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XCÈNTRIC 2010-2011 (1): UTOPÍAS PRIVADAS. EL CINE DE BEN RIVERS

El Big Bang en una Bólex

por Cloe Masotta Lijtmaer

Primero, la oscuridad de la sala. La nada previa al nacimiento de las cosas en una pantalla vacía. Después, el gran estallido... El señor de las moscas, Henry David Thoureau, la magia de Meliés y los inicios del cinematógrafo, la extinción de la humanidad y la metamorfosis. Un gato retozando en la nieve, una piedra de la que brota el hipnótico canto de una banda de pájaros y una casa abandonada en la que las paredes, acariciadas por un haz de luz, cobran vida. El fin del mundo y los orígenes del universo. Todo dentro de una Bólex, extensión del cuerpo y la mirada de Ben Rivers. La nueva temporada de Xcèntric 2010-20011 arranca con el programa Utopías privadas. El cine de Ben Rivers. Desde las primeras imágenes de Origin of the Species, que abre la sesión, se vislumbran los estratos de la cinematografía de Rivers, sus huellas geológicas. Como arqueóloga, trataré de reconstruir ese universo en 16mm que nace y muere cada medio minuto- el pulso de la Bolex con la que trabaja el cineasta.

OBSERVAR

En su visita a la casa del pintor Jean Pierre Sicard, Jean Renoir descubrió «el verdadero misterio, el único que merece ser desvelado», la capacidad del artista de representar lo invisible. «Penetro en una de esas casas, la del fondo a la izquierda. La puerta se abre a un universo de una plácida frescura. Circulo a través de habitaciones en que la sombra es perforada por pequeños estallidos de sol. Pierre Sicard me hace los honores. Y empiezo a penetrar en el verdadero misterio, el único que vale la pena de ser penetrado. El misterio de la personalidad del artista. Son los artistas los que erigen el mundo. Antes de los impresionistas, los suburbios de París eran feos. Pintándolos, le regalaron su propia belleza. Antes de Pierre Sicard, las góndolas de Venecia no hablaban. Él les dio su propia voz.»1

En Origin of the Species, Ben Rivers se interna en el corazón del bosque; filma a un hombre que vive en una cabaña, el mundo que éste erige con sus manos y también el paisaje, la naturaleza. Pronto, el gesto de esos personajes solitarios, que al margen del mundo que conocemos configuran en su día a día una nueva realidad, se dibuja como un reflejo, un alter ego del cineasta. Y sus palabras llenan de sentido la embriagante propuesta fílmica de Ben Rivers. «Algunas cosas sólo están ahí si las observamos», afirma el protagonista de Origin… Y es que el bosque, las piedras, las hojas, nacen por y para la mirada del británico. Y pienso, siguiendo la estela de la revelación de Renoir en torno a la cuestión del realismo, que, antes de Rivers, esos bosques y esa cabaña no hablaban, y que es el cineasta erigiendo el mundo con su cámara el que les regala su belleza y les descubre su propia voz.

DESCOMPONER LA MATERIA

Como en Origin of the Species, el protagonista de This Is My Land elige una vida de aislamiento, y Rivers filma el mundo que éste ha fundado/construido, un microcosmos que se nos antoja como una extensión de su espacio mental. De nuevo, nos hallamos ante un personaje que está constantemente fabricando todo tipo de objetos o dispositivos que articulan su relación con su entorno inmediato, con la naturaleza. Así, el eremita nos habla del compostaje, de cómo deja todo tipo de desechos en descomposición durante un período de cinco a diez años, después de los cuales, los restos de aluminio, las anillas de las latas, parecen intactos hasta que al tocarlos se desmenuzan entre sus manos. Una vez más confundo al ermitaño con el cineasta, y entreveo el contacto de Rivers con la materia, algo muy presente en su cine –una materia viva, en perpetua regeneración–, pues los restos de aluminio desmenuzados entre las manos del protagonista de This Is My Land podrían ser nitrato de plata. Y emerge, así, otro concepto motivo recurrente en la obra de Rivers, el de lo geológico. ¿Qué rastro quedará tras nuestro paso por la Tierra si se extingue la especie dentro de cien mil años?

DESPUÉS DEL FIN DE LOS TIEMPOS

En Ah, Liberty! Rivers nos traslada a otra línea temporal bien alejada de nuestro presente. Después de una serie de fotogramas en blanco, que anuncian un nuevo alumbramiento, la voz en off nos habla de «un mundo joven en el amanecer de los tiempos. Un mundo cruel y despiadado», mientras vemos las imágenes de unas silenciosas montañas envueltas en la niebla. Después, nos trasladamos a un entorno apocalíptico, al fin de los tiempos; casi un filme de ciencia ficción. Ante nosotros se abre un mundo habitado por unas misteriosas criaturas que, ataviadas con inquietantes máscaras, rinden culto a la materia en una montaña de chatarra. El «mundo cruel y despiadado» de Ah, Liberty! Está gobernado por unos niños a los que vemos entregados a extraños rituales. No me sorprende el comentario de Ben Rivers después de la proyección sobre la gran influencia, desde su infancia, de Lord of the Flies de William Golding.

METAMORFOSIS

En un texto sobre Tropical Malady de Apichatpong Weerasethakul2, escribí sobre un capítulo de Le Cinéma ou l'homme imaginaire de Edgar Morin, en que el teórico francés relata el momento en que Meliés, en la plaza de la Opera de Paris, descubre la magia del cinematógrafo; la metamorfosis de la imagen de un carro pasando por la plaza que desaparece debido a un accidente de la cámara, que se para sin registrar el momento de desaparición del vehículo. Y me remito a ese texto sobre la obra de Apichatpong porque en su gesto fílmico, en su obsesión por esa figura, la de la metamorfosis, pero también por la del fantasma, cierto aire de familia, el director tailandés se aproxima Rivers y otros cineastas que vuelven con su experimentación plástica a las inquietudes de los pioneros de la historia del cine. Y pienso en el El hotel eléctrico de Segundo de Chomón, cuando en House una vela atraviesa el encuadre flotando en el aire. Pero la exploración que realiza la cámara en House de un espacio sólo vacío en apariencia, poblado por presencias hechas de luces y sombras, me hace pensar también en las imágenes de Emerald –otra espléndida pieza de Apichatpong, que pasó por el Xcèntric la temporada pasada– de las habitaciones del hotel Morakot, saturadas de plumas de luz flotando en el aire.

EL UNIVERSO EXPANDIDO

Pero la metamorfosis no se opera sólamente en el corazón de sus filmes, sino también dentro de la cámara, en la pantalla, en la sala de proyección. En Ah, Liberty!, Ben Rivers filma con una lente anamórfica a través de la que el ojo del cineasta ve el mundo deformado. Me fascina pensar en el realizador montando en su casa una película que no podrá ver hasta el estallido de su peculiar universo en las salas, al lado del público. Pues sólo durante la proyección descubrirá la imagen expandida en 1:2,65.

En el cine de Rivers el universo se expande no sólo a través de una imagen que se dilata en la pantalla panorámica de filmes como en Ah, Liberty!, sino también sensorialmente. Las ondas expansivas de sus imágenes reverberan en el cuerpo del público. A través de la mirada de Rivers, la naturaleza eclosiona en virtud de un prodigioso trabajo con el sonido. El término «experimental» aplicado a su cine, se reviste de sentido no sólo como experimento, laboratorio de imágenes en perpetua metamorfosis, sino, ante todo, como experiencia hipnótica, vertiginosa incluso, del espectador.


1. «Je pénetre dans une de ces maisons, celle au fond à gauche dont la porte s’ouvre sur un univers d’un fraîcheur paisible. Je circule dans les pièces dont l’ombre est percée de petits éclats de soleil. Pierre Sicard m’en fait les honneurs. Et je commence à percer le vrai mystère, le seul qui valle la peine d’être percée. C’est le mystère de la personalité de l’artiste. Ce sont les artistes qui batissent le monde. Avant les Impressionistes, la banlieue de Paris était laide. En la peignant, ils lui on fait cadeaux de leur propre beauté– Avant Pierre Sicard, les gondoles de Venise ne parlaient pas. Il leur à donné sa propre voix». En Renoir, J.: Écrits (1926-1971), Ed. Ramsay, 2006.

2. Masotta, C.: «Metamorfosis», en Contrapicado, núm. XXXVI, Junio de 2010.



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