ESPECIAL STORM DE HIRSCH

Conversación entre Shirley Clarke y Storm de Hirsch

Por Shirley Clarke y Storm de Hirsch




PARTE 1

SHIRLEY: ¿Crees que las mujeres cineastas están mecánicamente equipadas para salir adelante?

STORM: Bueno, si no lo están, hay otras compensaciones. Pero incluso Hollywood es interesante como lugar, en el sentido de que se trabaja con lo que llamo el ojo condicionado. Hay que hacer las películas de una cierta forma, con Hollywood como símbolo, y por supuesto nunca se piensa en las mujeres en tanto que cineastas. Si tienen alguna idea, lo cual es muy posible y probable, se les desanima, porque en ese sentido es un gran negocio.

SHIRLEY: Bueno, por lo que conozco de la relación entre Hollywood y las cineastas, es bastante fascinante. Probablemente haya dos. Está esa mujer llamada algo así como Dorothy Hughes (hay que revisar su nombre), que hizo películas comunes y corrientes, en la época películas de serie B. Y estaba Ida Lupino, más o menos en la puerta de al lado –que básicamente dirigió películas para la televisión, pero también una serie de películas para el cine.

STORM: La mayoría de ellas eran productoras en realidad, ¿no?

SHIRLEY: Bueno, lo que es incluso más fascinantes que permitieran que las mujeres trabajaran como montadoras, que en muchos sentidos es la parte más creativa del cine.

STORM: Esto es muy interesante, pero en cierto modo nunca trascendió a nivel público –creo que lo más lejos a lo que se podía llegar a nivel de reconocimiento público era algo así como: «Es la script», y creo que se convirtió en una especie de lugar común de la industria, la «script girl».

SHIRLEY: Sí, se les llamaba «script girl», desde hace muy poco se cambió el nombre a script, puesto que ahora también lo hacen los hombres. Pero hay mujeres que trabajan como script, que montan, un par de productoras, no muchas –Joan Harrison, la productora de Hitchcock-, pero no recuerdo mucho más: estoy segura de que había algunas otras, pero no nombres que sean conocidos para nosotras. No hay duda de que ahora, como industria, su reacción ante las mujeres sería muy parecida, digamos, a la industria publicitaria o la industria de los automóviles o cualquier cosa en la que la mujer esté sentada y tenga un despacho. Se trata de una idea preconcebida que ellos materializan, pero les permiten ser montadoras, lo cual siempre me ha parecido muy extraño, porque cualquiera que sepa algo de cine sabe que cualquier cosa que diga la película se puede modificar en el montaje. Se puede cambiar totalmente una película dependiendo de la manera en que esté montada. Y le dan esa responsabilidad a una mujer mientras que no les permiten, supuestamente, lo que consideran la mayor responsabilidad, la del productor-director. Hubo mujeres escritoras, algunos nombres muy conocidos, de Dorothy Parker en adelante.

STORM: Hubo mujeres escritoras reconocidas, y por supuesto actrices –el «star» system-, pero es otra cosa.

SHIRLEY: Pero una vez más, la responsabilidad principal siempre se ha entendido que es la del director, que simboliza y ha simbolizado el cine. Incluso en los equipos de Hollywood con productores, donde el productor tiene la última palabra por encima del director esto es así. Supuestamente, el director tiene el papel principal desde el punto de vista creativo, por ese motivo no se les permitiría dirigir a las mujeres.
       
STORM: Pero incluso el director, simbólicamente, no es quien se lleva los méritos en un sentido amplio.

SHIRLEY: Ni siquiera eligen al equipo de la película. Normalmente les dan un guión acabado con las estrellas ya elegidas y les ponen a dirigir; en algunos casos excepcionales, alguien llega con la idea del «cineasta». Orson Welles, por ejemplo, sería una excepción.

STORM: Bueno, creo que se le consideraba un caso único en ese sentido. Pero eso me lleva de nuevo al tema del que estábamos hablando antes, otro tipo de cine en el que el cineasta se involucre personal y directamente: no «películas artísticas» per se, en el sentido pleno del cine como forma artística.

SHIRLEY: Bueno, es el cineasta total frente a, digamos, el hecho de ser montador o escritor o cámara o dirigir; el concepto del cineasta total, en el que es parte de la vanguardia, o del llamado cine underground, o del cine experimental, o del cine independiente, o del free cinema, o del nuevo cine –esas cientos de palabras que se utilizan ahora por todas partes: siempre es el cineasta el que está en el centro de ellas, significando que hay una persona que asume la responsabilidad artística de la obra completa.

STORM: Bueno, es bastante parecido, en cierto modo, al pintor de murales que hace el dibujo básico, pero es ejecutado con la ayuda de los asistentes.

SHIRLEY: Es cierto. Es un terreno interesante, porque es una de las cosas que por supuesto sorprenderían a alguien cuando piense en una mujer cineasta –asumirían inmediatamente un problema más realista. En otras palabras: ¿cómo va a cargar esta pobre chica débil con todo el equipo necesario para hacer esta película? Bueno, obviamente, ellos no cargan con todo y no lo hacen solos...



STORM: Creo que es el punto de vista masculino.

SHIRLEY: Claro. Por supuesto, algunas de las cámaras actuales son lo bastante ligeras como para que cualquiera las pueda llevar –incluso un niño de cinco años-, pero aparte de eso, el cine no es una operación totalmente masculina. Siempre necesitas algún tipo de ayuda y siempre trabajas con otra gente que te ayuda, aunque sea algo tan sencillo como mover cosas o contar con alguien que trabaja como cámara cuando eres la directora, o alguien que se encarga del sonido...

STORM: Bueno, ¿no consiste en eso?

SHIRLEY: Claro.

STORM: Porque luego está la dirección. Quiero decir, se puede escribir una novela y al mismo tiempo puede depender de un editor que se encargará de revisarla, pero también se puede tener a alguien que se encargue de leerla, de corregirla, etc. Es decir, es un terreno totalmente diferente, pero sigue evocando un trabajo que no depende de una sola persona.

SHIRLEY: Exactamente. ¿Cómo empieza una película –una película concreta?-, quizá partiendo de ahí podríamos plantearnos un poco en qué consiste el papel de las mujeres que hacen películas.

STORM: Bueno, y hay un toque personal aquí. Quiero decir, no es un toque, pero más bien el distintivo implícito. Puede que sea una historia que has creado tú misma, o puede que sea algo que hayas adaptado a partir de una novela o una obra de teatro, pero está ese distintivo. Es como si hubiera una persona sentada en una clase donde hay veinticinco personas más y hay una desnuda. No sé si has visto esto alguna vez, pero es muy interesante, porque te encuentras con esta persona desnuda que quizá lleva calcetines o que quizá está totalmente desnudo o lo que sea, pero hay aspectos significativos en esta persona que hacen que como modelo sea único. Y te das cuenta de que quizá, de los veinticinco o de los treinta que están en esa clase, ninguno de ellos ha hecho algo parecido. Ésa es la diferencia.

SHIRLEY: Claro, estás afirmando que es posible en el cine. En otras palabras, hay un distintivo posible en un medio llamado mecánico.

STORM: Sí. Da igual si estás trabajando con otra gente o no. Si eres directora, sabes lo que quieres. Si no lo sabes, deberías. Y eres quien está haciendo este tipo de magia. Da igual si lo consigues o no. No sólo se trata del manejo o de lo que quieras hacer en términos de narración o en términos de imagen o de visión, sino que también tiene que ver con el manejo de las personas y con el manejo de tus asistentes y de conseguir de ellos lo que quiere de cara a tu objetivo.

SHIRLEY: Bueno, entonces, ¿establecerías una diferencia en términos de, digamos, mujeres cineastas? ¿Sería mejor si hicieran el tipo de película que pueden hacer completamente solas, cogiendo su cámara de 8mm o 16mm y saliendo a filmar, o es mejor una posición como la que has descrito, donde son las directoras y hay gente trabajando con ellas y para ellas? ¿Crees que hay algo que sea más fácil para una mujer o una forma más fácil de trabajar?

STORM: No. Para empezar, no apoyo esta idea de distinguir entre las mujeres y los hombres cineastas. Creo que en los procesos creativos no hay distinción. Es una distinción impuesta por gente que...

SHIRLEY: Bueno, hay precedentes históricos. En otras palabras...

STORM: Es un terreno nuevo, en el que no hay muchas mujeres, como ocurre en otras artes, pero sigo sin ver una razón por la que no haya podido ocurrir antes, salvo porque estaban esos tabús. Todo se reduce a eso.

SHIRLEY: Pero no eran tanto los tabús –no vino del actual y enorme lado técnico de la industria? En otras palabras: cuando piensas en la escritura, por ejemplo, la masculinidad y la feminidad sólo están ahí desde la subjetividad. Quiero decir, es como escribes en tanto que mujer u hombre... 

STORM: Sí, pero no olvides que sigue habiendo una distinción ahí –poeta y poetisa o actor y actriz.

SHIRLEY: Todo correcto, eso tiene que ver con nuestra sociedad.

STORM: Precisamente. Creo que la sociedad tiene que ver también con el cine. Era muy impropio que una mujer entrara en un mundo como éste.

SHIRLEY: ¿Pero por qué? Porque nunca pareció impropio que fuera poeta o pintora, y sin embargo era impropio.

STORM: Es la sociedad quien decide las definiciones.

SHIRLEY: Cierto. Pero era impropio que una mujer entrara en un mundo que de una forma u otra tenía que ver con enormes equipos mecánicos. No parece algo muy femenino.

STORM: Sí, pero ésta es la lógica, como ves, del...



SHIRLEY: Sí, recuerda lo sorprendidas que nos quedamos cuando nos enteramos de que en la Unión Soviética las mujeres conducían tranvías.

STORM: A eso iba. Bueno, ésta es la actitud de una sociedad que tiene un ojo condicionado respecto al propio cine y que ignora, si es que alguna vez pensó en ello, la perspectiva o la posibilidad de expandir la visión del cine de la misma manera en que se haría en cualquier otra forma artística. Quiero decir, ¿por qué es aceptable que una mujer sea escultora, por ejemplo? Incluso ahí se hace esta distinción, y hay que manejar esos enormes bloques de piedra; estoy segura de que has visto cómo trabajan las escultoras. El trabajo que han hecho. Ahora, por supuesto, los medios se han expandido a otras artes, pero al principio estaba la tradición académica –trabajas con lienzos o con piedra. También estaba el enorme mercado de la pintura. Pero creo que el ejemplo más extremo es el de las mujeres que trabajan con esos enormes bloques de mármol, su único problema era conseguir un lugar lo bastante amplio, pero el andamiaje, la estructura...

SHIRLEY: ¿Estaba siendo discriminada por parte de los escultores hombres y de los críticos de arte porque estaba intentando hacer algo que en su mente, digamos, implicaba una masculinidad, como un martillo y un cincel y un gran bloque de piedra?

STORM: Bueno, ni siquiera sé si lo llamaría discriminación, porque es algo que ha estado ahí desde hace mucho tiempo. Y desde luego la llamada emancipación de la mujer es algo muy reciente desde el punto de vista histórico y puede abarcar un montón de aspectos. Es verdad, según creo, que en el contexto de un concepto más amplio de país, un país enorme como la Unión Soviética, la sorpresa fue mundial: se cayeron sobre sus talones, simplemente, porque las mujeres estaban ocupándose de asuntos que habitualmente sólo habían sido para los hombres.

SHIRLEY: Y todavía no lo hemos hecho. En otras palabras, en Estados Unidos todavía no tenemos conductoras de tranvía, e incluso a día de hoy...

STORM: ¿Y qué pasa con las taxistas?

SHIRLEY: Iba a decirlo, cuando las veo sigo sonriendo y me digo: ¿qué está pasando? ¿Hasta dónde llegaremos? Y encuentro algo extraño en ellas. Es algo que me condiciona –y por supuesto puede parecer asquerosamente tonto lo que voy a decir-, creo que es una tontería cuando trabajo en un entorno llamado masculino, pero nunca he trabajado en un entorno masculino, porque empecé como bailarina, y luego hice películas sobre bailarinas, desde una base muy personal. Nunca pensé en la masculinidad y en la feminidad y que perteneciera a ese ámbito llamado cine. Estaba haciendo películas sobre danza. Conforme avancé, me fui dando cuenta de que era una mujer que estaba haciendo algo que la mayoría de las mujeres no estaban haciendo en ese mundo, sólo unas pocas mujeres.

STORM: Quizá es mejor cuando sigue ese proceso natural.

SHIRLEY: Bueno, en tu caso también es así. Es decir, empezaste como poeta y como pintora y luego fuiste ampliando tu trabajo hacia el cine.

STORM: Sí. Pero para mí, los poemas y las películas son lo mismo, nunca se excluyen entre sí. Mi forma de trabajar el cine eran las asociaciones, simplemente; conocía a muchos cineastas, me sentaba y discutía con ellos y me preguntaba por qué demonios por qué causaban tanto escándalo. Recuerdo estar en Roma, sentada con Louis Brigante y otras personas: estábamos leyendo una carta de Jonas Mekas. Había dos personas que eran los fundadores del nuevo movimiento. Estaban hablando a gente que hacían películas solos. Hablaban sobre el cine de autor, discutían sobre Antonioni como cineasta autor, sobre Fellini como cineasta autor, y alguien preguntó por qué demonios no escribían un libro, simplemente. Así que pensé que no entendía por qué las palabras habían perdido de repente tanta importancia. Qué estaba pasando con esta degradación de las palabras –ésta era mi actitud subjetiva-, pero me  vi caminando y observando cosas y escribiendo un guión, y volví a Roma, y acabé el guión y seguí escondiéndolo, pero varias personas lo vieron al final y fue así como hice la película. Pero en cierto modo era ridículo, porque hacer un largometraje como primera película es la cosa más idiota y loca que una persona puede hacer, pero lo hice por pura ignorancia.



SHIRLEY: La ignorancia es hermosa, porque ésa es, estoy segura, mi historia. Sé que decidí hacer películas de danza porque había visto un puñado de películas de danza y pensaba que eran sencillamente asquerosas, y pensé que tenías que ser idiota para no hacer una buena película de danza –¿por qué era tan complicado? Así que empecé a pensar en ello de manera seria, pensé que sería algo fácil de hacer, y simplemente se trataba de que las habían hecho las personas equivocadas –personas que en realidad no sabían nada de danza y que, como yo sabía de danza, aprendería sobre esto que se llamaba cine y lo haría. Debo decir que tanto el relativo éxito que tuve como algunos fracasos fueron por imperfecciones muy básicas relacionadas con lo mucho que estaba pensando en lo que había hecho y en lo que estaba haciendo, y eso no era fácil. El hecho de que nunca me diera cuenta de que un arte destruía al otro.

STORM: Bueno, ¿realmente piensas eso?

SHIRLEY: Bueno, creo que si piensas en hacer una película sobre danza y partes de una danza que existe previamente y hacer una transferencia de ésta al cine, terminarás destruyendo esa danza. Eso no significa, sin embargo, que no puedas hacer una danza para el cine y fue esto lo que finalmente comprendí, dándome cuenta de que ése era el error que había cometido hasta entonces.

STORM: Pero entonces, sentiste que tenías que evolucionar hasta un punto en el que no sintieras que era necesario hacer simplemente una película de danza.

SHIRLEY: No. Bueno, eso es porque el medio del cine se volvió mucho más misterioso y excitante que la danza, simplemente, a nivel de acción y pasividad. La danza para mí empezó a ser muy limitada. Había muchas otras cosas aparte de la danza.

STORM: ¿Pero no sería posible, Shirley, que pudieras haber continuado, si no era tu idea, con la danza, y hacer películas?

SHIRLEY: Había varios motivos por los que no era posible. Uno es, obviamente, la cuestión económica. Por desgracia, el coste de hacer películas, incluso ahora, es demasiado alto frente al regreso inmediato de lo que inviertes; lo que significa que debes tener bastante dinero como para esperar cinco años –puedes hacer una película y luego esperar sentada cinco años hasta ver el dinero de vuelta y así poder hacer la siguiente película, y esto no tiene ningún sentido. Un artista no puede crecer de esa manera. Así que te encuentras haciendo cosas que son o más baratas en cierto modo, o bien haces otras cosas para conseguir dinero que te permitirán seguir haciendo películas, pero en algún momento la danza se perderá, porque no podía pensar en una forma de seguir con todo. Luego, una cosa que es cierta es que tras un periodo de tiempo, las películas sobre danza que hice –durante unos diez años- cubrieron la inversión inicial, pero hay que esperar demasiado.

STORM: Bueno, pero la cuestión es que en algún momento tiene que haber un compromiso o un entendimiento de que éste no es el tipo de cine que estás haciendo a nivel de inversión. La cuestión es ésta: existe una urgencia todavía tan fuerte respecto a tu iluminación o tu visión del cine como para estar dispuesta incluso a asumir una pérdida, aunque sepas que no será del todo una pérdida.

SHIRLEY: Creo que nadie que se dedique a este tipo de cine puede pensar en él en términos de ganar dinero, porque ése no es el motivo ni la razón original para hacer la película.

STORM: Sí, pero Shirley, pero el hombre que se sienta y pasa un año solo, aislado, escribiendo una novela –un año o más, como poco-, espera que algún editor la publique. Quiero decir, eso no va a detenerle.

SHIRLEY: No importa lo que ocurra, la va a escribir.



STORM: Si lo viera así, si pensara así, si tuviera esa obsesión o compulsión, si quieres, seguirá haciéndolo. Y una vez la acaba llega el momento de los elogios públicos, quiere el dinero, de manera que pueda seguir así trabajando en la siguiente.

SHIRLEY: Sí, pero creo que en esto es donde en cierto modo mezclas las cosas. Es decir, tu necesidad inicial –la razón por la que haces cualquier película concreta viene de una necesidad concreta respecto a esa película, y sabes perfectamente que mientras la haces... Ahora no hablo para nada del cine de Hollywood, porque sabemos que funciona de manera totalmente diferente e inmediata, es un negocio. Estamos hablando sobre gente que hace una película por el gusto de hacerla y por la experiencia y por la propia necesidad.

STORM: Al mismo tiempo, no puedes pasar por alto que es algo mucho más difícil de hacer, económicamente.

SHIRLEY: Más que la escritura o la pintura.

STORM: Salvo que el escritor o el pintor tiene que...

SHIRLEY: Bueno, afrontamos problemas similares.

STORM: Tienes que comer alguna vez.

SHIRLEY: Exacto. Una de las cosas que la gente suele preguntarme es cómo conseguí hacer películas. Les digo: bueno, hay varias posibilidades. Uno, puedes ser independientemente rica. Dos, puedes estar casada con alguien que sea rico. Tres, puedes encontrar una manera de sacar dinero. Y luego suplica, pide prestado, roba. Y puedes encontrar a un mecenas. Todo el mundo tiene las mismas posibilidades. En otras palabras, cómo trabaja alguien en un campo que no será lucrativo donde tu motivación –lo que hace que empieces- no es hacer dinero, sino sólo mantenerlo. Obviamente, tendrás que encontrar a alguien. Nunca te paras por eso. Nadie que fuera rico y quisiera hacerlo. Nadie se habría quedado parado si fuera pobre y quisiera hacerlo. De una forma o de otra, si realmente quisieran hacerlo, buscarían la manera.

STORM: Es la cualidad del artista, era la distinción que quería hacer.

SHIRLEY: Pero lo principal es, y creo que es terriblemente importante: no creo que la gente deba trabajar para otra gente. Es decir, recomiendo a la gente que me pregunta cómo hago cine que no busquen trabajar con otro cineasta, sino que simplemente hagan una película. Es decir, lo que hiciste me asombra.

STORM: Fue una locura, pensé; pero al mismo tiempo, fue la mejor experiencia de mi vida, porque trabajé en el cine durante mucho tiempo –el rodaje fue en Roma-, y luego regresé y gracias a la amabilidad de alguien que lo entendió, recibí suficiente dinero como para volver a trabajar en el sonido y en el montaje. Bueno, me llevó un año, debido a las limitaciones, en primer lugar, de hacer una película en circunstancias muy limitadas, sin filmar todos los días de la semana, sino uno o dos días. Pero fue una experiencia hermosa a nivel técnico, pero trabajé con unas cuantas personas que eran grandes técnicos, pero al mismo tiempo también eran muy pacientes conmigo, porque yo quería aprender. Cuando terminaba el año, sentí que... bueno, me queda mucho para ser una gran experta y no puedo decir que me guste el lado técnico. Algunas personas sí, sean hombres o mujeres. Pero inconscientemente, absorbí todo eso. No fue hasta mucho después cuando me di cuenta de lo mucho que había absorbido; fue cuando me senté en Locarno, en una conferencia de prensa, y empezó el turno de preguntas; pensé: ¿cómo demonios las voy a responder? Pero me di cuenta de que inconscientemente había absorbido todo eso, sabía las respuestas.

SHIRLEY: Bueno, recuerdo que me sucedió algo: conseguí una cámara que venía con un libro de instrucciones; pasé una semana intentar descifrarlas, porque era como leer álgebra o algo así, algo en lo que yo no era buena. No soy buena en matemáticas y no tengo una mente muy matemática. Sentía aversión por ellas y solía esconderme cuando leía números como F 2/5, y tenías que usar un fotómetro y todo esto y aquello. Y un día, como a los dos años, me di cuenta de repente de que sabía todo eso, automáticamente, de que ya no estaba luchando esta batalla contra la técnica, de que podía asomarme a la ventana y decirte hace un día 5/6 con un cierto tipo de película, de que me había familiarizado con ello a base de hacerlo, y de que todas esas cosas que eran en realidad me resultaban básicamente repulsivas –no me gustaba ser cuidadosa en ese sentido, no soy paciente de esa manera-, de repente no importaban. De que tenía ciertas cosas: era muy paciente en términos de montaje y siempre me ha gustado esa parte de hacer una película, y de manera extraña, conforme avanzaba en la dirección, cada vez me iba desprendiendo más y más de las situaciones en las que tenía que montar. Cuanto mejor era como directora, menos tenía que montar, más pensaba en términos de bloques de veinte o treinta minutos que no iban a necesitar montaje; y sin embargo lo que más me gustaba hacer en el cine era montar. Me gusta jugar con trozos de película. Puedo estar ahí sentada durante horas. 



STORM: Yo soy al revés. Puedo visualizar los cambios que quiero en mi mente, pero soy muy impaciente a la hora de hacer esos cambios. No me gusta esperar para hacer los cambios. Pero sé de manera muy precisa qué quiero obtener de ello.

SHIRLEY: Creo que eso no lo sé. Creo que en parte me gusta tanto el montaje porque es uno de los momentos en los que descubro la película. Porque realmente no lo sé tan bien cuando empiezo y tengo una idea en la cabeza –ni siquiera lo sé demasiado bien durante el rodaje, no sé hacia donde voy exactamente. Y cuando veo el material después y empiezo a convivir con él, descubro cuáles son sus posibles valores o problemas. En parte me siento orgullosa, en parte acabo cansada –me empuja, me pone enferma, todo ese atracón del montaje; a veces paso dieciocho, veinte horas al día, a veces semanas y semanas, y ni siquiera me doy cuenta, porque mientras lo hago estoy tan metida intentando resolver los problemas... Ahora, por desgracia, lo que ocurre es que tras un cierto tiempo, resuelves el problema. Y lo peor –al menos, lo peor que me ha pasado a mí, y he intentado evitarlo- es algo terrible, además de un fallo muy habitual en el cine- es que descubres cómo solucionar algo y casi se convierte en la manera en que lo harás todo el tiempo. Es esa vieja lucha que mantenemos tanto tú como yo, porque hay un cámara veterano, tiene una técnica y quieres que haga las cosas de una cierta forma, pero no es la forma en que está acostumbrado a hacerlo. Así que dicen: bueno, no se puede hacer. No es verdad, puedes hacer cualquier cosa. Pero me encuentro atrapada, así que he descubierto determinadas maneras de decir las cosas, o ciertas maneras de mirar y de ver, de colocar las cosas juntas, de conseguir hacer ciertas cosas.

STORM: Pero fíjate, Shirley, que mientras te escuchaba pensaba que supuestamente estamos aquí para hablar de las mujeres cineastas. Y aquí estamos, dos mujeres cineastas, entre comillas. Estamos hablando, asumo que objetivamente, como cualquier cineasta. Es decir: ¿cuál es la diferencia? Trabajamos de manera distinta. Vemos el trabajo de manera diferente. Tenemos diferentes ideas u objetivos, lo que queremos conseguir visualmente es distinto. ¿Qué sería entonces lo que nos distinguiría de los demás como mujeres cineastas o como artistas?

SHIRLEY: Bueno, vamos a hacernos otra pregunta. ¿Hay una diferencia entre los hombres y las mujeres que escriben? ¿En esta época? No hablemos del pasado, porque era otro momento y otro mundo. En nuestro mundo actual, si la gente no firmaba con su nombre lo que escriben, ¿serías capaz de decir si algo está escrito por un hombre o por una mujer?

STORM: Bueno, tengo que admitir que estoy en una posición peculiar. Me gustaría comentar algo un poco personal. Puesto que mi nombre es Storm.

SHIRLEY: Claro, todo el mundo cree que eres un hombre.

STORM: No sé, quizá es un mito y se acabará en cierto momento, porque me ha pasado que he enviado manuscritos a editores de revistas y me los han devuelto –habitualmente, rechazándolos-, pero con una nota diciendo: «Querido Sr. Storm (de Hirsch), lo sentimos...», pero han hecho análisis muy respetuosos de qué es lo que quieren, de qué se podría hacer si lo revisara, etc., porque fundamentalmente, les gusta la idea o las imágenes o algo. Cuando me aceptan, a veces he tenido la gran sospecha de que lo han hecho honestamente, más allá de que piense que alguno puede tener buen gusto, pero ese mismo buen gusto se evapora cuando se trata de Miss Storm.

SHIRLEY: Estoy de acuerdo con esta cuestión de no saber si se trata de un hombre o de una mujer, porque hay una serie de actitudes, y el chauvinismo existe, nos estamos engañando si pensamos que no.

 

PARTE II

SHIRLEY: Una de las diferencias entre leer a una mujer escritora y a un hombre escritor tiene que ver con la subjetividad. Es decir, si se es extremadamente subjetivo escribiendo, por supuesto que se puede notar si escribe un hombre o una mujer. ¿Crees que las mujeres tienden a ser más subjetivas que los hombres? Es el problema que planteó de Beauvoir de manera más clara que nadie: los hombres necesitan ser trascendentales porque no tienen la capacidad reproductora que tienen las mujeres.

STORM: Siempre se vuelve a lo biológico.

SHIRLEY: Claro. En cierto modo, ¿esto no les obliga a pensar y a definir las cosas de una forma un poco diferente de las mujeres?

STORM: Creo que es cuestionable que esa estructura biológica produzca tanta diferencia a nivel artístico. Tengo mis propias pequeñas teorías sobre esto, y creo que cuando se trata del arte, se trata del alma, del mundo interior, y que esto es algo universal; y creo que el alma no es ni masculina ni femenina. Cuando trabajo y empiezo una película, sobre todo en el caso de la animación, me convierto tanto en hombre como en mujer, o en ninguno. No es que no tenga sexo, sino que más bien hay una conciencia de la sexualidad que participa en ello.



SHIRLEY: Pero ese mundo interior del alma de Storm de Hirsch, ¿acaso no está influido por el hecho de ser una mujer? ¿Toda tu vida? Ahora tenemos todo. Para empezar, ninguna es sólo masculina o femenina. Por fin lo hemos comprendido. Pero ahora estoy pensando en lo que ocurre cuando vemos tu trabajo o mi trabajo: no sé por qué sabía que eras una mujer, desde el principio. De alguna manera lo supe.

STORM: Es interesante, porque normalmente la reacción es justo la contraria.

SHIRLEY: Bueno, alguna razón habrá, quizá me lo habían dicho: pero lo que me asombra es que puedes tomar tu trabajo, puedes tomar el mío, y en muchos casos los temas no están sexualizados. Sobre todo en la animación, no hay una sexualidad per se. Una película como The Cool World no es ni masculina ni femenina. Y aún así, apostaría mi último billete a que si un hombre hiciera cualquiera de estas películas, las haría de manera diferente.

STORM: Bueno, podría hacerlas de manera diferente, pero pienso que...

SHIRLEY: Pero quizá sólo se deba a que es una persona diferente.

STORM: Ambas películas –estoy pensando en The Connection y en The Cool World- son muy potentes y tienen un sentido de la violencia y un gran sentido de la fuerza, así que si no lo sabes, serían incuestionablemente calificadas por la mayoría de la gente como el trabajo de un hombre.

SHIRLEY: Y sin embargo, para mí, es la infinita pregunta, tanto en esas dos películas como en la que estoy haciendo ahora, es decir, me pregunto qué consideraría como femenino respecto a la manera de mirar algo. Por lo tanto, una de las cuestiones contra las que siempre he luchado –es muy interesante que hayas llegado al punto decisivo- es la violencia: la violencia, personalmente, para mí, es repugnante. Es algo que me preocupa mucho. Y sin embargo me siento muy atraída hacia ella, porque siempre vuelvo ahí y siempre hago películas que aparentemente no tienen nada que ver conmigo si pensamos en alguien que no me conozca en mi vida personal... Tienen que ver conmigo porque me atraen, ¿pero qué es lo que me atrae y lo que me hace involucrarme en ese tipo de cosas? ¿No depende de mi extraña feminidad que me resulte atractiva? ¿Por qué me gusta la violencia?

STORM: En este caso somos iguales, porque en mis escritos siempre ha habido un sentido de la violencia, y lo que he hecho hasta ahora en el cine tiene un sentido de la violencia relacionado.

SHIRLEY: ¿Pero no crees que en cierto modo esto es extraño? Es decir, reaccionamos a la violencia de una manera bastante diferente de un hombre. Por ejemplo, ni tú ni yo estamos acostumbradas a que nos peguen ni pegamos a la gente físicamente. Las mujeres no hacen esto.

STORM: No, además me parece que es muy repugnante.

SHIRLEY: Creo que dar puñetazos a alguien no es una forma femenina de reaccionar en una pelea. Podemos gritar y chillar.

STORM: Y además, creo que todas o casi todas las mujeres están en contra de la guerra.

SHIRLEY: Hay algo en esto, en que la violencia resulte repugnante, y al mismo tiempo es obviamente algo atractivo. Quizá sea algo sexual lo que hace que resulte atractiva. Pero sea lo que sea, cuando tratamos con la violencia, desde luego lo hacemos de manera diferente a un hombre, que no está asustado. La mayoría de los hombres han sido golpeados en algún momento de sus vidas. A mí nunca me han golpeado –y no espero que lo hagan, salvo que sea una mala coincidencia. Y creo que lo mismo te sucede a ti, así que la manera en que nos relacionamos con la violencia en su conjunto tiene que ser definitivamente diferente, porque depende de una sensibilidad muy distinta. Lo que en realidad intento decir es que las mujeres tienen una sensibilidad diferente, por lo que no es el alma lo que es diferente. Así que incluso admitiendo que el alma humana no es ni masculina ni femenina, vas a la siguiente capa y encuentras esto, hay algo diferente entre los hombres y las mujeres que es psico-biológico...



STORM: Depende del nivel con el que estés trabajando...

SHIRLEY: Y entonces surge. Ahora, por ejemplo, de manera improvisada –y ni siquiera estoy hablando de si me gustan o no las películas de otras mujeres cineastas-, pensando en las películas de Mai Zetterling o en las de Varda, una de las cosas que he encontrado en ellas, sobre todo, es la violencia, y un tipo de preocupación respecto a la violencia sexual.

STORM: Pero una vez más estás hablando de un tipo diferente de cineasta.

SHIRLEY: Es cierto, pero en cierto modo, Zetterling y Varda tienen más libertad con su cine que, digamos, un cineasta de Hollywood. No tienen tanta libertad como tenemos tú y yo, porque supongo que tienen que tener un guión aprobado por otra gente, pero las posibilidades de hacer más o menos lo que quieren personalmente son bastante altas. Y si nosotras vamos a Hollywood, por ejemplo, ése no sería el caso. Tendríamos que cumplir con todo tipo de estándares preestablecidos. Así que aunque desde luego puedes decir que son películas totalmente personales –aunque he visto las primeras películas de Varda, y trabajaba de manera muy parecida a como tú y yo lo hacemos-, las cosas que les preocupan a ella parecen tener mucho en común con lo que está haciendo.

STORM: Pero también entiendes que un hombre... estoy segura de que has visto películas, incluso películas comerciales de Hollywood, donde hay un hombre director que maneja las cosas con extrema sensibilidad. Por algún motivo recuerdo ahora East of Eden, dirigida por Kazan, y recuerdo secuencias en ellas con Jimmy Dean donde encontré algunas de las estructuras de la sensibilidad más hermosas que he visto nunca. Así que debo decir que, como mujer, en esos términos, simplemente me senté allí y lloré. Había una cualidad lírica...

SHIRLEY: Pero sigue tratando el asunto de un hombre, y en ese sentido me parece que hasta este momento la única persona que ha hecho realmente la película de una mujer has sido tú con Goodbye in the Mirror. Es decir, por alguna razón, las mujeres cineastas siguen teniendo que trabajar con los asuntos de mujeres. Y por ejemplo los protagonistas de Varda son hombres. Sus mujeres son o no son lo que los salva, o lo que sea. En la película de Zetterling, la mujer puede ser el enemigo o el diablo o la que hace que todo avance. Pero al menos en el cine, seguimos teniendo que tratar esto a un nivel muy básico, las reacciones de las mujeres son muy personales. Porque hasta ahora dirigen sobre todo hombres que, sean o no muy sensibles, no han sido capaces de tratar con las mujeres de esta forma. Es como cuando escriben sobre mujeres, escriben desde una cierta distancia. Goodbye in the Mirror trata sobre las mujeres. Y sobre las reacciones de las mujeres frente a una serie de circunstancias. Eso no es cierto en el caso de The Cool World o The Connection o... –y debo decir que no sólo te admiro por eso, pero me da envidia de que hayas podido hacerlo, porque me gustaría haber podido hacerlo.

STORM: Bueno, seguramente lo hagas en algún momento. Si ya tienes ese tipo de motivación. Por supuesto, me han acusado de ser muy poco amable con las mujeres –esa actitud de, bueno, eres una mujer, debes odiar a las mujeres para que la protagonista sea tan fea, pero yo no creo que lo sea: creo que su belleza es atrevida y sensual.

SHIRLEY: ¿Pero quién te lo dice? ¿Son las mujeres las que te dicen esto o los hombres?

STORM: No recuerdo, pero uno de ellos era un hombre...

SHIRLEY: Sí, pero no es un juez justo. Quiero decir, tendría que mirar, y todo el mundo, por supuesto, mira subjetivamente.



STORM: Puedes limitarte a aceptar las opiniones y no enfadarte o molestarte...

SHIRLEY: Es algo que tienes que aprender en cuanto empiezas a jugar, a olvidar.

STORM: Tienes que aprenderlo bastante bien. Cualquier persona que interprete en un escenario o cualquier persona que se exponga o que exponga su trabajo al público tiene que conseguirlo. 

SHIRLEY: Desde el momento en que seas tu mejor crítica, estarás a salvo.

STORM: Pero sabía muy bien qué es lo que quería hacer. No puedo decir que lo hubiera hecho de la misma manera que ahora. Es verdad que no conseguí nada de lo que quería hacer, pero creo que en la película está una buena parte de aquello que quería expresar.

SHIRLEY: Si hablamos sobre cine personal –es decir, el cine que se hace puramente a partir de la necesidad del cineasta, y no con un objetivo económico o porque alguien te contrate, algo así-, ¿crees que no hay ninguna diferencia concreta entre las películas de los hombres y las películas de las mujeres?

STORM: No. Considero que ambos son artistas y que antes que nada son artistas y luego son artistas hombres o mujeres.

SHIRLEY: Mi impresión es que hay una diferencia que todavía no se ha revelado. Creo que es una diferencia que se ha revelado en la pintura y en la escritura y que probablemente aún no se ha revelado en el cine, probablemente porque todavía se ha hecho muy poco y porque muy poca gente ha empezado a explorar realmente el medio y yo ni siquiera sé lo que es. Si vamos a ponernos a ti y a mí como ejemplos, y a una o dos cineastas más, no creo que podamos levantar el dedo y decir: sí, las mujeres están haciendo películas que son diferentes, porque no creo que lo sean. Pero tengo la sensación de que quizá deberíamos estar y estaremos más seguras en el medio. Lo que quiero decir es que hicieron falta muchos músicos hasta que se llegó a Beethoven, y de la misma manera son necesarios muchos cineastas para hacer grandes películas, y somos solamente una parte que lleva unos diez años, veinte años, cincuenta años en marcha, algo que ya no se discute. Será ridículo, en realidad, discutir sobre los hombres y las mujeres cineastas en el futuro, porque se convertirá en algo común. En este momento, todavía no es algo común.

STORM: ¿Crees que llegará un momento en el que no habrá etiquetas?

SHIRLEY: Sí. Creo que no habrá etiquetas. No creo que a nadie le preocupe. Creo que estás más aburrida con eso. Para mí, sería muy bonito si hubiera algo llamado feminidad, aunque no estoy segura de qué demonios es, pero sé que hay una diferencia entre los hombres y las mujeres y que esto se va a ver en nuestro trabajo como artistas, como cineastas, y que será bueno. Será una contribución a la sensibilidad y a la percepción que está más allá de lo que conseguimos hasta ahora.

STORM: Bueno, eso es muy bonito. Creo que tienes en parte razón, pero también pienso que hay una actitud universal. Creo que hay una actitud universal que tiene que ver con la humanidad y que por alguna razón inexplicable, no pretendo analizar, pero son mis aspiraciones creativas, trabaje en el medio que trabaje, y tiene que ver con alcanzar una universalidad. Y tiene que ver con hablar sobre el hombre-humano. No sobre si un hombre es como una mujer o si hay alguna diferencia biológica, sino simplemente la humanidad.



SHIRLEY: Estás siendo más cósmica, creo, en ese sentido.

STORM: En ese sentido, sí. Porque pienso que el universo se está expandiendo para nosotros en esta civilización. Siempre se ha hablado astronómicamente sobre la expansión del universo y sobre si el universo es finito o infinito. Bueno, no soy astrónoma, pero siento que sociológicamente, el universo se está expandiendo, desde luego, y que hay un nuevo tipo de sofisticación que es el comienzo de una nueva época y que esta época traerá a muchos niveles y dimensiones...

SHIRLEY: Pero aquí, Storm, estás apuntando al lugar en el que creo que el cambio tendrá lugar. Es decir, que este universo en expansión hará posible para cada uno de nosotros que nos exploremos de manera más personal. En ese caso, ¿las mujeres no explorarán más su feminidad? Es decir, una de las cosas que han ocurrido en los últimos 50 años con la aparición de la bloomer girl y la emancipación de la mujer y todo es que se han eliminado algunos aspectos femeninos con la idea de conseguir un objetivo específico. Ahora se ha cumplido ese objetivo. Y ahora tenemos que encontrarnos a nosotras mismas de nuevo. Una de las mejores formas de encontrarte a ti misma es hacerlo a través del arte, de la creación. 

STORM: Sí, creo que todo esto se mueve hacia una vida espiritual...

SHIRLEY: Sí, pero eso es la búsqueda interior. ¿No querrá decir eso que es la feminidad lo que se revelará de nuevo? No será la feminidad victoriana ni la de las mujeres de las cuevas ni la de las diosas griegas, sino la de la nueva mujer.

STORM: Sí, pero también revelará al ser. En ese sentido, revelando el ser, puede que se revelen las numerosas facetas de ese continente enterrado que está dentro nuestra.

SHIRLEY: Pero ahí se revela, y en parte son términos freudianos, aquello que nosotras... conoceré mejor lo que es ser mujer, porque durante muchos años tuvimos que rechazar una parte de ese aspecto para poder llegar a un cierto nivel del que estás hablando –esa unidad de la humanidad, la aceptación de la mujer y el hombre en tanto que seres humanos. Y como recordamos la primera batalla que peleamos –las mujeres ni siquiera fueron aceptadas, eran otra raza. Y claro, ahora hemos llegado a un momento en el que se asume que las mujeres son tan inteligentes como los hombres, son tan capaces como ellos de trabajar, son esto y aquello, etc. ¿Qué es lo que hay de especial ahora que nos hace diferentes de los hombres?

STORM: Bueno, esta exploración de la identidad personal puede revelar muchas nuevas respuestas.

SHIRLEY: Cierto. Ahora he leído tus poemas y he visto tus películas y he visto algunas de tus pinturas y, para mí, siempre estás explorando tu feminidad. Quiero decir, en gran parte tratan de eso.

STORM: Me lo tomo como un cumplido.

SHIRLEY: Lo es. Para mí, es un reto, y si pudiera articular lo que quiero hacer en el futuro, sería encontrar lo que hay en mí que es femenino. He encontrado algo que es como el resto o algo que es incluso la parte masculina de mí, pero me cuesta mucho más encontrar la parte femenina.

STORM: Digo que es un cumplido, Shirley, porque no quiero que pienses que estoy negando la feminidad en ningún caso, en mí misma o en otras.

SHIRLEY: No, sé perfectamente que no lo haces. Si ven lo que hacemos, está claro que no. Pero también sé que en mi caso, esta batalla... Muchas de las razones por las que acabé haciendo danza –dejando de lado el cine- tenían que ver con la búsqueda de la identidad, aunque nunca me di cuenta, más bien era una búsqueda de la identidad con la humanidad en su conjunto, y ahora se convierte en una búsqueda más personal. La identidad de Shirley. Era algo que nunca antes había buscado. Es algo bastante reciente para mí. Quizá sea porque estoy creciendo un poco o quizá el mundo esté cambiando. Mi sospecha es que las cosas están cambiando tanto como para que alguien como yo pueda empezar a realizar esta búsqueda, porque sé que hasta que lo haga no sólo no seré feliz personalmente, sino que mi trabajo tampoco será lo que puede ser; esa necesidad de encontrar esa parte de mí es femenina y es en realidad mucho más importante ahora de lo que lo era antes.



STORM: La dirección te lleva al cine que yo buscaría.

SHIRLEY: Sí, bueno, yo también tendría mucha curiosidad. Es muy interesante, porque exige mucho valor, porque es un poco como... bueno, lo estaba diciendo antes, es más fácil; bueno, cuando alguien dice que le gustaría ser cineasta. He dado clases, y al principio de cada clase pido a los alumnos que levanten la mano quienes quieran ser directores de cine: levanta la mano toda la clase. No hay nadie allí que quiera ser montador o cámara –todos quieren ser directores. Y todos sabemos perfectamente bien que esto no va a pasar. Y si se adentran en la propia industria, tampoco va a ser verdad. Pero volviendo atrás, dices por dónde empezarías, si quieres hacer películas y si eres una mujer, y la respuesta obvia es: empezaría haciendo una película. No empiezas por otra parte. Tal y como van las cosas hoy, las chicas jóvenes que quieran hacer películas harán probablemente películas muy personales, de repente, porque ahora es nuestro momento. Es el tipo de pensamiento general, esta búsqueda... Digamos que hace quince años, veinte años, cuando empecé a hacer películas, no era tan prevalente como forma de ver las cosas. Incluso el tipo de películas que se hacían era muy diferente. En la vanguardia, dejando de lado la industria. Era algo más objetivo.

STORM: Creo que ciertamente el New American Cinema ha roto un montón de barreras y que seguirá habiendo rupturas y avances. Esta forma de cine sigue siendo muy joven.

SHIRLEY: Pero creo que es realmente perfecta para las mujeres, porque tiene todas las cosas que me interesan en el día a día, y ni siquiera es un gran avance para ellas coger la cámara, salir y explorar el mundo con una cámara –debería ser algo muy sencillo. Mientras que hace diez años no habría sido tan fácil, porque apenas se estaba pensando en esa dirección. Si salías para hacer una película, normalmente mirabas más fuera de ti que dentro de ti.

STORM: Porque estabas buscando algún tipo de aceptación que estuviera a la orden del día, pero ya no se necesita esa aceptación.

SHIRLEY: Pero también creo que dentro de los márgenes del llamado underground, apenas existe esta cuestión de lo masculino-femenino. Lo he notado en las ayudas o yendo a los programas de la Cinematheque, etc., nunca es una cuestión que se aborde. Nadie hace siquiera mención a ello, nadie escribe sobre ello de alguna forma. Ahora, una de las cosas que noto...

STORM: Porque lo piensas como una virtud de la película, de lo que tienes que decir sobre ella.
 
SHIRLEY: Si hubieras tenido la misma experiencia que yo con el mundo de los festivales... Se puede discutir sobre mi cine, pero invariablemente, me describen físicamente en la crónica. ¿Qué tiene que ver mi físico con la crónica de la película? Y todavía...

STORM: Bueno, es el enfoque del periodista.



SHIRLEY: Invariablemente, ocurre cuando se trata de una mujer cineasta. Y nunca se discute en el caso de los hombres –nunca sé cómo son los hombres cuando leo una reseña. Si los conozco, sí, pero si no, no lo sé. Y sin embargo puedo decirte cómo es cada mujer que hace una película: la altura, la forma, el color. Las describen de esa manera.

STORM: Recuerdo que hace un año o dos Variety publicó un artículo grande en la época de festivales sobre cuántas mujeres cineastas participaban en los festivales. Había un titular enorme y lo trataban de manera un poco frívola, pero sin embargo exponían algunas ideas muy interesantes sobre esas mujeres. 

SHIRLEY: Por lo que sé, en cada país donde se hace bastante cine, incluyendo Japón, China, India, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, la Unión Soviética, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Suecia, en todos ellos hay mujeres cineastas dentro o fuera de la industria –y hasta cierto punto son conocidas en su país. Esto ha ocurrido en los últimos cinco años. Ha sido realmente reciente. No hay ningún gran país que puedas señalar y decir –con la excepción, quizá, de Suráfrica- que la cuestión hombre-mujer sigue siendo un terreno inestable. Y ahora que tenemos a tantas mujeres haciendo películas, que una chica diga que quiere hacer una película no haría que alguien responda frunciendo el ceño. Esto no habría ocurrido hace seis años. Se habría considerado algo demasiado atrevido. Y la mayoría de las mujeres que se dedican al cine supongo que son como tú y como yo, que lo hacen sin darse cuenta, pues nosotras ni siquiera éramos conscientes de lo que estábamos haciendo. Nunca se nos ocurrió que fuera un problema. Recuerdo el primer día del rodaje The Connection, que fue una película hecha con un sindicato donde todo el equipo estaba formado por hombres y todo el reparto era hombres, básicamente. Sólo estaba la script y la chica encargada del vestuario; aparte de esto, no había más mujeres. Sé que los dos primeros días había una autoconciencia por parte de todo el mundo.



STORM: ¿Quieres decir que la autoconsciencia se debía al hecho de que tú fueras mujer?

SHIRLEY: Bueno, había dos razones. Una, que fuera desconocida. Es decir, quién era esta persona –dejemos de lado que fuera una chica loca que tuvo la cara de querer dirigir un largometraje. Se acabó en dos días. Uno, en cuanto mostré que mi lenguaje era tan sucio como el de todo el mundo...

STORM: Quieres decir que «no era propio de una dama».

SHIRLEY: Sí, en teoría, no nos teníamos que preocupar de las palabras que pronunciábamos en el rodaje. Y en segundo lugar, cuando se dieron cuenta de lo que estaba haciendo. Y les llevó unos días que dijeran: simplemente es Shirley y no puede ser nadie más. Ya te imaginas, la noche antes del rodaje, cuando me fui a la cama esa noche, me dije: debes estar loca por pensar que mañana vas a llegar ahí, te vas a sentar y vas a dirigir una película. Debes estar loca. Toda la gente del rodaje va a pensar que eres una caradura.

STORM: Bueno, no eras la única que pensabas de esa manera. Yo también lo hice. Me senté allí y dije: ¿quién demonios me ha hablado de esto?

SHIRLEY: Sí, claro. Y aquí están todas esas personas y sabes que los cineastas tienen a un montón de gente alrededor sentada y esperando... hiciste exactamente lo que hice, que fue ir, simplemente. Y después de ir, todos nos dimos cuenta de que podía ir, de que podías caminar y de que no era tan horrible, y tras la primera semana era divertido. La primera semana no fue divertida.

STORM: Bueno, mi experiencia fue parecida y, aunque me aceptaron en una posición de autoridad, me di cuenta de que el segundo día, en las localizaciones, las tres chicas protagonistas habían hecho un corrillo, mirándome y susurrando. Sé que las dos chicas británicas tenían curiosidad respecto a algo. Luego dijeron que les parecía extraño que llevara un vestido. El primer día iba con pantalones y en cierto modo esto dio forma al carácter para ellas. Creo que era eso, la identificación masculina. Pero en cuanto me puse un vestido, cambió totalmente la atmósfera.

SHIRLEY: En mi caso pasaba de una cosa a la otra. Es decir, soy bastante consciente de cómo visto, en ese sentido. Si llevo pantalones, creo un efecto, si llevo un vestido, otro efecto; y lo hago a propósito, porque hay ciertos momentos en los que ser una mujer es obviamente una ventaja. Puedes utilizar tu feminidad de una forma muy oportunista. Quiero decir: la gente hará ciertas cosas para ti porque eres una pequeña mujer que necesita ayuda, así que hay que cuidarla; puedes jugar a ese papel.

STORM: Creo que las mujeres se vuelven adeptas a esto por auto supervivencia.

SHIRLEY: Pero otra cosa que he notado dirigiendo, y he dirigido algunas obras de teatro, he dirigido a mujeres, aunque sólo a algunas en el cine –por una u otra razón he dirigido sobre todo a hombres- es que las mujeres tienden a confiar en mí más de lo que lo hacen los hombres. Es decir, cuando hablamos sobre la motivación a la hora de interpretar una escena y estoy hablando con una mujer, me pregunto si es o no es una sensación real, porque ambas sabemos como hermanas lo que es la verdad, mientras que con los hombres piso a veces terreno resbaladizo: no estoy tan segura de cuál es su motivación respecto a una acción.
 
STORM: Bueno, yo he tenido normalmente esta experiencia con hombres que son actores. No me ha pasado con los que no son profesionales, y si pudiera elegir, preferiría trabajar con actores no profesionales.

SHIRLEY: Yo también.

STORM: Sean hombres o mujeres, porque su formación no creo que esté relacionada con el cine. Creo que son dos formas artísticas diferentes. Pero creo que tanto los hombres como las mujeres actores hacen demasiadas preguntas. Preguntas irrelevantes. Con los hombres, es como si sintiera que algunas veces me han acusado en silencio de agredir su masculinidad. La idea de una directora mujer que da una orden a un hombre se convierte en un acto de indignidad en el caso de algunos actores profesionales. Pero nunca con un no profesional.



SHIRLEY: ¿Y no tiene que ver con el hecho de que con un no profesional intentas sacar las mejores cualidades de ellos por las que les has elegido, mientras que el profesional está interpretando un papel, es decir, donde cosas como la motivación se discuten? Estoy segura de que nunca pensarías discutir esto con un actor no profesional, porque ya lo son, y lo único que haces es intentar que simplemente se relajen y ayudarles a ser ellos mismos. Sin embargo, he notado esto en el trato con las actrices profesionales y las no profesionales, me parece más fácil hablar con ellas, y hay algo que tenemos en común –algunos atajos, algunas cosas que entendemos que puedo decir y que luego, cuando hablo con un hombre, no estoy segura de ellas. No estoy hablando de algo simple –el tipo de cosas como la forma en que se coge un vaso que a menudo tiene que ver con la inseguridad por parte del actor y muy a menudo incluso por parte del director. Acabas envuelta en estas conversaciones ridículas, no sabes qué más hacer. Pero a nivel de algo real, algo que quieres que pase, creo que quizá las mujeres entienden mejor a las mujeres que los hombres. Ya ves, volvemos a la cuestión original. Entendemos a las personas de una cierta manera, y entonces aparece esta cuestión de lo masculino-lo femenino, donde hay otro nivel de entendimiento.

STORM: Pienso mucho que esto es un acto reflejo. Es entrenamiento. Son las actitudes que uno arrastra debido a su entorno, de la misma manera que cuando eres niña te dicen que tienes que ser amable con la gente mayor, nunca vas a actuar de una forma ofensiva con la gente mayor. Los tiempos cambian, por supuesto. No se le trata con amabilidad a la gente mayor –en esta época incluso se les pega. Pero recuerdo que cuando era niña mi abuelo se llevaba las manos a la cabeza con mi madre y mi padre y yo nunca pensaba en interferir porque se supone que teníamos que respetar a los abuelos. En ese mismo sentido, creo que algunas de los hábitos a los que nos hemos acostumbrado son un puro condicionamiento respecto a la actitud hacia los hombres y las mujeres.

SHIRLEY: Es decir, ¿crees que los hombres y las mujeres pueden entenderse?

STORM: Pueden. Oh, sí.

SHIRLEY: No pareces tener tanta fe en la biología como yo.

STORM: No, no tengo tanta fe.

SHIRLEY: ¿No crees que influencia mucho a las personas?

STORM: No, no lo creo. Creo que es un mito. De verdad. Creo que el tiempo ya ha mostrado, ya ha expuesto una buena parte de este mito; y creo que conforme pasa el tiempo, se verá incluso más, porque he oído, como estoy segura de que tú lo has oído en muchas discusiones –y no sólo como cineasta, sino también en otras artes- al mundo académico, que es quien define la estructura: «Esto es, pintas en un lienzo si eres hombre o mujer, nunca pintas otra cosa»; las leyes tradicionales quedaron establecidas en las artes: lo que era aceptable, lo que no lo era.

SHIRLEY: De acuerdo, entonces ahora sabemos que no es verdad. Pero entonces, ¿estás diciendo que las reglas están para romperlas?



STORM: Ya sabes, no existe Santa Claus, no existe Dios, así que llegamos a todas esas leyes que se están rompiendo. El negocio biológico, existe, por supuesto: biológicamente, hay una distinción, pero no es muy importante en el arte. No creo que sea tan importante, porque creo que, como cineastas, por ejemplo, creamos bebés película –bueno, quizá sea una forma femenina de decirlo, pero he escuchado a los hombres decir...

SHIRLEY: Sí, pero los hombres también pueden tener hijos.

STORM: Sí, he escuchado a los hombres decir, escribiendo una novela, éste es mi bebé –así que el cineasta hombre crea bebés película también. Y creo que en el sentido artístico hay un mundo creativo completo –uno hace nacer un niño, una idea o un concepto que es completamente real, que posee la textura y las venas y la sangre y la médula de un cuerpo-, una entidad. Y entonces se concibe esta idea –la concepción y el nacimiento de la idea es posible tanto en los hombres como en las mujeres, a pesar de cualquier diferencia biológica en la estructura.  

SHIRLEY: Desde tu punto de vista, ¿no hay temas más apropiados para las mujeres que para los hombres?

STORM: Creo que es una preferencia personal y que se basa en el entorno o en la herencia o en quién sabe qué.

SHIRLEY: Sí, pero básicamente no hombre-mujer, simplemente el propio mundo de Storm de Hirsch y su propia vida, así como el propio mundo de Shirley Clarke y su propia vida, y el propio mundo y la propia vida de alguien más, y te puedes sentir atraída por la ley como tema, o por la violencia como tema, dependiendo de tu propia formación, y esto no tiene nada que ver con la masculinidad o la feminidad.

STORM: Creo que en ese sentido estamos en la época de lo imposible –de lo imposible que se vuelve posible, pienso sobre todo en eso-; he estado pensando mucho en el New American Cinema y en los cineastas como hijos de lo imposible, porque lo han hecho. Y está esa ruptura. Como has dicho antes, nadie se escandaliza si alguien es un cineasta hombre o mujer, hay muchos hombres que se me han acercado después de una performance y hemos hablado un montón y no me han mirado en absoluto con condescendencia. También he vivido mucho la condescendencia, aunque creo que es algo fatuo –o ni siquiera fatuo, sino gente que con sus condicionamiento no conoce nada mejor.

SHIRLEY: Sabes que estas cosas siempre me han desconcertado: por ejemplo, me presentan a alguien que ha visto mi trabajo y que ha oído hablar de mí, pero nunca me ha conocido; entonces suelo escuchar algo así como: «Oh, no te imaginaba así, eres tan bajita». ¿Qué esperas? ¿Una amazonas? Eso es justo lo que esperan. Esperan encontrarse a una muchacha de dos metros y medio con enormes músculos que obviamente podrá tirar adelante con todo; por eso se sorprenden de repente cuando me ven tan pequeña; es un comentario que escucho habitualmente y que tiene que ver con la condescendencia.

STORM: Ambas somos mujeres pequeñas...

SHIRLEY: Así que siempre llega esa especie de sorpresa cuando se comenta mi trabajo. Siempre me ha pasado y quizá sea mi propio problema; pero nunca han tomado mi trabajo tan en serio como lo han hecho con un hombre. Siento esto de una manera muy amplia; casi totalmente. Es lo que quiero decir. Lo siento tanto en los niveles más comerciales como en los más artísticos. No lo he trabajado tan seriamente como me gustaría, y me pregunto si es mi trabajo o si es mi sexo el que produce este tipo de reacción.

STORM: Bueno, puedo entender este trato por parte del mundo comercial, porque todavía no se han hecho a la idea, en primer lugar, del cineasta independiente, sea hombre o mujer, y además de esto...

SHIRLEY: No, lo siento, pero me lo he encontrado también en el mundo de la vanguardia. Bueno, en primer lugar, no creo que nadie me considere como parte de la vanguardia. Creo que es muy triste.

STORM: No, creo que te equivocas aquí.

SHIRLEY: No, me han dicho esto muchas veces; pero parte de lo que me molesta es mi propia necesidad de identificación, que es algo que creo que nos pasa a todos. Todos queremos ser parte de aquello en lo que creemos y esto es algo en lo que creo. Es el tipo de cine que respeto realmente, y mi idea es formar parte de él, pero debo decir que en realidad mi trabajo nunca se ha discutido en ninguna de las revistas llamadas intelectuales, artísticas, con el tipo de seriedad que habría esperado. Normalmente, se habla del tema de la película, o...

STORM: Quizá la promoción original la orientó hacia un cierto lugar que hizo que ocurriera esto, porque...

SHIRLEY: No, en realidad no lo sé, porque durante los primeros seis años en los que estuve haciendo películas experimentales sobre danza, también sentí esto.

STORM: Bueno, puedes estar por delante de tu época en ese sentido, porque estoy segura de que si hubieras hecho tus películas en otro momento, habrías tenido una respuesta diferente.

SHIRLEY: Por supuesto, no es la misma que la de la época en que por ejemplo trabajaba Maya Deren, y por supuesto la atención que suscitó tenía que ver con la manera en que manejaba las cosas y con cómo se comportaba y con cómo hablaba de sus propias películas, una cierta manera de verlas, algo que yo nunca hice, porque nunca me sentí tan segura con mi cine. No lo consideré como una obra de arte. No tanto mi intención, sino el resultado. Así que quizá mis propios prejuicios sobre mi trabajo forman parte de la manera en que lo valoran los demás, porque la manera en que una se piensa a sí misma generalmente coincide con la manera en que el mundo piensa en ti.



STORM: Lo que proyectas...

SHIRLEY: Claro, y...

STORM: Por eso digo que si hubiera sido otra época y no la época de, por ejemplo, Maya Deren, o la época de otros cineastas de esa época, hombres o mujeres, creo que sería diferente la reacción. Creo que el círculo en la época era más esotérico.

SHIRLEY: Sí, se estaba bastante aislado.

STORM: Creo que esto es lo novedoso del New American Cinema, que abre sus puertas a todo el mundo. No hay un círculo cerrado, no hay una camarilla, el único pasaporte es: ¿haces cine? Si haces una película, vamos a verla. Me gusta pensar que no hay un grupo. Por supuesto, los cineastas del underground que tienen éxito, no hacen... es decir, no puedes ponerlos a todos juntos y decir que hacen la misma película, porque no lo hacen. Son enormemente diferentes.

SHIRLEY: Sí, pero siempre fue así. Una de las mejores cosas, lo más maravilloso del cine independiente que todos teníamos en común era la manera en que hacíamos nuestra película. Y es bastante interesante lo poco que nos hemos influido los unos a los otros. Creo que hoy los cineastas se influyen más entre sí. Es decir, los cineastas jóvenes han quedado más influidos por el grupo que tenían delante en la manera de ver, en la técnica a la hora de utilizar la cámara...

STORM: Espero que esto desaparezca, o espero que suceda, porque lo mismo está ocurriendo con la pintura. Ya sabes, el mundo entero está pintando, está esa conversión de muchos pintores que han estado trabajando en la pintura abstracta, y ahora la palabra oficial ha muerto, por lo que nadie comprará la abstracción o querrá verla... Se ha producido esta inversión completa, ese cambio derivado de las escuelas. Están los originadores y la gente que cree en ello sinceramente, pero también están aquellos que se engañan a sí mismos además de estar engañando a todo el mundo deliberadamente –lo dudo, pero siempre hay, inevitablemente, en todas las formas artísticas, imitadores, seguidores... 

SHIRLEY: ¿Pero no crees que en este momento es casi posible hacer una película de broma sobre el cine underground americano incluyendo ciertas cosas, sin que la gente sepa si es una broma o si es real? Es decir, se han desarrollado ciertas formas técnicas hasta tal punto que se podrían sacar de contexto, se podrían emplear y no sabrías si es una broma, porque algunas cosas, como por ejemplo el marco de la película, o la exposición del fotograma único o la triple exposición o la música rock-and-roll. Puedo pensar en algunas cosas que, en muy poco tiempo, se han convertido en clichés dentro del movimiento underground; lo más difícil es seguir siendo personal debido al medio. Es muy complicado: porque ser personal no sólo implica un tema o filmar siempre algo que es personal para ti, o algo que te preocupa, sino también cómo miras, cómo ves, y si consigues manejarte en el cine underground, empiezas a desarrollar un cierto tipo de mirada, y hay una reacción. Por eso me parece que para mí lo más excitante siempre es la primera película de alguien, porque no están influidos, porque no hay tanto conocimiento, y llegan con formas de ver que, aunque no sepan muy bien cómo hacerlo técnicamente, están más cerca de la manera en que realmente ven que de lo que les sucede de vez en cuando.
 
STORM: Bueno, ésa es la prueba del artista, ya sabes: si sucumbirá a todas las influencias que le rodean por todos lados o si será capaz de aportar su propia luz.

SHIRLEY: Porque lo que resulta legítimo, por ejemplo, para el cine de Jonas, puede no resultarlo para el cine de otra persona. A menudo, lo que vemos es lo que hay fuera de las cosas, así que si le dices a alguien que te lo has pasado muy bien bañando tu película en Clorox, cincuenta personas saldrán corriendo y bañarán su película en Clorox.

STORM: Sí, hubo gente que me llamó para preguntarme como hago con esos fotogramas en los que dibujo y pinto, etc.; al principio, con gran honestidad, les explicaba en qué consistía mi técnica. Pero descubrí que no me creían. En una conferencia, alguien se levantó y me dijo que no les estaba proporcionando la información correcta, porque no funcionaba. Lo cual implica que cuando hay una obra de arte, alguien preguntará: «Picasso, ¿cómo pintas tus cuadros?».

SHIRLEY: Es algo muy interesante; por qué ahora nadie preguntaría a Picasso el tipo de preguntas que estoy segura de que tú y yo preguntaríamos sin parar. Quiero decir, no le tratarían de esa manera. Sentían mucho respeto por lo que está haciendo, porque era demasiado personal. No voy a preguntar a Picasso cómo coge su pincel, mientras que a nosotras nos han preguntado cientos de veces cómo hacemos algo. Y francamente, no es fácil responder, salvo si se hace de la manera más descarada, porque en realidad no sabes exactamente cómo lo hiciste.
 
STORM: No, hay muchas cosas que no sé. Van evolucionando, es todo.

SHIRLEY: Ya sabes, puedo decirle a alguien que compro Pack o que lo hago como un sándwich o que uso la doble exposición, pero no es la respuesta. No se parece a eso.

STORM: Has mencionado Clorox, y me pasó una cosa divertida con este hombre, Paul: dijo que quería decolorar la película de la misma manera en que yo había decolorado la mía. Bueno, yo no decoloro la película. Me dijo que había llamado a Shirley Clarke y que ella le había dicho que había utilizado Clorox. ¿Qué te parece?

SHIRLEY: Estoy segura de que lo hice, es lo que le dije a todo el mundo.



STORM: Entonces le dije: nunca uso Clorox; dijo: bueno, ¿conoces algún método para blanquear la película? Y dije...

SHIRLEY: Sé de lo que estás hablando...

STORM: Y dije: bueno, alguien me dijo el otro día que había expuesto parte del material –la había bañado en agua, el sal del agua, en el mar... y que consiguió cosas muy interesantes. Así que iba a hacerlo.

SHIRLEY: Ese tipo de cosas son tan patéticas, pero es muy interesante, quizá por dos motivos: uno, el medio es nuevo; dos, hay aspectos mecánicos, así que la gente te hará preguntas que son bastante impropias. Porque el proceso creativo no puede ser descrito de una persona a otra. Es decir, cuando le dije a este hombre que bañara la película en Clorox, estaba medio burlándome de él, medio hablando en serio. No tengo la menor idea de lo que pasa. He bañado mi película en Clorox y sale de manera diferente, pero depende del tiempo en que lo hagas. Una vez no pasó absolutamente nada. Lo que implicaba la sugerencia del Clorox era algo completamente diferente; y aquí es donde se perdió la cosa, y es que nada era sagrado. Es decir, que la gente tenía que ser libre para probar cualquier cosa. Que si eres lo bastante afortunado como para haberla bañado en sal marina y consigues grandes resultados, probablemente estás listo para matarte cuando ocurra. Recuerdo una película a la que me olvidé de ponerle un filtro cuando estaba rodando, me pasé una semana llorando: pero al final el material resultó ser maravilloso. Se veía mucho mejor sin el filtro. Pero podría asegurarte que lo hice a propósito, y habría sido otra cosa.

STORM: Me vino un pensamiento cuando estábamos hablando de las mujeres y la feminidad: me preguntaba qué ventajas había en el hecho de ser femenina a nivel de producción, de conseguir dinero para una película: crees que se utiliza...

SHIRLEY: Bueno, tengo que ser honesta: nunca me ha ido bien por ese lado. Siempre me ha molestado. Siempre he pensado que hay que usar las artimañas femeninas para sacarle a la gente el dinero. Francamente, nunca he conseguido mucho con ello. Normalmente, la gente se confía más comportándome de manera más abstracta que si intento ponerme guapa, etc. Por otro lado, hay ciertas cosas que he conseguido por el hecho de ser mujer y utilizar las artimañas femeninas: cosas físicas, gente que me ha ayudado: por ejemplo, no puedo mover algo pesado y hay un hombre por ahí, me ayudará y, obviamente, no hará ese tipo de cosas por un hombre. La gente también es más generosa a la hora de prestarme cosas, o a la hora de hacer algún tipo de trabajo o de manera extraña, en parte, porque no me toman demasiado en serio. Es bastante extraño, no soy competitiva con ellos. Es decir, no me ven como una competencia, lo cual puede ser muy útil.



STORM: Quieres decir que por el momento eso no te preocupa; en otras circunstancias, tal vez.

SHIRLEY: Si alguien me ayuda porque no me toma muy en serio, le dejo revolcarse por ahí si consigo algo que necesito y que quiero. Por ejemplo, actualmente, y con esta edad, no se espera que las mujeres tengan que ganar dinero para vivir, para mantener una familia, y piensan algo tan simple como que pueden ser muy útiles como cineastas, porque no tienes que salir a realizar un trabajo monótono para mantener a una familia. Te da libertad y un ocio que muchos hombres no tienen, simplemente, y no creo que debamos ignorar esto. Creo que realmente tenemos que hacer frente a esta ventaja que todavía tenemos: que supuestamente tenemos más tiempo de ocio del que se nos permitiría. Ahora el mundo está cambiando, así que cada vez más gente tiene este tipo de tiempo; pero como punto, nadie pensaría que es un poco raro si no es rentable financieramente. No pretendo que lo sea; y además, no tiene que serlo. Y esto es una gran ventaja, lo cual implica que puedo hacer lo que quiera hacer y no lo que debo hacer; déjame pensar en otras ventajas... ¿Qué ventajas has encontrado tú? ¿Por ser una mujer? ¿Has conseguido cosas que pensabas que no conseguirías?

STORM: Sí, a veces he conseguido cosas al decir que las necesitaba. Pero me cuesta pedir ayuda.

SHIRLEY: ¿Has conseguido dinero por el hecho de ser mujer?

STORM: Es difícil saberlo. Creo que en algunos casos sí. Me gusta pensar que sí. Pero no lo sé, porque no sucede todo el tiempo. Si sucediera todo el tiempo, tendría la garantía estadística de que hay ventajas. Pero estaba pensando también en el papel del director que se convierte en una figura heroica, y en lo que has dicho sobre las mujeres cineastas a las que no se las toma en serio. Quiero decir, ser un director hombre –incluso a pequeña escala- se convierte en es una ocupación muy glamurosa; pero con la mujer es bastante extraño; ser actriz reporta mucho más glamour, aunque tenga un papel muy pequeño, que ser cineasta. Por otro lado, hay una indulgencia hacia las mujeres que a veces funciona como una gran ventaja a la hora de conseguir cosas. 

SHIRLEY: ¿Crees que es una pequeña desgracia ser una mujer cineasta?

STORM: Depende de la mirada de la otra persona.
 
SHIRLEY: ¿No has notado que los laboratorios, por ejemplo, son muy simpáticos contigo? Te llaman inmediatamente por tu nombre. Yo siempre soy «Shirley» para todo el mundo.

STORM: Nunca me ha pasado eso, pero puede ser por mi propia actitud.



SHIRLEY: Yo cojo el teléfono y digo: «Soy Shirley Clarke y me gustaría saber cuánto cuesta esto y aquello». «Bueno, Shirley, es...». Inmediatamente. Estoy casi segura de que no lo hacen con cualquier hombre. Puesto que parece ser una actitud, las mujeres debemos hacer uso de ello, porque en realidad es mejor si la gente no te toma completamente en serio. Aunque suena extraño, son más agradables y más serviciales a la hora de hacer cosas que si te tuvieran miedo. Y si no te tienen miedo porque no te toman en serio y tú sabes qué estás haciendo, es cosa tuya. Si tienes un cierto objetivo, sigues adelante y les dejas pensar lo que quieran.

Nos queda un poco de cinta, hay algo concreto que... No hablemos en términos de trabajo con actores, sino de hombres y mujeres. Es decir, nunca he trabajado con una mujer cámara y nunca he tenido a una productora mujer. Pero me gustaría mucho trabajar con una mujer cámara o con una productora mujer, porque en el caso de la productora mujer creo que tienen talento, un talento casi intuitivo que los hombres no tienen, que tiene que ver con esta gran capacidad organizativa que tienen las mujeres. En parte tiene que ver con su experiencia y con su formación, en parte con la forma en que se ha forzado a sus mentes a trabajar y el hecho de que hayan aprendido a hacer muchas cosas al mismo tiempo.

STORM: Estoy de acuerdo contigo. Estoy casi segura de que la mayoría de las mujeres productoras que he conocido tenían un gran sentido de la intuición y cualidades muy perceptivas, pero en mi caso, lo sentí por sus cualidades intuitivas, tenían algo que querían aportar a la película que pensé que era una interferencia, porque no estaba trabajando...

SHIRLEY: Estoy convencida de que tienes razón. Es incluso peor que eso. Si como mujer tenemos una mujer productora, nos involucraríamos realmente en el problema de quien hace la película, mientras que en el caso de un hombre productor esto nunca sucedería.

STORM: No, creo que todo estaría más claro ahí, porque las tres cuartas partes del tiempo una de las pesadillas, en general, del cine independiente, sea a gran o pequeña escala, es tener a productores que de repente decidan que se van a dedicar a su película y que quieran colaborar en ella, o que no les guste lo que se está haciendo. Que vean los rushes y que no les guste y que empiecen a hacer comentarios.

SHIRLEY: Bueno, ahora, estoy segura de que tú nunca...

STORM: Tienes a esa gente comentando, a esa gente a tu espalda, y éste es el punto crucial del cineasta independiente cuando se trata de un hombre que lo hace todo solo sin que nadie interfiera. Felizmente bien conoce lo ideal que es la situación, aquí está el dinero y no me molestes y yo no te molestaré.

SHIRLEY: Verdaderamente sabes, Storm, que con los productores hombres que he tenido, nunca me he encontrado con ninguna clase de interferencia artística, y estoy absolutamente convencida de que con una mujer productora la tendría.

STORM: Bueno, era mi propia sensación personal.

SHIRLEY: Incluso creo que si aceptas producirme y si entiendes y sabes lo que quiero, en cierto modo es complicado no involucrarte.

STORM: Bueno, eso es porque nuestras mentes son creativas.



SHIRLEY: Claro. Y creo que esto sería la tendencia en el caso de casi cualquier mujer productora porque su percepción, debido a su capacidad... Me daría miedo una mujer productora.

STORM: Los productores que he tenido hasta ahora han sido encantadores respecto al mundo de los negocios; estoy agradecida por haber podido dormir por las noches gracias a esto. Pero tuve a dos mujeres productoras y, incluso antes de escuchar sobre qué iba mi guión, ya tenían sugerencias sobre el lugar, la localización, o sobre lo que debería hacer. También conocí a una mujer distribuidora que se enfureció después de ver la película, porque tenía a una actriz con los pies sucios. También me pasó esto con una periodista. Pero esa mujer estaba mucho más resentida, porque no me preguntó si quería que distribuyera mi película, asumió que quería; y estaba muy, muy amargada; ¿por qué iba a querer? Había estropeado una película perfectamente buena para ella, así que ahora no la distribuiría. Así que soy muy precavida con las mujeres de los negocios.

SHIRLEY: Bueno, ya sabes, honestamente –a ese nivel- las mujeres son otro enemigo. Lo son realmente. Es decir, no te pasaría este tipo de cosas con un hombre.

STORM: En general, no creo que un hombre sea tan mezquino en los negocios.

 

(La cinta se acaba)

 

Conversación publicada originalmente en Film Culture, nº 46, octubre de 1968.

Traducción del inglés de Francisco Algarín Navarro.