ESPECIAL MARIA KLONARIS & KATERINA THOMADAKI

Manifiesto por una feminidad radical

por un cine otro

Por Maria Klonaris/Katerina Thomadaki

Maria Klonaris in Unheimlich I : Dialogue secret. © Photo :  Klonaris/Thomadaki.


Es en ese sexo femenino que el orgasmo sigue siendo para
nosotros lo más enigmático, lo más cerrado, quizá hasta ahora
jamás auténticamente situado en su última esencia1.


1. EN TORNO A UNA CULTURA FEMENINA: EVIDENCIAS

La cultura existente es una cultura de dominante masculino, creada por el hombre a su imagen/beneficio.
La mujer ha contribuido a su creación, pero sobre todo ha sido un apoyo del ‘espíritu’ masculino. En esta cultura la mujer está casi ausente. Desconocida. Ignorada. Muda. Prisionera. Despreciada. Deformada. Enigmática. Cerrada.
En esta cultura la feminidad no es más que una proyección masculina.
La cultura femenina está por crear.
La crean ya mujeres insumisas al orden del hombre.
Es en esta cultura que la mujer podrá conquistar los territorios políticos necesarios para su realización plena.
Todo acto creador femenino que pone en evidencia la discrepancia entre una feminidad general, uniforme y fabricada por el hombre, y la identidad específica, única y auto-revelada por la mujer contribuye a la creación de esta cultura.
“Al margen de esto, creo cada vez más que sería necesario dejar de sexualizar las producciones culturales: esto es lo femenino, esto lo masculino. Encuentro que el problema es otro: aportar a las mujeres las condiciones económicas y libidinales para analizar y dialectizar la opresión social y la inhibición sexual, de modo que cada una pudiera realizarse en sus particularidades, sus diferencias, en aquello que tienen de singular, producidas por los azares y las necesidades de la naturaleza, de sus familias, de la sociedad”2
La cultura femenina no puede sino estar en disyunción con la cultura dominante.
No puede más que negar el lenguaje dominante.
No puede más que rechazar los procedimientos de creación dominante.
No puede más que hacer emerger todo lo que el orden social oprime en la persona: cuerpo, deseo, sexualidad, inconsciente, singularidades.
No puede más que dirigirse a una irrupción de lo reprimido rebelado contra las normas de expresión.

2. VISIÓN DE UNA FEMINIDAD RADICAL

Una feminidad radical no puede sino romper, partir, quebrar, despedazar todo lo que pesa sobre ella y la constriñe.
No puede sino inventar, estallar.
Arrancando sus invenciones de lo más profundo, lo más oscuro de sus entrañas. Pariendo su identidad.
Una feminidad radical no puede ser sino una armonía entre los rasgos dichos femeninos y los rasgos dichos masculinos.
Una simbiosis de energía “hembra” y “macho”.
No puede ser sino un equilibrio entre el sexo fisiológico y el sexo mental, subjetivo.
No puede sino reunir pulsiones contradictorias y/pero complementarias.
Una feminidad no puede ser sino un todo – ni fragmento, ni falta, ni insuficiencia.
Una yogui manifestando la energía serpentina de su vulva.

3. PASIÓN DE LA CREACIÓN RADICAL: ESE CINE OTRO

Insumisión. Independencia. Ruptura. Autonomía.
Desgarrar la dependencia económica del cine en grandes salas, de grandes presupuestos, de gran consumición, de grandes medios, de gran dependencia.
Desgarrar las imágenes ilustrativas prisioneras de fábulas sociales vendidas por el cine capitalista.
Romper el academicismo de la mirada entretenida en la industria de la imagen.
Romper las nociones prefabricadas de “real”, de “natural”, de “normal”, de “objetivo”, de “comprensible”, coartadas para una sociedad que no produce sino neurosis divulgadas por los medios de masas.
Romper el aislamiento de las especializaciones.
Romper los roles y jerarquías.
Romper el espejo de la mujer fabricada, la actriz pasiva, aquella que obedece, aquella que se deja hacer, aquella que se mediatiza en el orgasmo de un extranjero. Partir vidrios y espejos.
Yo salgo.
Una feminidad radical no puede realizarse más que en la creación radical.
Yo fabrico mis propias imágenes.
Yo invento mi visión ni “natural”, ni “normal”, ni “objetiva”, sino real puesto que surge del deseo y lo comprensible si olvidamos aquello que las instituciones nos han enseñado a comprender.
Yo libero mi introspección.
Yo expongo mis raíces y mis dolores: infancia, deseo, revuelta, represión, tortura, vejez, muerte.
Yo expongo mis colores arquetípicos y sociales: el rojo, el negro, el blanco, el rosa, el oro, el plata.
Yo pongo en escena mis estructuras mentales, mis geometrías.
Mi imagen corporal se inscribe sobre la película.
Yo me abro a ustedes a través de mi cuerpo sentible y sensible. Mi cuerpo de sujeto mujer.
Yo os entrego los rituales de mi identidad.
Hemorragia de identidad no mediatizada por nadie más que la asunción de mí misma enfrente vuestro.
Yo os miro.
Yo os interrogo.
Yo doy a luz a una película OTRA.

M.K. - K.T., octubre 1977

Publicado originalmente en CinémAction I, Dix ans après mai 68,
Aspects du cinéma de contestation, Paris, 1978.
Traducción del francés de Blanca García.



1 Jacques Lacan, Seminario 10: La angustia. Clase 18: 15 de mayo de 1963; citado por Irène Diamantis en “Recherches sur la féminité”, Ornicar? Analytica, vol. 5.
2 Julia Kristeva, «Unes femmes», observaciones recogidas por Eliane Boucquey en Les Cahiers du GRIF, n° 7, junio 1975