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XCÈNTRIC 2010-2011 (20):

En la carretera

por Miguel Calero



Si es cierto aquello de que «el mito es una política de salud pública», si el mito no es más que un acto instituido para servir de asidero vital (la Humanidad, el progreso) y poder coercitivo (la libertad, la paz, la nación), entonces, si todo eso es cierto, el coche es también un mito. O al menos su imagen-franquicia.

Sobre lo que contiene esa imagen, sobre la idea de movilidad, bienestar y –otra vez– progreso, se construye una sesión que juega a desnudar el mito: el coche en Make it New John comienza siendo la fantasía de un niño fascinado por la propaganda y se convierte pronto en el germen de un rise and fall de corte clásico construido sobre imágenes de archivo. John DeLorean, ingeniero, fabricó el icono de la América de la televisión y quiso entonces fabricar el icono del futuro. Fracasó. Y Duncan Campbell da buena cuenta de ese fracaso recuperando el material televisivo que testimonió el proceso. Tras la labor de montaje Campbell abandona el found footage y cierra su película con un fake, la recreación de una entrevista con cinco obreros despedidos de la fábrica DeLorean de Belfast («la mano de obra irlandesa es barata», dice uno de ellos). El salto a la ficción es también un salto en la consideración del mito, su primera degradación: ahora es objeto de fabulación y no de observación.

Y así, con el coche revelado como exponente de la colisión entre el imaginario y lo real, aparece Gordon Matta-Clark y estrella su furgoneta contra una excavadora. La destrucción de ese objeto, despojado ya de todo su simbolismo, deshecho a golpes en un vertedero (no en un desguace), ocupa casi todo el metraje de Fresh Kill, breve muestra de una mirada rebelada contra el mito y contundente transición hacia el final de una sesión profundamente narrativa en sí misma.

En Get Out of the Car no existen ya más que los rastros. Thom Andersen baja del coche y renuncia al mito, porque allí, en las afueras de Los Angeles, hoy sólo quedan los restos de aquello que el coche representó un día. Filma «una película sobre la ausencia», sobre el vacío que dejó la mentira, pero también una celebración de lo que ocurrió a sus espaldas: la movilidad y el progreso crearon los ghettos, pero en ellos surgieron, a cambio, las canciones que hablan de deportados, las comunidades conscientes de su historia y su condición, los hábitos, códigos y complicidades de una cierta cultura de lo cercano, lo que se puede compartir. Andersen reivindica esas bases y las recuerda con nostalgia, sí, pero con una nostalgia militante.