XCÈNTRIC 2019 (20): HE STANDS IN A DESERT COUNTING THE SECONDS OF HIS LIFE, DE JONAS MEKAS (5)

Ken Jacobs

Por Jonas Mekas y Pip Chodorov


 

Ken Jacobs venía a los recitales de poesía, y al principio ni siquiera sabía que hacía películas, o que quería hacerlas. Pensaba que era escritor, o que quería serlo... porque venía a esos recitales. En una de esas noches, proyectó las imágenes de Orchard Street, y fue así como nos enteramos. Pero la relación no se forjó enseguida, porque yo estaba allí con un amigo, Édouard de Laurot, que después atacó la película. No había manera de hacerse amigos, con esta atmósfera saturada de animosidad.

Jonas Mekas


Parece natural que el primer recuerdo de Mekas para Ken Jacobs tenga que ver con una cierta confusión respecto a su actividad principal.

¿Cine expandido, performance, teatro, experimentaciones en 3D, happenings, multimedia? La obra de Ken Jacobs escapa a toda definición precisa. Y su influencia se extiende a otras obras. Jacobs fundó el Millennium Film Workshop, que ofrecía a los cineastas en ciernes una enseñanza práctica, y fue durante más de treinta años un profesor muy admirado en la Universidad del Estado de Nueva York en Binghamton. Sus primeras obras, con el autor de performances, Jack Smith (Little Stabs at Happiness, en 1960, Blonde Cobra, en 1963), son elementos clave en la efervescencia cultural de la época –época que vivió el arresto de Jacobs y Mekas en 1964 por haberse enfrentado a la ley neoyorquina contra la obscenidad proyectando Flaming Creatures, de Smith.

Pero el resplandor de Jack Smith no era más que uno de los medios empleados por Jacobs para desestabilizar al público: la manera en que se cuestiona el propio hecho de ver y la comprensión que tiene el espectador es todavía más desconcertante. En su primera deconstrucción del cine de los comienzos, Tom Tom the Piper’s Son (1969), Jacobs transformó un cortometraje de la Biograph en una exploración de la naturaleza fundamental del movimiento cinematográfico.

Si Jacobs nunca recibió del mundo del arte los mismos elogios que un Michael Snow o un Andy Warhol, es sin duda porque, a diferencia de estos últimos, siempre se negó a trabajar en formas fácilmente comercializables por parte de las galerías. El éxito limitado de Jacobs en el mundo del arte se explica quizá por el hecho de que su obra sea a menudo efímera, de manera que no puede ser adquirida por los coleccionistas, o incluso es imposible mostrarla al público sin la presencia de su autor: pero eso no disminuye en absoluto su importancia.

Pip Chodorv

Artículo publicado originalmente
en el libreto que acompaña a la edición en DVD de
He Stands in a Desert Counting the Seconds of His Life
editado por Re:voir.

Traducción del francés de Francisco Algarín Navarro.