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ITINÉRAIRE DE JEAN BRICARD Y LE STREGHE, DE JEAN-MARIE STRAUB Y DANIÈLE HUILLET

Hablar como los árboles

Por Fernando Ganzo

le streghe jean-marie straub

jean-marie straub

Itinéraire de Jean Bricard (2008) se inscribe en un subtipo de filmes del matrimonio, pero también en un peculiar subgénero fílmico, que ha generado varias de las obras más reflexivas y estimulantes de diversas cinematografías, oscilando siempre entre el documental y la ficción. Me refiero a esa serie de películas de diversa ralea que, partiendo de una obra ajena, han intentado captar con la cámara los trazos, sedimentos o posos de tal creación en una topografía concreta. Desde La ruta de Don Quijote (Ramón Biadiú, 1934) a Tren de Sombras (José Luis Guerín, 1997), de Nuit et Bruillard (Alain Resnais, 1955) a Cristóvão Colombo - O Enigma (Manoel De Oliveira, 2007) de Schindler’s Houses (Heinz Emigholz 2007) a Profit Motive and the Whispering Wind (John Gianvito, 2007) por citar algunos ejemplos últimamente recurridos.

En este caso, lo que se encuentra y testimonia la cámara de los Straub tiene mucho de muerte que toma presencia física, que encarna las imágenes. La cámara recorre un río en una lancha motora (algo tan parecido y tan distinto a Dalla nube alla resistenza [1979]) mostrándonos en travelling lateral toda la costa de una isla. La palabra del texto de Jean-Yves Petiteau1 sólo interrumpe este arranque en un breve inserto en negro, como si los dos discursos, el de la palabra, grabado en 1994, y el de la imagen, pudieran tocarse, pero no eclipsarse, sobre todo no eclipsarse. La sinestesia que surge como efecto de este movimiento de cámara y de este sonido artificial, rítmico y repetitivo de la lancha es crear una especie de bobina cinematográfica ante nuestros ojos, desfilando horizontalmente como en una sala de montaje. El río, en la última película de Straub con ella2, se asemeja al cine en la muerte (inevitable pensar en La noche del cazador (Charles Laughton, 1955). El granuloso blanco y negro no muestra sino una costa inerte, poblada de árboles desnudos, apenas ciertas venenosas agrupaciones de muérdago en sus ramas.

Una especie de principio de sustracción de la figura humana contribuye a impregnar de mortandad al estatismo de las imágenes que suceden, esta vez ya acompañadas del relato de la voz en off. Los Straub vuelven a mostrar una liviana y equilibrada facilidad para convertir la cámara en un índice que obliga a mirar con justicia. Vemos todo, pero no hemos visto nada. Preocupación compartida con Resnais en ciertos años –años en los que ambos realizadores perfilaban prolíficamente las bases de un cine estructural-, son los Straub quienes mejor han comprendido la diferencia entre hacer ver y hacer mirar. La confluencia de tres discursos: el recorrido físico, el recorrido verbal y el recorrido visual, son los que conforman y dirigen ese índice que se eleva tras el contacto entre sus naturalezas simbólica y física, y que llama al espectador europeo a volver a leer su historia en otros términos3.

Es ese contacto entre dos mundos el que nutre Le Streghe (2009), el nuevo fragmento de los Diálogos con Leuco filmado por Jean-Marie Straub. De hecho la relación de hermandad con el anterior, Il ginnochio di Artemide (2007), y la que ambos mantienen con Quei loro incontri (2006), les coloca en posición de gemelos, o, si hablamos de contacto, siameses. La mujer sustituye al hombre. La planificación en base a un eje de miradas es reemplazada por una composición absolutamente frontal entre los dos personajes, Leuco y Circe, cuyas miradas nunca se cruzan (casi diríamos que no pueden mirar lo mismo o, al menos, mirarlo igual), y la cámara. Y nuevamente, el contacto entre dos mundos, representado en la posición de Circe, su cuerpo postrado a lo largo sobre la vegetación, sus pies desnudos sobre la hojarasca. Es ella la que baja al encuentro de lo sensible, esta vez, para transmitírselo verbalmente a Leuco.

El discurso gira menos en torno a la muerte, el tono es menos testamentario y el homenaje a su compañera fallecida no es tan intenso y bello, pero sigue compartiendo un anhelo de trascendencia: alcanzar lo sublime por el contacto físico. Las privilegiadas apariciones de las criaturas divinas de las tres películas, pero especialmente en las dos últimas, bañan la escena con una inquietud por los límites de la experiencia terrenal (que me hizo pensar, extrañamente, ¡en Bergman!).

La belleza de esta reivindicación de la experiencia sensorial es interpretada con especial delicadeza por Straub a estas alturas de su filmografía y de su vida. Los diálogos de Pavese, y este en particular, tienen algo que habitaba imperialmente los diálogos fordianos y que puede estar en el germen de la selección realizada por el cineasta: una recuperación de la dignidad reconquistada mediante el intercambio de las palabras, la relación de superioridad puesta patas arriba mediante la intervención de otros criterios, aquellos que quedaron fuera del sistema de pensamiento aceptado por la jerarquía establecida y la episteme occidental moderna. El orgullo de crearse a sí mismo. En una palabra, la revolución. El, en palabras de Santos Zunzunegui, único cineasta verdaderamente europeo, adalid de una cierta radicalidad intelectual, volteado él mismo por la proximidad de la muerte hacia otras reflexiones, suficientemente sabio para hablar como los árboles.

***


1. Sociólogo francés que recuperó para su retórica el esquema del itinerario con el fin de cambiar la posición y punto de vista del sociólogo en la investigación. El texto escogido por los Straub puede encontrarse en Interlope la curieuse, en la revista de la Escuela de Bellas Artes de Nantes, n°9-10 de junio de 1994.
2. Ver la crítica de Francisco Algarín Navarro sobre Il ginnochio de Artemide.
3. O, lo que Jean-Marie Straub llamaría en una entrevista para el número 269 de Filmcritica, en noviembre de 1976, el espacio del texto, el espacio de los Straub, y el espacio de los espectadores –y casi diríamos cuatro, pues el espacio del texto y el de su registro sonoro no son el mismo en este caso-. Respondiendo a esta llamada transtextual entre espacios, es fácil pensar una lectura actual del Itinéraire si tenemos en cuenta las implicaciones que residen en filmar un texto sobre la ocupación nazi en un momento histórico en el que Francia se rindió ante un pequeño político y en general ante una mediocre clase política.



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