RETOUR À KOTELNITCH (Carrère), LA GAULLE (Mahé), UNDO (Périot), INSTRUMENT (Cohen):

PUNTO DE VISTA 2010 (3)

por Fernando Ganzo

TODOS SOMOS NECRÓFILOS

En un texto de nuestro inminente número en pdf, comienzo una reflexión diciendo que una diferencia entre el documental y la ficción es la palabra escrita. Obviamente, hay una diferencia aún mayor, radical: en el documental, cuando alguien muere, lo hace realmente. Esta diferencia nodal determina cualquier film de no ficción que se aproxime a la muerte. Emmanuel Carrère se enfrenta a ella en una película inabordable, desconcertante, Retour à Kotelnitch. Debemos verla bajo el concepto de sus reposicionamientos: Carrère proyecta ir a Rusia a filmar una película sobre su abuelo desaparecido al final de la II GM. Descubre una historia, una vez allí, que le hace ver que la anterior no tenía interés: un ucraniano, recluido en un psiquiátrico desde el final de esa guerra, al que daban por loco y que no era más que un prisionero de guerra al que nadie conocía. Casualmente, rodando esta película, se encuentra otra muñeca rusa (no es un chiste): una rusa fascinada por Francia se acerca a ellos y se incorpora a la película, con ella llega la tristeza rusa y la paranoia enraizada en ese pueblo como la sangre a la carne: su marido es un agente de la FSB (sucesora de la KGB) al cual no puede filmarse. Después llega lo imprevisto, y el siguiente impulso para volver a esta historia, por tercera vez: esa rusa, Annia, es brutalmente asesinada, y su marido pide a Carrère que le provea de las grabaciones como recuerdo, lo cual les permite filmar el duelo.

Carrère no oculta sus intenciones. Manipulará todo lo posible por el interés de la historia, por la posibilidad de construir algo con todo lo que está filmando. Tomar una cámara significa no parar (las reflexiones de George A Romero y su Diary of the Dead andan por aquí cerca). Tal circulo vicioso lleva a la última de las pulsiones: la necrofilia. Temí estar ante algo tan odioso como el último Alain Cavalier, algo que me emplazara en una posición igualmente asquerosa como espectador. Primera problemática: casi sin querer (numerosos momentos etílicos marcan extrañamente la película), Carrère escoge la muerte antes que la vida. Toda la película se planta violentamente desde la brutal muerte de Annia. Segunda problemática: el dolor de la madre durante el duelo, que no es el nuestro, tampoco el de Carrère, y que, sin embargo, presenciamos. ¿Por qué? Dejemos estas dos problemáticas en el aire, (el propio Carrère logra levantarlas, reconocerlas), pero me niego a hacerlo con la tercera. Repetidamente, esta mujer, en un estado de desesperación y alcoholismo atroz se muestra histérica por estar siendo filmada. Posteriormente también expresa su molestia al ver que su cocina va a verse muy sucia en la película y pide, de nuevo, que dejen de filmar (cosa que, por supuesto, no hacen). Plantear, voluntariamente o no, tal equilibrio es espantoso.

¿Pero de dónde viene esta fascinación? Ni tan siquiera el propio Carrère logra cuadrar las cosas, intentando retornar al final de la película, de forma impredecible, como un escritor ante un montón de borradores que no sabe cómo ensamblar, a su historia original, la de su abuelo, la que confiesa que dejó de tener interés, y en unas secuencias de débil poética que despiden un olor un tanto desagradable. Pero es el hecho en sí de dudar, la extraordinaria dilatación de la propia película en tanto que proceso, en la que las fases de concepción, realización y montaje se entrecruzan, donde Retour à Kotelnitch se convierte en una película imprescindible. Fascinante tanto por la película que es como, sobre todo por todas las películas que podía o no haber sido. Por las reflexiones que un último paso atrás, una siguiente capa desde la que afrontarse a sí mismo ante la muerte, habría podido poner en marcha. El escritor/cineasta se da cuenta, de hecho, de todo lo que dejo detrás, de todas las horas de filmación de belleza, de realidad tan increíblemente deprimente, de esa misteriosa y recíproca fascinación francorusa que se remonta décadas atrás, de la brutal paranoia que marca el país…e intenta recuperarlos, a retazos, injustificadamente… Carrère triunfa al atestar una derrota. Todos somos víctimas de nuestra necrofilia.

POSSIDERE POTERE

Poseer es poder. Toda imagen está cargada de un poder subversivo, basta con manipularlas para ejercerlo, para que brote. Una tarta impacta sobre Nicolas Sarkozy, y Marc Plas se da un festín con esta imagen, la multiplica, la recompone en mil capas, cambia su ritmo en un ejercicio de irreverencia. Denigrar la imagen de su denigración. Convertir el arte en (t)arte, y toda la naturaleza de la imagen en Francia recibe el impacto en plena cara. La Gaulle, de Yves-Marie Mahé vomita su repulsión por todo lo que el patriotismo francés pueda implicar, incluyendo sus propias imágenes, insultante, violenta, abrasiva (el título es un juego de palabras entre La Galia, De Gaulle y “gaule” en el sentido de erección masculina). Mostrar la repugnancia ante unas imágenes, algo como sumergirlas en su propio vómito y sacarlas a la luz del proyector. Y la última utopía, liberar al cine de su pecado original: Undo de Gabriel Périot.

AJUSTES DE CUENTAS

Instrument. Cada vez que revisitamos a Fugazi su importancia crece. Cada vez que pensamos en el cine de Jem Cohen más indispensable nos parecía que un festival le dedicara una retrospectiva digna. Vic Chesnutt. Los últimos meses han relatado muertes muy tristes, pero cualquiera que le haya visto cantar sentirá que la suya es la más dolorosa.

PUNTO DE VISTA

Definiré este festival muy rápido dado que es mi primer día en él (y mi primer año, y la primera vez que paseo a través del frío navarro) y parece obligado garabatear la primera impresión. Punto de Vista en realidad no es más que un grupo de gente ocupándose con sumo cuidado de lo que más les importa: las películas. Respetar la importancia de lo que sucede en la sala, independientemente de la relevancia que haya podido tener la película en otra parte. Es lo que se debe pedir a cualquier festival, y no hay nada que dé más placer.