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¿Sin ella?

Por Philippe Lafosse

(Lire version originale française)

danièle huillet


Danièle Huillet ha muerto.
Lunes 9 de octubre por la tarde. Carcomido por el desorden. Boquiabierta profundidad.
La había visto el jueves 21 de septiembre, en un preestreno de Quei loro incontri. Con Jean-Marie. Estaban cansados, enflaquecidos. Aunque ella hubiera hablado muy poco, juntos continuaban como siempre proyectando sus fuerzas.
Las últimas palabras, de ellos juntos y en público que escuché:
Ella: La puntuación es un corsé para el sentido. Si la dejas suspendida, otro sentido puede aparecer.
El: Está lleno de historias ahí adentro.
Ella: Es realista en relación al texto.
Ellos no se desarmaban. Juntos, respondían y se respondían. Anticipaban. Humildes y convencidos, precisos y tiernos. Eso se derretía sin precipitación. Ni un solo punto algo débil. Y sentimiento. Sentimiento.
Después, hicimos la programación para el cine Jean Vigo. Películas cuidadosamente elegidas por ella, en función de su trabajo, especialmente relacionado con el sonido, y de la calidad de las copias. Cuidadosamente y escrupulosamente, como siempre y para todos. «No, no podremos venir», me había dicho ella.
Este mundo de desorden continúa, sin ella.
¿Los gatos, sin ella?
Jean-Marie.
Jean-Marie, con quien compartía su vida desde hace más de cincuenta años. Pareja de amor, de trabajo, de atención, de pensamiento, de sentido.
Una tarde de septiembre, por teléfono, ella me había preguntado si tenía el programa de France Musique ya que desde hacía dos tardes no se emitía más que Verdi y Verdi era muy poco para ellos. No lo tenía, me había desabonado de Télérama, que después de no mucho tiempo capituló.
La acera de la rue Cavallotti en París continúa sin ella.
Un mediodía de abril, justo antes de salir para Roma donde ellos vivían parte del año, volvía con él, que había olvidado una cinta que habíamos encontrado abajo en su casa. Ella tenía la cinta. Brillo de ternura: él hacia ella, beso en la mejilla. Juventud y belleza, juntos. Y ella con su sonrisa y sus ojos de luz, esta inteligencia que exigía lo mejor de los otros. Y de sí misma.
La calle Cavallotti continúa sin ella.
Pero, para los pájaros a los que ella alimentaba –lo que le ocasionó una denuncia- y para los hombres –incluso aquellos que no lo saben- nada es parecido. Incluso cuando ella no les daba nada, las palomas la acompañaban. ¿Alrededor de quién volarán ahora? Y, esta vez, ¿no les daba ella verdaderamente nada?
«La suerte de un insecto no es menos importante que la de la revolución». Es la voz de ella, la voz de él, es la de Rosa Luxemburgo.
Los que no tienen nada y a los que no se les da nada –dicho de otra forma: el espectáculo-, a los que se les maltrata y somete continúan sin ella. Sin su mirada.
El desorden del mundo –tan visible en el cine- ha sido la razón de su cuerpo. De este cuerpo y de sus sentidos, receptáculos como el de Jean-Marie y algunos otros que no han capitulado, dolores e infamias ambientes, conformismos y saqueos en el trabajo por todas partes del planeta.
¿Sin ella? Por la noche.
Quedan sus películas, juntos, este trabajo artesanal y vigilante que el comercio y la industria sofocante del simulacro han querido siempre ahogar. El ha dicho siempre que sin ella él nunca habría filmado.
Sin ella. Sin su voz, sin su respiración, sin su presencia, sin su tenacidad, sin su lucha.
Quedan sus películas, veintiocho. Cine inagotable, confianza en el otro. Por la noche, quedan sus películas, tan atentas por completo a la vida, a la naturaleza, a la materia. Al estremecimiento de la duración. Tan atentas a las palabras, a la poesía, a los gestos, igualmente a la escucha. Quedan sus películas.
Y su luz. Su regalo de luz. Su luz. Su luz, en ella.
Y mañana.
Con ella.
Danièle.

Novembre 2006

Traducido del francés por Francisco Algarín Navarro