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IL GINOCCHIO DI ARTEMIDE , DE JEAN-MARIE STRAUB

¡Straub sin ella, Straub sin ella!

Por Francisco Algarín Navarro

Los Straub siempre llegaron con retraso (a nosotros). En cambio, siempre a tiempo (a su tiempo). Como era habitual, el mundo se enteró tarde de la noticia de la muerte de Danièle Huillet. Dos días tarde. El 11 de octubre de 2006, un amigo nos traía la noticia desde el Festival de Vancouver: «Danièle Huillet ha muerto». Ese mismo día salía el obituario en Libération, «Straub sans Huillet»: «Danièle Huillet ha muerto en la noche del lunes al martes. Tenía setenta años». Casi dos años después el Festival de Cannes incluía en su programación dos películas que se presentan en esta edición del BAFICI: Il ginocchio di Artemide e Itinéraire de Jean Bricard. Recuerdo leer en el mismo lugar, pero tantos días después, unas pocas palabras escritas en rojo por el mismo amigo que nos había anunciado su muerte, Álvaro Arroba: «¡Straub sin ella, Straub sin ella!». Mientras Itinéraire era la última película del matrimonio, Il ginocchio di Artemide venía firmada únicamente por Jean-Marie, y ambas acudían de la mano. Inequívocamente, el título en italiano, Il ginocchio di Artemide, nos hacía pensar en Pavese y en Diálogos con Leucó. Y sabíamos que a Danièle y Jean-Marie aún le quedaban, como mínimo, una carta guardada bajo la manga: La Fiera, el sexto capítulo, en el que se encuentran Endimión y el Extranjero.

EXTRANJERO
Cada cual tiene el sueño que le toca, Endimión. Y tu sueño es infinito de voces y de gritos, y de tierra, de cielos, de días. Duérmelo con valor, no posees otro bien. La soledad salvaje es tuya. Ámala cual ella te ama. Y ahora, Endimión, te dejo. La verás esta noche.

ENDIMIÓN
Oh, dios viandante, te doy las gracias.

EXTRANJERO
Adiós, mas no deberás despertarte ya, recuérdalo.

Volvemos a leer el pasaje de La Fiera antes de ver Il ginocchio di Artemide y, de repente, creemos comprender todo. Entendemos que tras Dalla nube alla resistenza (1979), viniera Quei loro incontri (2006). Entendemos por qué los Straub nunca adaptaron el conjunto de los diálogos de Pavese en una sola película, o por qué nunca escogieron solo fragmentos de ellos, tal y como hicieron, por ejemplo, con la obra de Vittorini. Entendemos también por qué en Quei loro incontri dejaron una última carta en el bolsillo. Sabemos que no puede tratarse únicamente por uno de esos azares de la vida que fuese precisamente La Fiera aquel que restaba. Y cuando leemos «La soledad salvaje es tuya. Ámala cual ella te ama», no podemos conjugar ese tiempo en un imperfecto, sabiendo que debe ser enunciado en presente. Un presente perfecto, que puede ser proclamado tan solo en las profundidades de los bosques de la Toscana, donde permanecen sus huellas. La naturaleza las respeta porque ella la respetó. Solo allí, con Andrea Bacci y Dario Marconcini como pasantes, “los actores Pavese”, con Marion Befve y Renato Berta junto a la cámara, efectuando el movimiento de esa última panorámica, bajo los sones del Das Lied von der Erde de Mahler, en un movimiento lento y silencioso para que no altere el trabajo de la naturaleza, para que se pueda registrar los sonidos que Danièle tanto amaba y le puedan ser entregados como ofrenda de hinojos por el micrófono de Jean-Pierre Duret. Qué complicado, imaginamos, para Nicole Lubtchansky sentarse a la moviola. Soñador por tocar la rodilla de Artemisa, escribe Pavese: «Igualmente conocido es que cuando uno no duerme quisiera dormir y que pasa a la historia como el eterno soñador». Straub sacó su última carta del bolsillo, sabiendo que solo junto a Pavese podría volver a encontrar sus huellas. Todo el pasaje habla, por medio del pasante, del reencuentro entre ellos. Por eso, cuando Straub lleva después la pieza a la sala del teatro toscano, vemos cómo aparece proyectado en una pantalla, al fondo del escenario, un rincón del bosque, vacío. Apenas unos troncos apilados al pie de un árbol, un banco para que Danièle descanse. A un mismo tiempo teatro, amor y cine. Es el colofón del soñador o, si queremos, la última voluntad. Devolverle de su parte el trabajo a los hombres, en su propio espacio. Recordemos siempre esa panorámica, buscando las huellas, y los cambios de luz: sístole y diástole… aún late.



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