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XCÈNTRIC 2011-2012 (3): ROBERT FENZ. IMPROVISACIONES

La Treizième revient...

por Evaristo Agudo Molina. Imágenes de Vanessa Agudo

Vuelve Fenz a Xcèntric, esta vez en sesión monográfica. Retorno levemente empañado por la ausencia de la anunciada Vertical Air, sustituida por la reposición de la excelente Meditations on Revolution V – Foreign City. Sustitución involuntaria, como demuestra el que Gonzalo de Lucas no nos advirtiese de ella en su discurso de presentación, en el que nos animó a tomar conciencia del privilegio que supone gozar de proyecciones como éstas en un contexto de amenazantes recortes presupuestarios. Según hemos podido saber más tarde, el cambio se debió a que las bobinas llegaron mal etiquetadas, de modo que nadie pudo percatarse del mismo hasta una vez iniciado el pase. La rápida salida de la gente no dejó tiempo para explicar públicamente lo sucedido al terminar la sesión.

Sea como fuere, Meditations V se confirma como una película clave, que permite interpretar las demás a su luz. En ella se plasma como en ningún otro de los filmes proyectados una concepción del acontecimiento como algo soterrado, furtivo, subtextual. En el grano de la imagen nocturna brilla una estrella artificial, siempre la primera, entre las azoteas. Los edificios, como el espíritu de la revolución, se ciernen sobre la ciudad, una ciudad que es extranjera en sí misma. La cámara de Fenz no espía, sino conspira en lo que parecen ser encuentros sorprendidos al azar, en los gestos cotidianos, con los rostros de niños filmados a la distancia de un susurro, con los primeros planos de apuntes escolares sobre los presos políticos de la Bastilla. Encontramos una cierta fijación por la limpieza de superficies, cristales y suelos sobre los que el agua hace tabla rasa para que sobre ellos vuelvan a surgir las pisadas. El viento sopla entre las hojas de árboles iluminados arrastrando los átomos ígneos de un universo ecpirótico. Es el mismo pneuma, la misma música de fuego que inspira los soliloquios de la anciana en el asilo y las palabras del venerable Marion Brown. Hacia el final del filme su “And then they danced” suena como un alzamiento. El sonido crea en las películas de Fenz todo un campo espectral, el movimiento de la fe que vincula lo virtual, el acontecimiento, con su actualización. “Uso la tradición y la improvisación”, dice Brown enunciando lo que suena como una receta táctica: “puedo hacer cualquier cosa”.

Crossings desarrolla el tema del desdoblamiento y de lo unheimlich. La superposición transversal de dos imágenes siamesas que avanzan a lo largo de un camino crea un efecto de arrastre vertiginoso hacia delante, como si el espacio se escindiera en un doble fantasmático que se tomase a sí mismo de la mano y tirase enloquecidamente hacia el futuro. La cámara mira a derecha e izquierda como si fuera a cruzar una vía de ferrocarril, como si temiese ser sorprendida. Vemos descampados donde se citan enigmáticos personajes, tal vez partícipes de una conjura que intercambian informaciones secretas, indistinguibles de un cualquiera que pasara por esos lugares periféricos y abandonados. La cámara se detiene ante un muro, pórtico severo, horizonte infranqueable. De nuevo graffiti que, como las letras raspadas sobre las ventanas del metro en Foreign City, recuerdan el Gothic Futurism de Rammellzee y su creencia en el mágico poder de invocación de la letra. La misma urgencia por el desarrollo de un armamento que pase inadvertido al radar de las formas normativas de visibilidad se advierte aquí, una disposición de rastros y alertas, una confabulación criptográfica.

Aunque no haya sonido, las películas de Fenz son siempre auditivas, como atestigua Meditatons on Revolution IV – Greenville, MS. Las rutinas y repeticiones del entrenamiento de un boxeador que observamos durante media hora siguen un ritmo, una pulsación. El ciclo crea la potencia del retorno. “The magic returns”, se lee en un cartel pegado frente al punching-ball. Es el acontecimiento insurgente, la fuerza activa, la que vuelve. Sobre una visión literal podemos superponer la visión alegórica del adiestramiento del guerrero, la pantera negra victoriosa. El dominio, el surgimiento del cuerpo y de la acción. De nuevo el suelo, la topología de la virtualidad. La inflexión del mensaje oculto, del llamamiento. La presencia del niño, como heredero en una saga heroica, anuncia la perpetuación de la lucha, la sucesión de generaciones combatientes. Fenz es un cineasta totalmente esotérico.

Correspondence, la más reciente de las películas proyectadas, revisita las localizaciones de tres filmes de Robert Gardner y se sitúa en el afuera geográfico de las anteriores, presentando las potencialidades naturales y humanas que la clausura de los filmes americanos no podía recoger. Como un reverso de la historia contemporánea, Correspondence parece recorrer diversos estratos temporales mientras se desplaza en el espacio. La Historia está toda en el presente, en las burbujas de elementos revolucionarios que respiran aún y pueden ser rescatados. En la sobriedad sublime de los pastores etíopes, en la búsqueda de bolsas de agua en el desierto o los guerreros tribales filmados vertiginosamente como constelaciones cegadoras. La idea de una conspiración salvadora que recorre el cine de Fenz se plasma de nuevo en esos personajes indiscernibles, de intención oculta, que guardan una llama íntima indescifrable. El conspirador es aquel que está a un tiempo dentro y fuera, que a ojo desnudo es uno más en el tejido social, mientras urde sin embargo una maquinación interior. La cámara recorre las calles en busca de esas palpitaciones, de incendios, de grupos de hombres reunidos con o sin propósito. Rescata los elementos preindustriales, las manos sucias de polvo, se detiene en el porte y la mirada de un perro callejero. Este es un filme casi detectivesco, una pesquisa en busca de lo impensado del capitalismo imperial. Todo arde como un volcán que puede volver a abrirse, como una quimera vengadora, como una canción de amor que siempre recomienza. La limpidez de las aguas filmadas a contraluz, los montes inamovibles, brumosos y lejanos, resuenan con un aliento profético. La revolución se ve así en abismo, como acontecimiento cósmico que vuelve eternamente, como un gesto interiorizado de piedad huidiza y ancestral, en la eternidad de las vacas sagradas... Cristaliza en el momento de su irrupción, primero o último, y el tiempo se anula en el instante. Mientras tanto el águila vuela todavía, el murmullo vital se reanuda en sus operaciones minúsculas, los faros en la noche incitan a buscar al culpable, a restablecer la alianza silenciosa. La última imagen, tras la intuición fugitiva, es la de la silueta oscura de un remero. “Je rame contre tes jours”, escribió Henri Michaux. La búsqueda del peligro es, en el cine de Fenz, clamorosa. La amenaza, como un eco, ruge aún; su estrella no está muerta.