S8 2019 (7): CHICK STRAND

La mujer como cineasta etnógrafa

Por Chick Strand


 


En realidad, nunca he pensando en mí como «una mujer cineasta»... frente a «un hombre cineasta»... Soy una cineasta (aunque por supuesto parece que hay muchos más hombres que mujeres haciendo cine). No soy tan estúpida como para no ver que hay diferencias en la forma de acercarse al cine, la percepción, los valores, las motivaciones, y que esas diferencias derivan de la forma en que nuestra cultura define a los hombres y las mujeres y de la forma en que nos han enseñado a vernos y en que nos ven los hombres. Las cuestiones y las formas de encontrar respuestas ante lo que es esa feminidad que subyace a todas las definiciones culturales son demasiado complicadas y están demasiado interrelacionadas como para que emerja un significado manifiesto en el momento de la creación (al menos en mi caso). Hago... hago la película.. y por supuesto, todas las cuestiones que tienen que ver con los conceptos relacionados con las mujeres y mis reacciones siendo una mujer se relacionan con lo que hago, pero no me paro a analizar mis motivaciones. Tampoco me ocupo de presentar mis películas o a las mujeres que aparecen en ellas de una manera particular, o con un significado social, o de alguna forma concreta... sino que simplemente todo es especial porque proviene de mí, y soy una mujer. Lo hago como lo siento. Soy muy consciente de que mis propias percepciones y la manera en que se presentan contienen muchas ambigüedades que tienen que ver con los problemas para entender lo que ha sucedido y lo que está sucediendo entre los hombres y las mujeres (estoy hablando de la nueva conciencia) en nuestra sociedad. Simplemente, no soy una persona analítica, y no tengo verdadero interés en clasificar las cosas para el mundo a través de mis películas. Pero hay mujeres que son buenas en eso y deben hacer afirmaciones coherentes, definir los problemas generales y sugerir soluciones a través de su trabajo. 

Hay un tipo de cine en el que creo que las mujeres están obligadas a intentar presentar a las mujeres de una manera más directa, y esto tiene que ver con el cine etnográfico. La recopilación de información y la metodología forman parte ya de la antropología, y al menos esos métodos pueden adaptarse al cine etnográfico. La mayoría de los antropólogos son hombres, y siempre acaban haciendo películas sobre hombres, enfatizando los papeles masculinos y dejando a las mujeres en un plano secundario. Sólo algunos han convertido a las mujeres en «estrellas» de las películas etnográficas. Creo que esto no sólo se debe al hecho de que los hombres no piensen en hacer películas sobre mujeres, sino que también los hombres creen que las mujeres tienen un papel secundario (después de todo, ¿qué es más importante? ¿Matarse o educar a los niños?) y porque los hombres tienen un gran problema a la hora de relacionarse adecuadamente con las mujeres de una cultura determinada. Muy a menudo, el trabajo de campo sobre las mujeres lo realiza la pareja del antropólogo (que también tiene un papel secundario en el trabajo de campo de su marido) o a las estudiantes graduadas. Los tiempos están cambiando. Muchas mujeres antropólogas muy talentosas están trabajando sobre terreno, escriben etnografías, las publican y se centran en mujeres en culturas concretas, pero muy pocas de ellas hacen buenas películas o permiten que las mujeres cineastas las acompañen para hacer una película.

Las primeras personas de otra cultura con las que entablo una amistad son mujeres, porque soy mujer y porque he tenido experiencias similares. Incluso trabajando en culturas muy remotas, las mujeres sólo tienen que mirarse y asentir, o hacer un pequeño gesto, mientras admiran a un niño recién nacido o hablan sobre el trabajo o sobre los hombres, sin palabras, sobre la experiencia. Sentimos una hermandad, un sentimiento de experiencia compartida, un conocimiento compartido y una intuición compartida (esta palabra no se puede utilizar en la antropología que hacen los hombres) que los hombres nunca podrán sentir. Ningún hombre puede hacer una película sobre las mujeres de otra cultura si quiere que su película sea creíble, simplemente porque la comunicación nunca estará más allá de un enfoque «científico». Lo que pueden hacer las mujeres antropólogas y cineastas es presentar a las mujeres de esa nueva cultura utilizando las formas establecidas de información compartida y presentando una translación de esta hermandad compartida.

Hice una película sobre dos mujeres de diferentes culturas en una situación de aculturación. Sabía que no importaba lo cuidadosa que fuera, no había manera de mantenerme al margen. Aunque me limité a ajustar la cámara y a pulsar el botón hasta que me quedé sin película, seguía siendo subjetiva. ¿Cuánto tiempo se debe pulsar el botón? ¿Veinticuatro horas, una semana, un año? Todo es arbitrario, todo es azaroso, todo está definido culturalmente. Así que nos podemos quedar con muy poco para seguir. No hay ninguna manera de que las películas etnográficas sean objetivas. Simplemente hay grados de subjetividad. Así que creo que tiene sentido que las mujeres ofrezcan su comunicación especial en forma de película etnográfica. No hay manera de que una película etnográfica pueda reemplazar o sustituir a la etnografía escrita. La película debe ser un complemento de la obra escrita. Es una forma de abordar otras perspectivas de esa cultura, de conocerlas y de identificarnos con ellas como compañeras.

 

Publicado originalmente en
Journal of the University Film Association 26, 1–2 (1974). Pág. 16.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.