LE PLEIN PAYS, AMANAR TAMASHEQ, COOKING HISTORY, DRINK DEEP, NICE EVENING, TRANSMISSION DOWN, 4 ONE-MINUTE MOVIES:

PUNTO DE VISTA 2010 (1)

por Jorge D. González

«Una receta es como un puzzle en el que sólo hay que seguir los pasos. En la vida los ingredientes te vienen sobre la marcha y hay que ordenarlos. Una receta la puede seguir cualquiera; sin embargo, la vida no es fácil»
Cooking History, Peter Kerekes

Pamplona: viaje en autobús abarrotado, Festival Punto de Vista, vacío en el estómago, viernes, media mañana. Tras la desorientación general me encontré solo, esperando el bus de regreso en el barrio-pueblo de Burlada, al otro lado del río Arga. Ya durante la vuelta a la urbe me concentré en reflexionar acerca del plano-secuencia que estaba proyectándose a través de mi ventana. El poder y la prosperidad económica se percibían en cada rincón de la ciudad: sus grandes vías, sus casas solariegas y blasonadas de la periferia, sus edificios-hitos que bordean el casco viejo, su arquitectura moderna de grandes bloques del barrio de Iturrama.

Sin embargo, Pamplona destaca por la presencia masiva de verde, que se torna como verdadero protagonista transgrediendo los tonos pálidos y opacos del centro histórico. Los álamos, situados en secuencia ordenada y cadenciosa, se erigen vigorosos sobre la acera, recordando, tal vez, el origen primario del hombre y su vínculo con la naturaleza. Contrastando con las calles ceñidas del centro, los grandes parques abren la ciudad permitiendo el contacto directo del paseante con el cielo.

En medio de esa búsqueda de relaciones con lo originario, la naturaleza virgen y la recuperación de lo telúrico, podemos situar la primera película que se proyectó en la sexta edición del Festival Punto de Vista: La Plein pays, del francés Antoine Boutet. El film encarna el mito del bosque como representación de lo salvaje y de lo desconocido, como contenedor de una cierta belleza y como lugar inhóspito y solitario, donde las condiciones de vida se vuelven extremadamente duras. Un aura de misterio envuelve el film, cuyo argumento consiste en el seguimiento diario de la vida de Jean-Marie, un ex-jardinero que vive en una cabaña perdida en la región centro-sur de Francia, al norte de Toulouse. Refugiándose en creencias apocalípticas sobre el fin del mundo y en la nostalgia de la infancia perdida, recogida por las canciones de Jacques Brel y Bridgitte Bardot, Jean-Marie vive completamente aislado de la sociedad; tan sólo la arquitectura retorcida de los árboles y un viejo tractor con el que pasea por el desolado paisaje mitigan su soledad.

El retrato sobre este personaje de raíces goyescas se caracteriza por una mirada sólida, quieta y precisa de sus actos. La cámara adopta un punto de vista medio que enmarca al personaje en su entorno, acercándonos lo suficiente como para ser conscientes de cada gesto, cada movimiento y cada palabra. Sin embargo, su lenguaje inarticulado, como el de un animal, se integra perfectamente con el crujir de las ramas y el sonido del viento que escapa entre las hojas. Los movimientos bruscos de cámara sobre Jean-Marie a través de los perfiles opacos de los árboles reflejan la intensidad y persistencia de su deambular por el bosque. El mundo primitivo de sus grabados litográficos y la excavación de oquedades y grutas en el terreno hace preguntarnos si estamos ante la obra de un loco o de un verdadero artista.

Entre lo construido y lo natural. Alusión a Le Plein pays.
Muro de la Ciudadela (Jorge D. González)


Contrastando con los tonos apagados y opacos del film francés, el cortometraje Amanar Tamasheq, de Lluís Escartín Lara, destaca por los colores vivos y alegres de los ropajes de los Tuaregs, sobrexpuestos a la intensa luz del desierto. La bifurcación del discurso en imágenes y texto, a la vez contrapuestos y complementarios, enriquece su contenido, estableciendo nuevas relaciones entre la estética, el valor de las tradiciones y la denuncia social. El ritmo musical es otro de los elementos compositivos importantes, que va creciendo gradualmente hasta transportar al espectador a un estado hipnótico. El arrebato final y la bella poesía nos sacan del embelesamiento, recordándonos nuestra intolerancia e indiferencia hacia un pueblo nómada y apátrida, que está viendo silenciado su dolor ante su progresivo exterminio perpetrado por el odio de sus vecinos.

El final de la mañana se completó con un extenso menú de gastronomía militar. Cooking History, del checo Peter Kerekes, propone un recorrido histórico por la cocina de los grandes acontecimientos bélicos del siglo XX en el Este de Europa. Con un humor heredado de la mítica Escuela de Praga de los años sesenta, Peter Kerekes nos va presentando recetas y acontecimientos que han cambiado el curso de la Historia bélica. La música se utiliza como contrapunto, añadiendo al significado primigenio de las imágenes una nota de ironía que provoque la reflexión en el espectador, reconciliando la crueldad visual con el sarcasmo sonoro. Sorprende la actitud de los protagonistas, que a pesar su trabajo en la cocina, los valores de robotización y acatamiento de órdenes se imponen sobre cualquier filosofía más humana. Al fin y al cabo, no son más que otra parte del aparato militar.

El día se cerró con el acto de inauguración, donde Jem Cohen mostró sus cortometrajes más escondidos. Con resultados desiguales, que van desde el infortunado Drink Deep (1991) hasta el interesante Nice Evening, Transmission Down (2001) la sesión funcionó como un fragmentado crisol cinematográfico en el que resaltaron algunos destellos dentro de los vicios generales, los cuales nos alejaron del nivel de sus mejores propuestas. La música, más producto de la moda actual que de la reflexión, escondía el verdadero valor de las imágenes. No pasó lo mismo con los retratos neoyorkinos (4 One-minute Movies, 2008), que mantuvieron el pulso de un cineasta que no hace mucho tiempo realizó unas cuantas obras maestras del ensayo-collage: Lost Book Found (1996) o For Walter Benjamin (2008). El público supo reconocer su importancia histórica como renovador de lenguajes y estéticas y ovacionó largamente su trabajo. Tras el merecido aplauso la sala respiró en silencio. Cuando salimos del cine descubrimos que la caída de la noche había iluminado toda la ciudad.