WE CAN'T GO HOME AGAIN, NICHOLAS RAY

En torno a 'We Can't Go Home Again'

por Serge Daney y Nicholas y Susan Ray

 


nicholas ray


«Siento que uno de los temas constantes de mis películas es
la soledad del hombre, pero no me parece que sea el hombre en lucha
contra una sociedad que trata de destrozarlo. Eso sería caer en la autocompasión
y el hombre tiene la responsabilidad él mismo de adaptarse al mundo que le rodea.
Es poco probable que la sociedad se adapte al individuo».
Nicholas Ray, I´m A Stranger Here Myself

 

Nick Ray y la casa de las imágenes
por Serge Daney

Recuerdo una época en la que, en uno de los cuatro cafés de Trocadero, alguien (alguna rata de cinemateca), podía sostener que el más grande cineasta del mundo era x o y, pero que quizá Nicholas Ray había filmado la película más hermosa del mundo. Ciertas tardes se trataba de Bitter Victory (1957), otras de Bigger than Life (1956) . Siempre ha habido Nicholas Ray y luego los otros, como si entre él y el cine existiera un vínculo privilegiado, sobre el que a nosotros nos correspondía velar. Ya sabíamos entonces que su carrera no era fácil, que se quebraría. Ray tenía el perfil de gran loser. ¿Énfasis? Romanticismo fácil. Sí, pero también sabíamos –así lo había manifestado en una entrevista en los Cahiers– que para él el cine apenas comenzaba, que sólo lo estábamos entreviendo, que nos sorprendería. Unas afirmaciones extrañas viniendo de un cineasta de Hollywood. Unas palabras que convendría no haber olvidado. Presentado en Cannes en 1973, redescubierto tras su fallecimiento en 1980, programado en inglés y a escondidas en el Action-République durante una semana, We Can´t Go Home Again (1973) nos confirma que teníamos razón. Teníamos razón al situarlo ahora “aparte”, puesto que Ray, que ya no rodará más, cierra, a título póstumo, un círculo cinematográfico. Una trayectoria única: sólo él permaneció aferrado a sus dos temas predilectos –los jóvenes y el cine– en sus más recientes aventuras. Desde su exilio, desde un retiro, a comienzos de los años setenta, fue el único cineasta de su generación que ofreció el testimonio en vivo de lo que ocurría con los jóvenes y con el cine. Y no porque, a falta de algo mejor, se hubiera librado, en el ocaso de su vida, a ciertas “experiencias”, sino porque forma parte de esos cineastas que no pueden ser más que contemporáneos. Por esta razón le ha gustado tanto Godard. Por eso en nuestra imaginación, Ray no envejecía nunca, no más que en el cine. We Can´t Go Home Again, es simplemente otra película de Ray, fechada en 1973. Se trata como siempre de una película sobre la juventud, posterior al 68, generosa y parlanchina, alucinada y pragmática, violenta y sentimental.

Es como siempre una película sobre la educación, el gran tema de Ray, con, esta vez, el cineasta imbuido de lo que es: un nombre, una gloria marchita, el profesor de cine que hizo, en su época, Rebel Without a Cause (1955). Una película como siempre sobre unos padres que no lo son, que falsean a Edipo, que remedan su muerte, que atan nudos que no se podrán deshacer. Ray, cineasta godardiano: al final de la película se ahorca por la noche en una granja, ante sus aterrorizados alumnos. La voz en off del ahorcado murmura a una joven pareja: «Take care of each other». ¿Cómo no pensar entonces en They Live by Night (1948)? Otra película, como siempre, sobre la imposibilidad de volver atrás, sobre la huida hacia delante, sobre la falta de hogar. Ya que la película es única: un cineasta desintegra y recompone en ella lo que continúa la materia misma de su película. La pantalla está poblada de imágenes más pequeñas que vibran, coexisten, se mezclan entre ellas. Sobre un fondo negro, flotan gritos y confesiones, tal y como dibujan los niños. Ya no una casa para unos personajes, sino una casa para las imágenes “que ya no tienen casa”. El cine. No podemos ya volver a nuestro hogar… En 1977, cuando la primera semana de los Cahiers causaba furor en Nueva York, en el Bleecker, supe que Ray –que daba clase en un bloque más allá– acababa de abandonar la sala durante la proyección de Numéro deux (1975). Corría tras él. Nos presentaron. No le había gustado la película de Godard, para él demasiado dura, intelectual, autodestructiva. Yo me reí por lo bajo. Él mismo, añadió, había filmado una película parecida, antes que Godard; pero las bobinas, al montarlas de nuevo, se habían perdido en algún lugar. En 1980, Susan Ray, su viuda, ha venido a París con esas bobinas bajo el brazo. Quiere acabar la película, montarla de nuevo, añadirle algunas cosas, tal y como deseaba Ray, al que el resultado no acababa de satisfacer. ¿Hace bien? No estoy seguro de ello. Lo que sí es cierto, es que ninguna cinemateca del mundo debería dormir tranquila sabiendo que no guarda en sus dependencias una copia de We Can´t Go Home Again.

Cahiers du cinéma, nº 310, abril, 1980.




Montar por el día, destruir por la noche
por Susan Ray

Cuando era más objetivo, Nick decía sobre We Can´t Go Home Again que era honesta. Aquel fue siempre su sentimiento y apreciaba esta honestidad tanto como las otras cosas. Consideraba que la película se avanzaba a su época. Creía que era una película importante, técnica, política y humanamente importante. Creía en ella. Por extraño que parezca –digo extraño porque ninguno pensaba lo mismo que él (en cuanto a mí, me reservo la opinión)– tenía la impresión de que la película sería un éxito comercial. En los momentos más emotivos, quería destruir la película. No sabía qué hacer (…) Durante el día, los montadores juntaban la película pieza a pieza, y después, durante la noche, cuando dormían, Nick deshacía todo lo que habían montado (…) Esta película es su propia historia. El actúa en ella; es su propia imagen, su propia desespeación, con toda claridad en la pantalla. Puede ser que tuviera motivos porque le daba miedo.

Caméra-Stylo, nº 1, enero de 1981


Evocación de la génesis
por Nicholas Ray

El director no va a tener más remedio que aceptar un trabajo como profesor de cine en una escuela del norte del estado, a la cual se va a dirigir con toda la intención de dejarse bigote, comprarse un bastón retorcido, caminar una milla e impresionar a los alumnos con su retórica y pesadez, mientras completaba su autobiografía.

Pero algo había cambiado. Los estudiantes se habían alejado de los conflictos de finales de los 60 y estaban sumergidos en lo que creían que era un útero seguro y sereno, donde no se podían escuchar las voces del exterior, y todavía menos la de un director de Hollywood.

Una noche, cuando el curso acababa de comenzar, tres estudiantes se dejaron caer por el despacho del nuevo profesor. El profesor-director se concentraría en la desmitificación de sí mismo como director de Hollywood, con el suficiente éxito como para ganarse la confianza de sus alumnos. Estos comenzaron a mostrarle sus ideas y problemas, y él los convertiría en escenas, pidiendo siempre su aprobación con el objetivo de convertirles en películas; ellos estaban de acuerdo.

El resultado es una documentación, no un documental, un largometraje cumplido de la historia de nuestra juventud durante los años que han pasado (…) Típico de mi generación, interpreto el papel de un traidor. Es una película de gran alcance, en términos de personas y de espectáculo, rodada en una proporción de 1.66/1 con un equipo muy primitivo; los alumnos se encargaron de la cámara, del sonido, de la iluminación y de todo lo demás. Es una desviación de la realización de películas, es un espectáculo “multi-imagen” que emplea el video sintetizador de Nam June Paik y que está basado en la idea de que no pensamos en línea recta, y de que la banda de celuloide no reconoce ni el tiempo ni el espacio, solamente los límites de la imaginación del hombre.

Por primera o última vez. Nicholas Ray haciendo cine.
Fundación de Cultura / Centro Cultural Campoamor, Oviedo, 1994

Disposición y selección por Francisco Algarín Navarro.



Nicholas Ray

Alla domanda: “Di cosa parla il film?” Ray risponde:
“Parla di ciò che cerchiamo. Cerchiamo noi stessi, un senso di identità”.