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S8 2019 (15): ANNE REES-MOGG

Filmaciones autobiográficas

Por Janis Crystal Lipzin

 



La autobiografía ha sido una senda de trabajo persistente en la obra de un buen número de cineastas independientes. En el San Francisco Art Institute, el 28 de enero, la Cinematheque mostrará un ejemplo representativo de películas de este tipo programadas por Carmen Vigil.

Knowing It By Heart (1981), de Marilyn J. Curry, muestra una recopilación de tableaux en blanco y negro de su ciudad natal en Middle Village, Queens, especialmente interesada en los roles de la mujer en este lugar. La voz en off de la cineasta pone en contexto sus observaciones visuales y las relaciona con la experiencia laboral de su propia madre y el descontento de su padre al haber sido dado de baja tempranamente del servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial. Estos recuerdos hacen que su película resulte la más abiertamente narrativa de las películas proyectadas. Planos como el de ese enorme y refrescante ventilador de posguerra colocado en la mesa de un salón, o las mordaces panorámicas siguiendo a diferentes mujeres de mediana edad en un salón de belleza nos dejan una sensación especialmente conmovedora.

Tanto la película-diario de Chuck Hudina, Parent’s Visit, de 1973, como Only Time Will Tell, hecha el año pasado por Gil Frhisman, utilizan las visitas paternas como tema. El elemento más destacable de la película de Hudina es la manera en que su madre trabaja como sonidista de la película, moviéndose despacio por la residencia estudiantil, cargando con la pesada grabadora y apuntado sólo algunas veces con el micrófono en dirección a la voz. Only Time Will Tell es un retrato de los padres del cineasta. Describen con gran sensibilidad su luna de miel a través de los tonos rosados del material casero, rallado, cuyo color ha virado al magenta, repleto de partículas de polvo y de fisuras de luz. La música swing de Glenn Miller, acompañando este pasaje, proporciona un uso bastante concordante del sonido a la película. Por desgracia, en otras partes de la película la música no funciona tan bien, debido a una narración exagerada y apresurada y a las elecciones anacrónicas de la música.

Sin duda, la película más madura y mejor desarrollada del programa es Living Memory (1980), de la artista y profesora británica Anne Rees-Mogg. En el comienzo de la película. T. S. Eliot lee su «Ash Wednesday», lo cual apunta cuál es el interés de la cineasta: «Because I know time is always time / And place is always and only place / And what is actual is actual only for time / And only for one place / I rejoice that things are as they are and... / Consequently I rejoice, having to construct something / Upon which to rejoice...».

Al final de la película, vemos la reconstrucción de los trozos de una vajilla familiar enterrados en un basurero doméstico, una especie de metáfora del trabajo arqueológico personal realizado por la artista. Aunque la película es honestamente muy poco sentimental, la cercana relación de la artista con el paisaje de Somerset County continúa presente a través de las fotografías aéreas, de los mapas topográficos y de los desplazamientos de las personas cercanas o de los técnicos por los alrededores de la casa familiar.

Aunque una voz pregunta en la banda sonora, con un tono seriamente burlón: «Esta no será otra de esas películas, ¿verdad? Esas donde el sonido y la imagen no tienen nada en común», de hecho, esta ruptura activa el proceso cognitivo esencial de la verdadera investigación autobiográfica, como en Four Quartets, de T.S. Eliot, donde «Time past and time future allow but a little consciousness / To be conscious is not to be in time». Desplazando a menudo la descripción hablada de la imagen que vemos, Rees-Mogg nos pide que retengamos las cosas en nuestra conciencia. Así, esta petición es lo que distingue Living Memories de las otras películas del programa de la Cinematheque. Se pide al espectador que recuerde imágenes que serán comentadas por la narración, o bien que recuerde el comentario de una serie de imágenes que se verán más adelante. Esta disyunción entre el tiempo del acontecimiento y el tiempo de la película constituye un reto central, es el placer del cine autobiográfico. 

Publicado originalmente en Artweek, San Francisco, en enero de 1982.

Agradecemos a Janis Crystal Lipzin su generosidad y colaboración.

Traducido del inglés por Francisco Algarín Navarro.