THE DAY HE ARRIVES (SANGSOO)

Sitges 2011 (IX). El revolucionario tranquilo

por Miguel Blanco Hortas

 


 

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Tuve el privilegio de ver la nueva película de Hong Sangsoo hasta en cuatro ocasiones dentro del marco del Festival de Cine Fantástico de Sitges. Fue durante cuatro días consecutivos y en cuatro situaciones totalmente diferentes, como cuatro son las películas del director protagonista de The Day He Arrives (2011). La primera vez que la vi, éramos unas treinta personas en la sala, en una sesión a mediodía. Al día siguiente, intrigado por la manera en la que Hong unía sus variaciones, la volví a ver en la sala de visionados, pudiendo parar la película y tomar notas. El penúltimo día del festival, acudí al segundo pase, que fue muy diferente del primero, pues la sala estaba completamente llena. Era fin de semana, una sesión a las ocho de la tarde: hora punta para este festival. Entre el público, numerosos espectadores coreanos que, seguramente, acudieron desde Barcelona a Sitges para ver la película de un compatriota. Fue una sesión llena de risas y aplausos donde la mayoría del público conectó con el humor del filme. Tras este éxtasis y el fin del festival, volví a ver la película en Barcelona, puesto que la programaba la Filmoteca de Catalunya en un especial sobre el festival de Sitges. Fue un pase más formal, casi sin risas, en unas condiciones mejorables, especialmente en lo que respecta al sonido.

The Day He Arrives fue variando en mi cabeza según pasaban los visionados. Tanto, que todavía no entiendo si es o no una película lineal. Tampoco he conseguido aislarme de la historia que cuenta para concentrarme en la elaboración de los planos, en la creación de cada encuadre y en los cambios que provocan sus apasionantes zooms. Es imposible escapar de la fuerza popular que tienen las películas del cineasta coreano. El blanco y negro le otorga a la fotografía, al filme, una mayor esencialidad, frente a la mayor humildad del color. Todo resulta más evocador, e incluso hay pequeños planos que rompen la continuidad del plano secuencia, como aquel en el que el protagonista toca el piano y la cámara encuadra sus manos.

Empezaré diciendo que The Day He Arrives dispone de cinco variaciones, en las que el protagonista queda con un amigo de Seúl. En la primera y en la última no consigue quedar con él, así que tiene que idear un plan alternativo. En la primera conoce a unos estudiantes de cine. Se emborracha y hace amistad con ellos, pero acaba huyendo de ellos y termina visitando a una antigua novia de la que se separó traumáticamente. En la última se limita a vagar por las calles de Seúl, encontrándose fortuitamente con viejos conocidos. El núcleo de la película se concentra en los tres encuentros con su viejo amigo de Seúl. En las tres visitan el mismo bar, y en cada variación va creciendo una relación con la regente del establecimiento, una mujer que le recuerda a la mujer de la primera variación (ambas están interpretadas por la misma actriz). En estas tres variaciones, Hong juega con el espectador al plantearle si son episodios de una historia lineal o repeticiones de la misma, que, debido a hechos insignificantes, se desarrollan de manera completamente distinta. Los propios protagonistas lo explican así en la misma película, en una de las múltiples conversaciones entre copas.

Sin embargo, la filosofía del cine de Hong Sangsoo está lejos de las intrigas temporales de películas como Groundhog Day (Harold Ramis, 1993) o Memento (Christopher Nolan, 2000). Lo que le interesa al cineasta es acabar con el concepto de continuidad y filmar una y otra vez los mismos momentos, desarrollarlos de manera diferente. Por ejemplo, en algunas ocasiones, la escena comienza con un plano corto que se abre progresivamente. En otras, la cámara viaja de un rostro a otro. El juego de reencuadres es admirable, y pocas veces visto en la obra de este director. Una vez que Hong Sangsoo no se ve obligado a tener que desarrollar una historia, ni a plantear nuevas situaciones, puede detenerse de manera más reposada en cada instante. Y, en el fondo, en todo este trabajo se encuentra lo más importante, que es describir de la manera más fiel posible a las personas que aparecen en su interior, sumergirse en ellas, disfrutar con ellas. Lejos de agobiar y sublimar como von Trier o Béla Tarr, Hong Sangsoo invita al espectador a unirse a estas pequeñas reuniones, a divertirse con las conversaciones, a saborear los momentos de pausa. Cuando se ha perdido la obligación narrativa, se puede disfrutar del cine en su estado más simple.

La grandeza de la película es su sencillez. Su manera radical de proponer una historia, pero siempre desde la humildad, alrededor de unas botellas de whisky. Sus “citas” a Ozu, a Godard o a Eustache aparecen de manera peregrina, diluidas en litros de alcohol, casi como si estuvieran allí sin querer. Su manera de reírse de sí mismo no consiste únicamente en situar su figura de director en el centro del relato (directa o indirectamente, quién sabe), sino también en hacer una película sobre múltiples variaciones, justo cuando le acusan de repetirse. Yo no creo que Hong Sangsso se repita, sino que en su lógica como cineasta, cada conversación alrededor de una mesa llena de alcohol, cada escena de cama, tiene una importancia en sí misma, como una historia con principio y fin por el que es un placer moverse. Cada conversación es diferente, y no tiene que contar necesariamente con un valor narrativo.

El espectador, acostumbrado al cine más convencional, espera encontrar en el interior de esas conversaciones arbitrarias la clave de un relato. Pero no es así, lo más importante es el espacio, el movimiento de las personas. Fue la enseñanza que le transmitió Yasujiro Ozu, aunque en el cine de Hong Sangsoo hay un sentido más individualista. El director, tanto Hong como cualquiera de sus personajes, vive condenado a repetir una y otra vez las mismas historias, a cometer las mismas equivocaciones: por ejemplo, conocer a una mujer que le recuerda inevitablemente a una anterior.

En The Day He Arrives hay incluso algo de Vertigo (1959), sobre todo en la figura de esa mujer que es exactamente igual a un antiguo amor, y que el protagonista necesita someterla imperiosamente, emocionalmente, para que deje de ser una devoradora de hombres y se convierta en una dependiente, exactamente igual a la anterior. Finalmente, el protagonista se queda en un punto muerto, tal y como empezó. Encuadrado por primera vez por una cámara que no es la suya (sino la de un fan que quiere retratarle), Hong Sangsoo y su alter ego se sienten indefensos. En esa mirada perdida comienza el momento de la reflexión.


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himizu Sion Sono


 


THE DAY HE ARRIVES
COREA, 2011
Director: Hong Sangsoo
Guión: Hong Sangsoo
Fotografía: Hyungkoo Kim
Montaje: Sung-won Ham
Música: Yongjin Jeong
Intérpretes: Yu Jun-sang, Song Seon-mi, Baek Jong-hak, Kim Sang-jung