estético. Es también el único director que ha conseguido mantener una carrera dentro de los estándares productivos clásicos del cine hongkonés. Realiza una o dos películas al año, tiene una productora propia, un grupo de colaboradores fijo, y no tiene problema en pasar del género de acción a la comedia, ni de tocar el melodrama, ni siquiera de mezclar géneros en una misma película. Su estilo ha seguido la evolución lógica de muchos otros maestros. Iniciándose en el ingenuo e industrial cine hongkonés de los 80, lleno de historias de camaradería y venganza, ha ido enriqueciendo sus maneras hacia unas formas más reposadas, mucho menos estridentes, multiplicando las referencias al cine europeo, especialmente a Jean-Pierre Melville (Mad Detective, Vengeance) o Jacques Demy (Sparrow), sin olvidarnos de directores americanos como Hitchcock o Vincente Minnelli, que aparecen de manera inesperada en sus magníficas comedias Needing You o la reciente Don’t Go Breaking My Heart.

Life Without Principle es algo distinto. Está claro que temáticamente puede situarse en la línea de su díptico Election, esto es, una película de intrigas cruzadas en la que detrás de todas las motivaciones se encuentra la lucha por el poder y por el dinero. Si el primer Election era un prodigioso ejercicio de narración, lleno de giros argumentales y conspiraciones, la segunda entrega era mucho más oscura, se desplazaba en una sola dirección y tenía un ritmo más moroso que señalaba que el tiempo de las aventuras y la época dorada de las Tríadas habían terminado, dejando paso a la dictadura del gran capital y de ese gran Estado, China, que todo lo absorbe. Se puede decir que Life Without Principle es la primera película política de Johnnie To desde Election 2. O la primera estrictamente política, puesto que sus películas siempre incluyen algún comentario al respecto.

En la primera parte de Life Without Principle, Johnnie To realiza uno de los ejercicios más arriesgados de la historia del cine de Hong Kong. Renuncia al montaje impulsivo, a la introducción de insertos para destacar breves acciones y a la acumulación de situaciones, elementos característicos del cine de la ex-colonia británica. En su lugar, planos morosos, lentísimos movimientos de cámara que acercan y alejan a los personajes. Los protagonistas de la película parecen atrapados por estos movimientos, perezosos pero inexorables, como metáfora del destino funesto que les espera. El protagonista de Life Without Principle no es el pequeño gangster que interpreta el carismático Lau Ching-Wan, ni el policía Richie Ren, ni la empleada del banco a la que pone rostro Denise Ho. No, el auténtico protagonista es el mercado y el flujo de dinero, que parece ser el que marca el ritmo de la película y la gravedad de los planos. Por momentos, la película de Johnnie To podría recordar al episodio de British Sounds del Grupo Dziga Vertov en el que la cámara está controlada por la cadena de montaje de una fábrica. La cámara de To describe movimientos mecánicos, subrayando la amenaza de la crisis bursátil. Tampoco está lejos de Full Alert, la película que Ringo Lam realizó en 1997, año de la crisis de las divisas asiáticas y última gran crisis del sistema capitalista hasta la actual y que motiva la existencia de Life Without Principle. En ambas, las tramas criminales y la presencia agobiante de la ciudad desembocan en una mirada agresiva a la situación política y económica de la ciudad. En Full Alert, realizada en el año que la tutela de Hong Kong pasaba finalmente a manos chinas, hay una escena asombrosa, aquella en la que el ladrón que trata de capturar el policía interpretado por Lau Ching-Wan consigue escapar vía marítima y los policías se quedan mirando temerosos al horizonte. Al otro lado de la bahía se encuentra China.

De todas formas, al contrario que Full Alert, esta nueva película de Johnnie To no esconde sus motivaciones económicas y políticas, sino que las convierte en el motor de su guión y de su puesta en escena. Según avanza, la película se va enriqueciendo con nuevas tramas y nuevas historias, tratando de quebrar esa dictadura que el mercado trata de establecer no sólo sobre las acciones de los protagonistas, sino sobre el mismo plano. Así, las microhistorias van invadiendo esos planos acosadores. La hermana nunca conocida del policía, que es descubierta ante el cuerpo moribundo de su padre, la mujer que decide destinar todos sus ahorros a unas acciones de alto riesgo para ganar dinero o, la mejor de todas, el viejo obrero que, desesperado, quiere acabar de manera grandiosa con su vida, abrazado a una bombona que pierde gas. Este último episodio resuena como acto último de resistencia. El anciano declama ante la cámara toda una vida llena de sufrimiento, comenzando por su misma llegada a Hong Kong cuando la ciudad comenzaba a crecer, y relatando cómo tuvo que adaptarse a las constantes transformaciones de la urbe para poder sobrevivir.

Life Without Principle se erige como una de las grandes obras del maestro cantonés. Entre otras cosas, por conseguir quebrar con las ideas preconcebidas que tenemos de lo que debe ser una película de esta procedencia, algo sobre lo que Johnnie To viene trabajando desde hace tiempo. Desde las catacumbas del cine ha conseguido convertirse en el único director hongkonés que, hoy por hoy, consigue ser un autor respetado y disputado por todos los festivales europeos, además de poder seguir realizando y produciendo cine desde su compañía Milkyway. En este 2011 ha presentado dos de sus mejores películas, a lo que se suma la producción de la fantástica Punished, de Law Wing-Cheong (remake hongkonés de Tengoku to jigoku, de Akira Kurosawa), y Motorway, la nueva película de Soi Cheang, cineasta que sorprendió hace un par de años con Accident. Johnnie To se ha convertido, con el paso de los años, en el hombre fuerte del cine hongkonés.