XCÈNTRIC 2016 (12): PATTERNS IN A CHROMATIC FIELD. HANNES SCHÜPBACH

Instants

Por Joël-Claude Meffre

Instants (I)

Las imágenes a punto de aparecer podrían sin duda prescindir de toda lectura, de toda introducción.

Pero sin introducción, ¿se encontrarían estas imágenes más solas?
¿No serían suficientes de todos modos en sí mismas?
¿No centellearían con el misterio de su fugaz presencia, reafirmándose en su silencio propio?

No obstante nunca habría escrito y leído estos textos
de no haber participado en la realización del filme.

Mis palabras se instauran pues como un pequeño ritual que implica una entonación precisa, de gravedad o ligereza en la lectura, que se me impone como una necesidad certera.

Y más allá no podré decir nada.

Al instante mismo —1

Ahora la visión de la imagen.
Cada una es metáfora de un instante.
Así, las series de imágenes se suceden como series de instantes para trazar la memoria de una unidad
de tiempo, de lugar,
como ráfaga de mil detalles desfilando bajo nuestros ojos.

El instante se aprende en el salto del perro, por ejemplo.
Es el instante atrapado del salto, solidificado en imagen.
Se atrapa como suceso instantáneo, momento fuerte entre momentos.
Estaba decidido, premeditado.
Faltaba fijar este deseo de ver el salto como instante de perro.
Fue en el momento mismo…

Querríamos esta imagen ahí, querríamos establecerla como instante preciso del salto.
Fue lo que ocurrió, en el momento mismo en que
el salto del perro concretó el instante bajo nuestros ojos.

Al instante mismo —2

Vemos nacer y eclipsarse las imágenes como instantes
que se instalan en nosotros y se arraigan.

Las figuras encadenadas de estos sucesos
presas como cuerpos
de instantes
aparecen con brusquedad,
una brusquedad pretendida, anhelada,
en el momento escogido: así cuando el perro ha realizado su salto ante nosotros.

Tal es el impulso del perro lanzado hacia
el otro borde del instante
que alcanza en silencio.

Al instante mismo —3

Es como el agua que vemos vivamente agitarse: descubierta como «instantes de agua»
fluyendo río abajo entre los guijarros.

El agua tal que en sí se arrastra no tiene ni antes ni después.
Es agua indivisible de imagen indivisible.

¿No es entonces imagen de una huida
en nosotros formando un pequeño bloque de eternidad?

Tenemos el recuerdo de un movimiento de agua que mana
los reflejos propios de la luz del momento,
al salir de la fuente; desde aquí, el recuerdo
se nos conforma: esperando que le convoquemos.

El pequeño bloque de recuerdo: es en sí, vivo, quien
se convoca a la vida siempre una vez nueva.

Los movimientos de imágenes se endurecen en nosotros:
como puro cristal de imagen.

Una memoria-cristal, opaca o transparente, al mismo tiempo.

Al instante mismo —4

Al fondo del ojo, la silueta de una chica joven brincando en el aire.

Es un resplandor, un flash: la luz del instante decantada lentamente.

La memoria de lo que salta no es más que un salto inmóvil.

Un suspenso, al fondo del ojo un deslumbramiento.

Es necesario fijar las dos alas del tiempo y prenderlas sobre la placa de corcho
para recordar su despegue.

Instants (II)

Siempre hablaré de lo que atestigua una llamada en el recuerdo.
Es el misterio del juego de memorias.

¿Tenemos consciencia de ver por sí misma la memoria propia? ¿Existe una memoria exterior a sí? En sí, ¿es corazón de memoria, matriz de memoria girando sobre sí misma como la tierra?

Mirar así la memoria es extraer en la memoria y guardar en ella. Guardarse en memoria.

Movimientos de tiempo —1

Vemos oscilar el cuerpo de los árboles y su follaje
sobre el fondo de cielo y colina:
y entonces, en primer plano, una piedra en el muro se podría deslizar,
aunque se encuentre siempre atrapada por su peso.

Agitación apacible los soplos: respira lentamente,
o por impulsos.
Por sitios hace frío o calor, se desliza por la tierra y los peñascos, escarba en el follaje.

Veo el tiempo y su movimiento.

Pienso en Proust que escribió en A la recherche du temps perdu:

«El Tiempo que habitualmente no es visible, al devenir busca cuerpos y, allá donde los encuentra, se los adueña para proyectar sobre ellos su linterna mágica».

El tiempo hace cuerpos. Los cuerpos hacen tiempo.

Movimientos de tiempo —2

El detalle hace la memoria.

Tenemos una manera propia de recordar
que hemos olvidado.
El detalle, él, es donde se revela el movimiento de las cosas más ínfimas:
la piedra siempre en equilibrio o aún las ramas
de un pino que barre el espacio de arriba a abajo…

Tenemos tiempo para ver lo que se olvida del olvido,
mientras que nuestros ojos no dejen de escrutar el mundo,
que las ráfagas nos entren en los ojos,
que tiemblen nuestras pupilas bajo el influjo de la luz,
que caiga el Tiempo en el tiempo y que se fije en islotes pequeños de memorias.

Sobrevive la imagen en el tiempo de nuestras miradas,
ahí donde se dilatan las memorias tan bien como las pupilas.
Imperceptiblemente se relacionan entre ellas.
Nos retenemos en ellas para vernos existir.
Nuestras memorias son lo que vemos.

Movimientos de tiempo —3

Frente a nosotros, ráfagas surgen del Este,
mientras la luz vibra insensiblemente.
Hacen que se choquen y rocen las cosas unas contra otras.
Sin ningún ruido.

En el murmullo de los soplos
sin cesar se acercan o alejan nuestros islotes de memoria en la superficie del olvido.

La imagen es una sacudida, un temblor de mundo.
Es una sucesión de imágenes que miramos, lejos en el tiempo,
lejos en la luz, lejos en la luz del tiempo.

Todo ha tomado distancia: no quedan más que imágenes de alejamiento,
el sonido del mundo se ha desvanecido en el camino.

Sólo queda el centelleo de una memoria,
de un viento silencioso en los álamos.

Instants (III)

Memorias trenzadas en memorias de los otros: a la vez reflejo y espejo.

Desgarros, reapariciones, evitamiento, fusión, y deslumbramiento.

Bloques de memoria y fisuras, migajas. Dispersión.

Entreveo los gestos, los fulgores.
Veo desfilar la inmovilidad del tiempo, cambio de mundo, mi memoria se eterniza, soy lo que
la memoria se guarda.

En cada instante.

Giro así en torno a lo que no puede ser dicho,
a lo que quizás escrito,
no será jamás dicho y no podría de otra forma decir.

Las imágenes solas pueden salvar el sentido allí donde éste se pierde y se diluye en el vértigo de las palabras.

Trazos de imágenes —1

¿Podríamos decir que las imágenes proyectadas en la pantalla arrojan sombra sobre nosotros? ¿Sombras que se trasladan lejos en nosotros?

¿Pero cómo las imágenes de luz pueden arrojar sombra?

¿Esta metáfora de la sombra es apropiada?

Las imágenes de la película, la película en sí, no es más que luz, luz dispersa, infundida en nuestro interior.

Nuestros recuerdos de las imágenes de la película son recuerdos de transparencia, de transparencia luminosa de formas vibrantes atravesadas por la luz.

Me gustaría decir que son sombras, sombras luminosas, luces sombrías.
Enumero: rostros antiguos; ventana abierta sobre un cielo calmo; precipicio subrayado por la línea de árboles, perro que pasa y repasa a nuestros pies, salto de chica joven…
Y entonces el agua que salpica la mano abierta, esta otra mano escribiendo a trazos sobre el cuaderno
y que duda, ¿congelada en espera de qué?

Trazos de imágenes —2

Otro día me digo:

¿la inmovilidad implica el silencio?

¿Las imágenes fijas se asocian a la idea de que estamos hechos de silencio?

¿El silencio implica la inmovilidad?

Vientos de imágenes que liberan sin parar un pequeño ruido continuo.

Trazos de imágenes —3

¿Suspender una imagen frente a nosotros sería como
suspender el tiempo?

Que la imagen se inscriba como huella, que se grabe, y deje en la memoria una ligera estela, mientras que cualquier detalle, inicialmente escogido, tome distancia, fundiéndose en la lejanía,

haciendo hueco a un nuevo detalle que esclarece el precedente:

así, vivimos el tiempo de las imágenes en las mismas imágenes y junto a ellas.

¿Tenemos consciencia de que la imagen se despliega en la arista de lo real y que su sentido íntimo se amarra a otras imágenes ya vistas y a tantas otras que vendrán después?

Cada detalle depende siempre de otro sin que lo sepamos
dónde está el límite entre los dos, sin que se pierda nunca de vista la unidad de la película, como recorridos entre mil otros recorridos, entre lo que se ha aproximado, descubierto, y lo que pronto se dejará olvidar, tranquilamente.

Trazos de imágenes —4

Imágenes silenciosas:

como si las viéramos errar muy lejos de nosotros;

como si hubieran registrado el silencio de los ojos que miran;

como si zambulléramos los ojos en el silencio.

Trazos de imágenes —5

Un periodo negro o a veces blanco separa bruscamente entre sí las secuencias, cae como una cuchilla sobre las series de imágenes.

Es como si se extendiera el párpado sobre el ojo.

Porque de golpe una pantalla de negro cierra la pantalla, interrumpe todo.

Este negro revela en nosotros el poder de la vista.

¿Puede existir a propósito un ojo sin párpado,
incapaz de cobijarse de la luz?

El ojo de la cámara no es aquí el ojo de la vídeo-vigilancia que no soportaría que un párpado descendiera, aquel que escruta todo y sospecha.

El ojo abierto de la película es el ojo que absorbe el mundo como una esponja, se deja penetrar por la luz posada en las cosas.

La cámara mental precisa cubrir su visión sobre la pantalla
negro de la revelación.

Trazos de imágenes —6

La lejanía no es una cosa abstracta. Es nuestra posición respecto al objeto. ¿Estamos siempre lejos de las imágenes?

Digo «lejos» por decir que estamos fuera de las imágenes, apartados de su mundo: es por esto que sin convocarlas
ellas vienen a habitarnos,

a refugiarse en nosotros.

Trazos de imágenes —7

Trazos de memoria abiertos como senderos.

No podríamos conocer las direcciones. Ellas van, ellas están ahí.

A lo largo de este trayecto, se revelan los seres y las cosas, para seguidamente dejar sitio a otros seres, otras cosas.

Así va la película como un sendero que abordamos y que atravesamos y que abandonamos, si queremos.

Trazos de imágenes —8

Todas estas cosas del mundo: imágenes de centelleo,
viento, torrente y cascada,
paso de la madre o del padre, en la senda, sobre la grava,
rutilancia de las manzanas en el huerto
no estando ni fuera de nosotros ni en nosotros, sino en un entredós efímero,
justo el tiempo de entreverlas.

Que nada se eclipse,
el tiempo de un breve instante aún.

Publicado originalmente en el libro-presentación de Instants (Berlín, Revolver Publishing, 2014).

Traducido del francés por Blanca García.