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TOUTE RÉVOLUTION EST UN COUP DE DÉS, DE JEAN-MARIE STRAUB Y DANIÈLE HUILLET

La forma de los cuerpos

por Jean-Luc Nancy

La invitación es al encuentro, no al discurso ni al estudio. Me sería difícil responder de otra manera: conozco demasiado poco las películas de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet como para poder hablar sobre ellas. He visto varias, su fuerza me ha cautivado, pero no estoy en forma para trabajar sobre ellas ni para volver a verlas. Pero el encuentro: hasta ahora ha sido sólo una vez. Fue en Le Mans, en el Teatro de Radeau. La escuela de Bellas Artes organizaba un encuentro sobre «el cuerpo», en el cual yo participaba. Durante el debate, dos voces llamaron mi atención: eran las suyas. Recuerdo que Danièle Huillet hizo una comentario sobre un texto filosófico, citado en alemán (algo no muy frecuente en Francia). A Jean-Marie Straub le había gustado mucho la definición aristotélica del alma: «entelequia primera de un cuerpo natural organizado». La entelequia es aquello que define la causa final (telos) propia de un ser y su plena realidad en acto. Es su «sustancia formal»: la forma acabada de su esencia, lo que hace ser al ser tal y como es. A Jean-Marie Straub le encantaba esto: el «alma» no es otra cosa que el cuerpo en su propio ser. Es un contrasentido.

Es por eso que, en los fotogramas que me han enviado, con los que me he encontrado, elijo los dos que provienen de Toute révolution est un coup de dés (película que no he visto). Su forma, es decir, las imágenes que son y el montaje inmóvil que realiza su conjunción sobre una misma página, me sugiere el alma, no de un cuerpo, sino de una multiplicidad de cuerpos, vivos y muertos juntos. De varios cuerpos o de un cuerpo hecho a partir de varios, pero que los reúne sin fundirlos ni confundirlos. La forma de una asamblea o de un pueblo, la forma de un ser-conjunto.

La forma o el alma de eso que se llama «la Comuna» y cuyo nombre estalla en esas flores rojas ofrecidas a los muertos, mucho tiempo después. Creo que esos cuerpos en sus tumbas, recogidos por la tierra, cambian de aspecto pero son siempre cuerpos: cuerpos de la tierra cubierta de hierba y sobre la cual están sentados los vivos, cuerpos de la placa y de las letras doradas de la memoria que recuerda esa forma, la Comuna, forma imposible y por lo tanto cierta, que fue cantada y luego de muchas formas desencantada. Este alma no puede no continuar dando forma a alguna parte de nuestros cuerpos, de nuestras existencias.

En esta doble imagen la vegetación rodea, acompaña y oculta a los humanos, multiplica hojas y ramas salidas de la tierra a donde fueron los muertos para cambias su substancia material por la de los brotes de savia. Es una química pastosa y granulosa, ligera, huidiza, semejante al grano de la imagen. Por otra química, las plantas y las personas, las piedras, el humus impregnan una película fotosensible cuyos planos son reunidos para actuar uno tras otro, el uno con el otro ensamblados y distinguidos en una persecución, un trayecto que los combina y que los lleva al compás, y que hace un filme: un cuerpo luminoso animado.

En lo alto de la imagen del cementerio se ven inmuebles, en los cuales vive gente, que a veces llegan a ver por la ventana lo que nosotros vemos.

 

Jean-Luc Nancy, «La forme des corps», en Faux, Anne-Marie (Ed.) Jean-Marie Straub et Danièle Huillet: Conversations en archipel. Paris: Cinémathèque Française, 1999.

Traducido del francés por Miguel Armas.